La plaza Catalunya ya acoge a las floristas de la Rambla: "El cambio es un poco raro, pero gusta"
El cambio de ubicación se alargará cerca de un año a raíz de las obras del paseo
BarcelonaSon las diez y media de la mañana y la acera lateral de la plaza Catalunya, entre la calle de Pelai y la ronda de la Universidad, se empieza a llenar de color. Amarillo, rojo, lila, verde, naranja... Las gamas cromáticas se agrupan y se mezclan dentro de jarrones de tamaños y formas diferentes colocados sobre estantes. Es el primer día que las tradicionales floristas de la Rambla levantan persiana unos metros más arriba de su emplazamiento original. La vía se carga con el ruido de carretillas que van arriba y abajo para descargar flores y sacos de semillas, y el olor que desprenden los conjuntos florales impregnan el aire. Detrás de los mostradores, saliendo y entrando, se van moviendo ajetreados los paradistas. Es día de mudanza y eso es sinónimo de "locura", dice José González, florista en la Rambla desde hace 30 años: "Es todo nuevo y tengo que adaptarme, yendo al día a día y sin dejar de trabajar".
González, de La Flor de la Rambla, es uno de los floristas de las ocho paradas de venta de flores de la Rambla que se han trasladado provisionalmente a la plaza Catalunya –frente al centro comercial El Triangle y del Zara más grande de Barcelona– a raíz de las obras que se están realizando en el tramo central del paseo. Sin embargo, el cambio no sólo ha sido de ubicación, sino también de modelo del quiosco. Las flores ahora lucen desde un cubículo fabricado en una estructura metálica vista, con elementos de vidrio en la cara frontal.
Los paradistas aún necesitan unos días para acostumbrarse y hacerse suyo el espacio en la plaza, donde estarán aproximadamente durante un año. "Anoche, a las nueve de la noche, acabé de llevarlo todo aquí, y ahora abajo ya no hay nada, pero falta acabarlo de colocar todo y es algo estresante", admite González, quien reconoce que eso "es lo que tienen los traslados". Con todo, asegura que el sitio "agrada mucho".
Desde la parada de al lado, Carolina Pallés coincide. Junto a su hermana Mercè, es la cuarta generación de Flors Carolina, un quiosco centenario que la bisabuela de la familia abrió en la Rambla ya para la primera Exposición Universal en Barcelona, en 1888. "El cambio es un poco extraño, pero ahora lo que hacemos es ir colocando las cosas y también alguna fotografía para ir relatando nuestras cosas y también alguna fotografía para sobre el mostrador. La suya es la única que volverá a su emplazamiento original y con el mismo formato, en el número 93 de la Rambla. De hecho, fue premiada por su diseño y su valor patrimonial. "Flors Carolina es una parada por la que mi padre luchó mucho y por suerte nos han dicho que podrá continuar", explica la paradista.
Éxito de rosas, tulipanes y girasoles
Poco a poco, Pallés va añadiendo flores hasta que el estando queda lleno. "Ahora sobre todo es época de vender tulipanes, y en breve vendrán los girasoles, encarados más en la temporada de verano", explica. Aun así, apunta González, la estrella es la rosa roja, un clásico que siempre se vende. "El enamorado que viene siempre pide una rosa", señala el florista, riendo. Teniendo parada en un punto tan turístico como la Rambla, y ahora excepcionalmente la plaza Catalunya –igualmente concurrida–, dice que el turista es también un cliente importante. "Me encuentro a menudo con gente que viene con toda la familia y compra una rosa para los hijos o para la pareja".
Los primeros días en el nuevo emplazamiento no son una excepción y varios grupos turísticos que realizan rutas guiadas por el centro de la ciudad se detienen curiosos. La particularidad del cambio es que, pese a que los paradistas regresarán a la Rambla, ya lo harán con los nuevos cubículos. "La idea es irnos adaptando y, aunque puedan salir cosas, se vayan arreglando", dice Laura, de Flors Maria Laura, una parada que ya era de su abuela.