El 2026 ya es el año con más víctimas mortales por inundaciones del siglo en Cataluña
Episodios como el de la última semana ponen al límite a servicios de emergencias como los Bomberos
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BarcelonaLa situación era extrema. El martes por la tarde, en Xerta (Bajo Ebro), las nubes descargaron con fuerza más de 100 litros en poco tiempo y empezó a sonar el teléfono de emergencias. Diversas llamadas venían del mismo lugar: a la entrada del municipio, había hasta dieciocho personas afectadas por la corriente de agua, que se había comido la carretera, justo al lado de una gasolinera. La mayoría estaban dentro de los coches.
Los Bomberos de la Generalitat se acercaron tanto como pudieron, pero no lo suficiente: había contacto visual con las personas que debían ser rescatadas, pero una corriente de agua virulenta les impedía acercarse más. Estaban a menos de 200 metros. Les decían que se subieran a los surtidores de la gasolinera, que se pusieran lo más arriba posible. Con los ojos puestos en el radar meteorológico, los Bomberos esperaron hasta que el agua se calmó y, finalmente, pudieron sacar a las víctimas de aquella ratonera.
Oriol Pellisa, subinspector de los Bomberos, describe con precisión esta escena para ejemplificar lo complicada que ha sido esta última semana de aguaceros para la población, pero también para el cuerpo, con situaciones que, admite, les han llevado al "límite". Lo demuestran diversos datos: durante el episodio de inundaciones de los últimos días el cuerpo afrontó más de 6.000 avisos. De estos, hasta 334 fueron rescatados de urgencia con riesgo vital, y se registraron picos elevados de simultaneidad en zonas como las Tierras del Ebro y el área metropolitana de Barcelona, tanto en el área norte como sur.
En algunos momentos, cada dos minutos entraba una demanda de rescate urgente. En el Ebro llegaron a realizar seis servicios en media hora. En el área metropolitana fueron 12. Y asusta la cifra de Granollers el lunes por la mañana: otra vez, solo en media hora, 16 demandas de rescate. "Eran situaciones de vida o muerte. De personas atrapadas dentro de un vehículo, otras con el agua hasta el pecho, de personas arrastradas por el agua", narra Pellisa. Esto se resume en un rescate cada minuto y 53 segundos. En Granollers, fue especialmente complicado porque a esa hora de la mañana mucha gente se estaba desplazando.
El riesgo de moverse
"La gente debe entender que cuando se dice que se debe reducir la movilidad es por las fatalidades", explica Pellisa. Los Bomberos tienen unos datos que demuestran que el 2026 ha sido especialmente fatal en lo que respecta a muertes en episodios de inundaciones y que la movilidad ha tenido un papel muy importante. Entre los años 2000 y 2026, Cataluña ha registrado un total de 43 víctimas mortales por inundaciones y crecidas de ríos o arroyos, y el 2026 ha sido el segundo año con más muertes de este periodo con ocho víctimas, solo por detrás del año 2000, que sumó diez. Es decir, el 2026 ya es el año con más víctimas mortales en inundaciones del siglo XXI, que se empieza a contabilizar a partir de 2001.
De este cómputo global, el 64% (28 personas) murieron mientras circulaban en vehículo, mientras que un 24% perdieron la vida en el interior de inmuebles (principalmente plantas bajas y aparcamientos). El resto correspondieron a peatones o personas atrapadas por el derrumbe de estructuras como muros, como es el caso de tres víctimas de los últimos temporales en Cataluña (dos en Roda de Berà y una en Tordera).
Además, dentro de los accidentes mortales en automóvil, el 78% tuvieron lugar en caminos vecinales y trayectos habituales conocidos a causa de la falsa confianza de creer que se podía atravesar el paso del agua. Un 52% viajaban en vehículos 4x4 o todoterrenos SUV, con los que la sensación de robustez y altura genera una idea errónea de seguridad.
El coche como escudo
De hecho, la consigna general de los Bomberos en estas situaciones es intentar tocar el agua y convertir el coche en tu aliado, aunque para algunos la primera reacción pueda ser intentar salir de él como sea. Si la riada atrapa a un conductor en pleno trayecto, la recomendación es maniobrar suavemente para alejarse de la corriente principal sin golpes bruscos de volante.
El vehículo, sin embargo, no debe abandonarse si no hay una zona seca y elevada a pocos metros, ya que la carrocería actúa como escudo protector ante el impacto de otros coches u objetos arrastrados por el agua. En caso de que el coche quede bloqueado o empiece a flotar, puede ayudar bajar las ventanas antes de que falle el sistema eléctrico para poder subirse al techo a medida que suba el agua. El coche, explica el subinspector, puede actuar como barca de emergencia y como "escudo vital".
Otro elemento que preocupa a los Bomberos, y que se ha visto estos últimos días de temporal, es la necesidad de ciertos ciudadanos de grabar todo lo que pasa e incluso acercarse demasiado a zonas en peligro de inundación. Estas conductas, explica, han provocado rescates de personas.
Pero detrás de cada rescate hay una complejidad técnica y humana enorme. No es una maniobra sencilla: para un solo incidente acuático hay que movilizar, como mínimo, a siete efectivos –cinco bomberos y un mando superior– y tres vehículos especializados. Pellisa recuerda que la seguridad de los mismos rescatadores es siempre la primera premisa para evitar sumar nuevas víctimas al balance.