Salud

Los inmigrantes van menos al médico, pero se visitan más en urgencias

Un informe del ministerio de Sanidad dice que los extranjeros tienen menos enfermedades crónicas y toman menos medicamentos

BarcelonaLos migrantes que viven en el Estado van menos a menudo al médico, tienen menos enfermedades crónicas y hacen un consumo más bajo de medicamentos que los nacidos en el país. Con todo, la falta de un acceso temprano al sistema sanitario los aboca a ir más a menudo a los servicios de urgencias y a necesitar más hospitalizaciones. Esta es la radiografía que ofrece el informe Estado de salud y uso del sistema sanitario por la población migrante en España del ministerio de Sanidad, que concluye que las personas de origen extranjero tienen, de media, un mejor estado de salud, utilizan menos recursos sanitarios que los autóctonos, si bien contribuyen de forma prácticamente equiparable al sostenimiento económico del sistema.

El estudio, elaborado con datos de 2024, compara el estado de salud de las personas nacidas en España con el de residentes procedentes de cinco grandes áreas geográficas: el resto de la Unión Europea, África, América Latina, el Mediterráneo Oriental y otras regiones. La ministra Mónica García ha presentado este lunes el informe, que llega en un momento de creciente polarización política sobre cuál debe ser el acceso de los extranjeros al sistema sanitario y, según el gobierno español, lejos de saturarlo, la población migrante contribuye más de lo que se gasta en ellos.

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Según el análisis, los migrantes registran una menor prevalencia de la mayoría de las enfermedades más frecuentes, sufren menos problemas crónicos simultáneos y hacen un consumo inferior de medicamentos. También se visitan menos en atención primaria y en las consultas hospitalarias, y requieren menos procedimientos médicos que la población autóctona. La conclusión principal del estudio es clara: los inmigrantes no hacen un uso superior del sistema sanitario que los autóctonos; sino que, en general, "incluso cuando tienen acceso", utilizan menos recursos sanitarios que la población nacida en España.

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Aunque el informe no los detalla, uno de los factores que influyen en este comportamiento es la edad de la población: los inmigrantes acostumbran a ser más jóvenes –el grueso se concentra en las franjas de edad que van de los 20 a los 49 años–, por lo que tienen menos enfermedades crónicas y menos necesidad de seguimiento médico continuado. "El gran reto de la sanidad española no tiene nada que ver con el origen de las personas, sino con una realidad demográfica y epidemiológica: el envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida, el incremento de las enfermedades crónicas y la necesidad creciente de cuidados y de seguimiento continuado", ha resumido García.

La única excepción aparece en los servicios de urgencias y en los ingresos hospitalarios. Según el Barómetro Sanitario, los migrantes declaran acudir con más frecuencia a estos dispositivos que las personas nacidas en España: los residentes procedentes de fuera de España hacen un uso de estos servicios del 56,5% en comparación con las personas nacidas en España (51,2%). El ministerio de Sanidad interpreta este fenómeno como una posible consecuencia de las dificultades de acceso a los servicios de seguimiento y prevención, especialmente a la atención primaria. Además, esta falta de continuidad asistencial podría favorecer que algunos problemas de salud acaben requiriendo atención urgente u hospitalización.

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Diferencias según la enfermedad

Los datos que nutren este informe indican que los ciudadanos nacidos en España se visitan entre un 18% y un 51% más en los centros de atención primaria (CAP), consumen entre un 32% y un 69% más de fármacos y padecen entre un 24% y un 38% más de enfermedades crónicas que la población nacida fuera de España. Para llegar a esta conclusión, el estudio analiza los 21 problemas de salud que concentran más gasto y presión asistencial, y el resultado es que los nacidos en España presentan una prevalencia superior en 16 de estos problemas.

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Según la base de datos clínica de atención primaria (BDCAP), los nacidos en España presentan tasas más elevadas de ansiedad, trastornos metabólicos, infecciones respiratorias, asma, depresión, obesidad y diversas enfermedades cardiovasculares. En cuanto a la carga de enfermedad crónica, registran la tasa más alta de multimorbilidad –presencia de al menos un problema de salud crónico–, con 472,3 casos por cada 1.000 personas. Esto es una cifra entre un 24% y un 38% superior a la de gente procedente de América Latina o del resto de países de la UE. En el caso de las personas con tres o más problemas de salud crónicos, la tasa es hasta un 65% más elevada.

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Hay cinco ámbitos en los que la situación entre los diversos grupos es muy similar. Es el caso del infarto agudo de miocardio, con una tasa de 8,8 entre la población autóctona y de 8,7 entre las personas procedentes de la UE. También ocurre con la hipertensión no complicada (172,2 entre los españoles y 174,4 entre los africanos) o con la salud mental: el 18,2% de los autóctonos han consultado a un profesional de salud mental durante el último año, frente al 18,1% de los extranjeros.

Solo en cinco indicadores los migrantes presentan peores resultados. Es el caso de la diabetes mellitus no insulinodependiente, con una tasa de 103,2 entre las personas procedentes del Mediterráneo Oriental, frente a 69,3 entre los españoles; o de la hipertensión no complicada y la insuficiencia renal crónica, con tasas de 174,4 y 26,2 entre la población africana, frente a 172,2 y 21,2 de la española, respectivamente.

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El efecto "del inmigrante sano"

El informe atribuye esta situación al llamado "efecto del inmigrante sano", según el cual las personas que migran acostumbran a llegar con un estado de salud mejor que el de la población del país receptor. Sin embargo, esta ventaja tiende a reducirse con los años debido a factores como la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, las desigualdades sociales y las barreras administrativas o lingüísticas para acceder a los servicios públicos. Todo ello se intensifica aún más en el caso de las mujeres.

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El informe se enmarca en el debate sobre el acceso de los inmigrantes, especialmente los que se encuentran en situación administrativa irregular, al Sistema Nacional de Salud. En este sentido, el documento defiende que los sistemas sanitarios universales obtienen mejores resultados de salud y son más eficientes económicamente que aquellos que restringen la atención a las urgencias.

El texto también contextualiza la aprobación del nuevo Real decreto 180/2026, que facilita el reconocimiento del derecho a la asistencia sanitaria para las personas extranjeras sin residencia legal en España. Según el ministerio, reducir las barreras administrativas debería permitir un mayor acceso a la atención primaria y evitar complicaciones médicas más costosas. Atender patologías en fases avanzadas o a través de dispositivos hospitalarios de emergencia comporta un mayor impacto sobre la salud de las personas y los costes del sistema, concluye el informe.