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El hospital de Lleida abre una sala pionera para llorar la muerte de un bebé

La iniciativa en Arnau de Vilanova nace por la demanda de una madre de una criatura que nació muerta

LleidaTodo empezó con Oriol. Nació muerto. Ocurrió en 2019, cuando el Hospital Arnau de Vilanova de Lleida solo disponía de un protocolo básico en casos de muerte neonatal. La madre de aquel niño, Ester Mora, intentó seguir todos los pasos que le aconsejaron para asumir la pérdida. Ella y su pareja abrazaron a su hijo durante un buen rato para despedirse debidamente, para tener una imagen real de aquello que tanto querían y que no habían podido tener. “Pedid el tiempo, la intimidad y el silencio que necesitéis”, indica este primer protocolo, redactado en 2016. Aquellos padres de Lleida dedicaron media hora dentro de la misma habitación del hospital y, cuando el personal hospitalario se llevó a Oriol para gestionar su cuerpo, continuaron el duelo tan bien como pudieron.

La primera gran pregunta vino de una niña de solo cuatro años que poco después entró en la habitación del hospital con un pañal en las manos para ponérselo a su hermanito. “¿Dónde está Oriol, mamá?”, preguntaba. “Se ha muerto, hija mía”, le respondió. “Caramba, ¿por qué no le ponemos tiritas o le damos una medicina muy grande?”, propuso, sin obtener respuesta. “¿Dónde está? Quiero verlo”, pedía. “No puede ser, se lo han llevado”.

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Una vez en casa, la niña continuaba con la misma inquietud. “Pero, ¿por qué no he podido verlo?”, preguntaba una y otra vez. Incluso, algunos años después, la niña hizo un escrito espontáneo con el dibujo de aquellas medicinas que no pudieron salvar a su hermanito.

Ester no sabía nunca cómo responderle. “No lo sé, hija, no sé por qué no pudiste verlo, solo sé que esto no está bien”. Y, desde entonces, Ester prometió hacer algo para que aquello no volviera a pasarle a nadie más.

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A través de amistades (sobre todo de Carme Santamaria y Beatriz Martínez, madres de Pablo y Marco, respectivamente) y de una conversación oportuna con la amiga y psicóloga infantil Marta Argilés, representante de la Obra Social Nufri de Mollerussa, se pudo financiar y ejecutar un proyecto pionero que vio la luz hace tan solo unas semanas. Se llama Espai Niu y se trata de la primera sala destinada exclusivamente al duelo perinatal en un hospital público del estado español.

Adjunta a una de las habitaciones del área de Maternidad del Arnau de Vilanova, este espacio está equipado con todo aquello que se considera esencial para atender el dolor por la muerte de un bebé (y recogido ahora en una guía actualizada del 2024): iluminación natural, colores neutros y claros, asientos cómodos y, al lado, una cuna fría para velar el cuerpo del infante el tiempo que sea necesario. Incluso, dispone de un rincón infantil para que los hermanos del difunto puedan dibujar o leer algún cuento durante el rato de velatorio. Se busca la comodidad para que tanto padres como familiares e íntimos puedan rendir una despedida cálida con la máxima intimidad posible.

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“La sala está pensada para acompañar el duelo desde la sensorialidad”, explica la psicóloga Itziar Fernández, coordinadora y diseñadora del Espacio Nido, autora de la mayoría de los dibujos y mensajes que hay visibles en sus paredes. Y es que todos los recuerdos serán importantes para el duelo. No solo los recuerdos visuales del bebé y de sus objetos personales, sino de todo aquello que le acompañe. Un difusor con una amplia carta de esencias, utensilios para preparar infusiones al gusto, una sutil bolita de vidrio colgando con la forma de una lágrima y el mural de un árbol donde las familias pueden colgar frutas recortadas con el nombre escrito de su hijo perdido. “No estamos solas. No estáis solos”, predica uno de los lemas escritos en la pared.

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“No es lo mismo marcharse desesperado del hospital, con la sensación de que la humanidad es un desastre, que hacerlo reconfortado y con la idea de esperanza”, argumenta Itziar Fernández para defender el proyecto del Espacio Nido.

La sala se ha utilizado menos de una decena de veces desde que se inauguró el pasado mes de abril. Está pensada especialmente para casos de muerte prenatal (durante las últimas semanas de gestación) y de muerte neonatal precoz (poco después de nacer). Pero la sala está incluso abierta a cualquier otra pérdida gestacional. No suelen ser más de setenta al año, en total. En el Arnau, el número de partos supera, con creces, los 2.000 anuales.

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“Romper el silencio que a menudo rodea el duelo perinatal es fundamental para dar visibilidad a estas pérdidas y mejorar el acompañamiento que ofrecemos tanto desde el sistema sanitario como desde la sociedad”, defiende el doctor Emilio Maestre, facultativo especialista del Servicio de Obstetricia y Ginecología del hospital y coordinador de la atención al duelo perinatal.

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“La pérdida de un bebé durante la gestación o los primeros días de vida tiene un impacto emocional muy profundo y poder ofrecer un entorno íntimo y respetuoso ayuda a las familias a vivir el proceso con más apoyo y humanidad”, argumentan en el hospital. “Tanto de bueno yo hubiera podido tener una sala así para despedirme de Oriol”, confiesa Ester. A pesar de todo, ella cree que gracias a aquel hijo que nunca tuvo “ahora somos personas más fuertes y más sensibles, unas personas mejores”.