Un seminarista denuncia a un mosén de la Seo de Urgel por violación
El obispado de la Seu mantiene al sacerdote como rector, a pesar del compromiso de la Iglesia de actuar con inmediatez ante los casos de abusos sexuales
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BarcelonaEl sacerdote lo inmovilizó contra el colchón y lo violó. La declaración de un joven seminarista ante los Mossos d'Esquadra es, sin embargo, mucho más cruda, con más detalles. El chico, de 26 años, presentó una denuncia, a la que ha tenido acceso el ARA, por agresión sexual el 26 de octubre contra un rector de la diócesis de Urgell. Escuchar su relato en persona es todavía más duro. El joven no puede evitar echarse a llorar varias veces. “Perdón”, se disculpa por no poder mantener las formas, mientras se tapa la cara con las manos para intentar ocultar las lágrimas.
El joven, de una familia campesina y humilde, emigró a España movido por la fe y por las ganas de ser cura. Pero lo que nunca imaginó es que el rector que le ayudó a entrar en el seminario diocesano de Urgell le agrediría sexualmente, y después le controlaría y le amenazaría. El papa Francisco aprobó un motu proprio (decreto) en 2019, según el cual la Iglesia debe actuar “sin demora” ante los casos de abusos sexuales, el obispo tiene especial responsabilidad de hacerse cargo de estos casos y el encubrimiento se considera un delito comparable al de los abusos. A pesar de ello y de que el joven seminarista solicitase ayuda reiteradamente al obispado de Urgell, ni el rector del seminario, ni el obispo, ni siquiera la misma oficina para la recepción de denuncias de abusos sexuales de este obispado hicieron nada por él hasta que presentó la denuncia a los Mossos y dejó el seminario posteriormente. El chico, desolado, abandonó el centro a finales de octubre.
Actualmente, el joven vive escondido por miedo a represalias. Mientras tanto, su presunto agresor continúa siendo rector en una iglesia de la Seu d'Urgell y participa en la organización de un encuentro de jóvenes que se hará en diciembre, según publicita el mismo obispado en su Instagram. Asimismo, el martes pasado, concelebró la misa solemne de San Ermengol que ofició en la catedral de la Seu el mismo obispo de Urgell y copríncipe de Andorra, monseñor Josep-Lluís Serrano Pentinat, a pesar de que el prelado tenga conocimiento oficial desde hace semanas de las graves acusaciones contra el sacerdote, e incluso haya nombrado a un cura "juez instructor" para que investigue los hechos. "No sé de qué habla. Hable con mi abogado si hay alguna cosa", han sido las breves palabras del sacerdote denunciado cuando este diario contactó con él el viernes por teléfono. Después colgó bruscamente.
La llegada a Cataluña
El joven seminarista llegó a España a finales del verano de 2024, cuando aún tenía 23 años y en contra de la voluntad de buena parte de su familia, con la que prácticamente no mantiene relación desde entonces. Fue a parar al seminario mayor Sagrado Corazón y Nuestra Señora del Rosario, que se encuentra en Olías del Rey, en Toledo. Allí estudió durante un curso académico, pero, según relata, era imposible vivir allí porque una persona del seminario le hacía insinuaciones de carácter sexual reiteradamente. Por eso, cuando conoció a un sacerdote que no era del seminario, le pidió ayuda. El cura, de 54 años y párroco de una parroquia de la comarca de la Noguera, le ofreció acogerlo en su rectoría e intentar encontrar otro seminario para que pudiera continuar los estudios. "Conmigo tendrás un plato de comida siempre que necesites", le aseguró, según el relato del joven seminarista, que es así como llegó a Cataluña el 15 de julio del año pasado.
Al día siguiente, según explica el chico, el sacerdote tenía que ir a Barcelona para realizar unas gestiones, y él decidió acompañarlo. Se quedaron a dormir en la capital, en un piso particular que el joven no sabe precisar a quién pertenecía. Por la noche, antes de ir a dormir, fueron a tomar unas copas y el cura lo llevó a un bar de ambiente gay, The Moon, ubicado en la calle Villarroel, según consta en la denuncia presentada ante los Mossos. Cuando volvieron al piso, continuaron bebiendo cervezas y, una vez se fueron a dormir, ocurrió la presunta agresión sexual durante la madrugada del 17 de julio. Compartían cama, porque no había ninguna otra en el piso, detalla también la denuncia.
“No estoy acostumbrado a beber alcohol en estas cantidades, estaba en un estado de total vulnerabilidad física”, dice el joven seminarista, que se quedó completamente paralizado cuando, según su relato, el sacerdote lo sujetó con fuerza y lo penetró. “Sentí terror e indefensión”, añade. Y continúa explicando que acababa de abandonar la comunidad religiosa en Toledo, casi no tenía dinero, apenas conocía a nadie en España, y su permiso de residencia estaba a punto de caducar. Así que en buena parte dependía de aquel sacerdote para tener un lugar donde vivir y encontrar otro seminario para continuar los estudios y poder renovar los papeles.
Después de la agresión, el sacerdote le advirtió que "tenía amigos muy poderosos que en cinco minutos podían destruirle la vida”, según consta en la denuncia. En otras palabras, que, por su propio bien, debía mantener la ley del silencio.
Las semanas posteriores el joven intentó evitar al capellán. "Si él estaba en casa, yo salía a la calle. Y por la noche me encerraba en mi dormitorio con pestillo”. Hasta que el 3 de noviembre ingresó en el seminario diocesano de la Inmaculada Concepción, en la Seu d'Urgell, gracias a la intercesión del sacerdote. Y también gracias a él, inició los trámites para renovar el permiso de residencia. Por ello, firmó una autorización a favor de un abogado amigo del capellán. “Recuerda una cosa: haz las cosas bien, porque de la misma manera que te he metido [en el seminario], te saco”, asegura el chico, que dice que el sacerdote le repetía esto una vez y otra. También afirma que le controlaba constantemente con llamadas y mensajes de WhatsApp: quería saber en todo momento con quién estaba y qué hacía.
Una vez retomó los estudios, el joven pasaba buena parte de la semana, de lunes a viernes, en el seminario interdiocesano de Cataluña, en Barcelona, porque actualmente es allí donde la mayoría de los seminaristas del Principado reciben clase. En cambio, los fines de semana debía volver a la rectoría de la comarca de la Noguera, porque el obispo de Urgell había establecido que en aquel municipio debía ofrecer su ayuda pastoral, según explica el chico.
El pasado enero, sin embargo, el joven seminarista explotó, admite él mismo: solicitó un cambio de parroquia al entonces rector del seminario de Urgell, el sacerdote Gabriel Casanovas. Las razones que arguyó es que el sacerdote que le había buscado seminario le amenazaba, recibía la visita de hombres en la rectoría y dormía con ellos en el dormitorio, y se marchaba fuera del país a cada paso, cosa que le obligaba a hacerse cargo en solitario de la parroquia. Entonces no mencionó la agresión sexual, pero su queja tuvo un efecto inmediato: el sacerdote Casanovas le trasladó a la parroquia de Bellver de Cerdanya, de la cual él mismo era el rector.
Amenazas y coacciones
"Yo te aseguro que no serás sacerdote. Quien la hace, la paga. ¡Desagradecido!", le gritó su presunto agresor por teléfono, enfurecido, cuando se enteró de que había solicitado el cambio de parroquia, según relata el seminarista. Y por si no fuera poco, pocas semanas después recibió una resolución de la Subdelegación del Gobierno en Toledo que decía literalmente que la renovación de su permiso de residencia había quedado interrumpida porque él mismo había solicitado el “desistimiento” del trámite. Una petición que, asegura, lógicamente no había hecho, porque eso suponía quedarse sin papeles.
El chico cayó entonces en una depresión y en un estado constante de ansiedad, según explica. Además de tener que lidiar con todas las gestiones de volver a conseguir un permiso de residencia, que obtuvo gracias a la regularización extraordinaria de extranjeros que el gobierno español llevó a cabo este año. También pidió insistentemente ayuda psicológica en el seminario, pero lo único que le ofrecieron es hablar con una monja o con otro sacerdote, lamenta.
Una vez consiguió regularizar su situación, el joven seminarista se reunió el 31 de agosto con el obispo de Urgel en su despacho episcopal y le explicó todo: las amenazas, las coacciones y también la agresión sexual del clérigo. Pero para su sorpresa, declara, el obispo no le aclaró qué haría con todo eso. Y lo peor de todo es que durante las semanas siguientes tampoco tuvo constancia de que hubiera hecho nada. Y eso, la inacción y el silencio aún le hundieron más.
El 5 de octubre, el chico envió un burofax a la oficina para la recepción de informes y denuncias de abusos sexuales de la diócesis de Urgel, relatando la agresión y solicitando que el obispado activara el protocolo de protección y de investigación previa previsto por la Iglesia, y adoptara medidas de protección para evitar represalias contra él. El diario ARA ha tenido acceso al escrito, que se recibió al día siguiente en el obispado de Urgel, según el comprobante de entrega emitido por Correos. Con todo, el director de esta oficina, el reverendo David Codina Pérez, tardó once días en contestarle por correo. En su correo electrónico del 17 de octubre, que el ARA también ha podido leer, el reverendo afirma textualmente: “Es la primera vez que este director de oficina tiene conocimiento de los hechos descritos y le transmito que informaré personalmente y lo antes posible al ordinario de la diócesis de Urgel, excelentísimo y reverendísimo monseñor Josep-Lluís Serrano Pentinat, sobre el contenido de su comunicación, para que él tome las medidas que crea oportunas, siempre según la legislación civil y canónica aplicable”. También le informaba de que podía "ejercer sus derechos civiles ante las autoridades estatales".
A pesar de esto, el seminarista no recibió ninguna noticia de que el obispado tomara ninguna medida. Así que también envió una carta certificada al nuncio apostólico en España, monseñor Piero Pioppo, y otra al dicasterio para la Doctrina de la Fe en Roma, que han sido entregadas, sin ningún resultado de momento. Y recientemente ha remitido otra al dicasterio para los obispos. Fuentes de la nunciatura declararon el viernes a este diario: "No daremos ninguna información sobre esto".
La respuesta del obispado
Desolado ante la falta de respuesta, el 29 de octubre, el joven decidió dejar el seminario y así lo comunicó por escrito a su rector actual, mosén Antoni Elvira, y al obispo de Urgell. Las razones que expuso en el texto son “el abuso y las amenazas” del mosén y “la falta de acompañamiento por parte de la Iglesia”. Al día siguiente, hacia las cuatro de la tarde, se marchó efectivamente del centro. Una hora más tarde, cuando oficialmente ya no era seminarista, recibió un correo de mosén Codina, que decía: “El señor obispo me ha nombrado juez instructor delegado para la investigación previa de los hechos que usted describe en su comunicación del 5 de octubre de 2026 sobre el sacerdote incardinado en esta diócesis de Urgell que usted identificó plenamente en fecha 17 de octubre mediante comunicación al señor obispo de Urgell". Asimismo, le proponía hacer una reunión para "tomarle declaración". El encuentro entre el sacerdote y el joven está previsto para este lunes.
"Al recibir la denuncia, se abrió inmediatamente la preceptiva investigación canónica sobre los hechos denunciados. Simultáneamente, se alentó a la persona denunciante a ejercer sus derechos y a acudir ante las autoridades públicas del Estado, ofreciéndole un acompañamiento integral durante todo el proceso", han declarado fuentes del obispado cuando este diario contactó con la autoridad eclesiástica el viernes. No detallan, sin embargo, qué acompañamiento han ofrecido al chico, ni tampoco que le comunicaron el nombramiento de un juez instructor cuando el joven ya había renunciado a continuar en el seminario por la falta de ayuda. Además, pese a la apertura de la investigación canónica, el obispo de Urgell apareció en público con el sacerdote acusado el 3 de noviembre durante la misa solemne de San Ermengol, que ofició en la catedral de Santa Maria de Urgell y que el presunto agresor también concelebró.
En su respuesta al ARA, el obispado también añade: "La diócesis de Urgell reafirma su compromiso firme e inviolable de continuar trabajando para garantizar que todos sus espacios sean entornos seguros". Con todo, el mosén denunciado continúa siendo rector de una iglesia de la Seu d'Urgell, y durante estas semanas participa en la organización de un encuentro de jóvenes que se celebrará en diciembre, según publicita el mismo obispado en sus redes sociales.
En cambio, el joven que rompió con la familia para ser sacerdote vive ahora con miedo y escondido. "Después del silencio del obispo, vi claro que no quería ser sacerdote en Urgell, ni continuar en el seminario. De hecho, ahora me siento incómodo e inseguro con los sacerdotes", afirma. ¿Quizás ha perdido la fe? "Siempre seré cristiano y continuaré creyendo en Dios, porque el mal del mundo no es obra de Dios, sino de los hombres a los que dio libertad", contesta.