Catástrofes ferroviarias en tierras gerundenses

El escritor Ferran Agulló describió el accidente que sufrió en Llançà, en el tren donde también viajaba Pau Casals

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Accidente en el paso a nivel de Pedret, en 1963.
05/11/2026 - 07:01 h

GeronaA lo largo del tiempo, el ferrocarril ha protagonizado numerosos accidentes mortales. La realidad es esta: por circunstancias diversas, más allá de las medidas de seguridad establecidas en códigos de señales y controles de circulaciones, los convoyes han chocado con personas, animales, vehículos, material ferroviario y los mismos trenes, y han sido también víctimas de la climatología dominante en días de excepción. A modo de ejemplo, y dejando de lado los accidentes individuales, nos fijamos en episodios de magnitud importante que han tenido lugar en las vías de la línea de Barcelona a Portbou, la más densa en cuanto a las circulaciones de la demarcación de Gerona.

Gaserans, Celrà y Llançà, escenarios desafortunados

Cronológicamente, la primera catástrofe importante se registró en los tiempos iniciales de la historia ferroviaria. La noche del 7 al 8 de octubre de 1863, entre las estaciones de Hostalric y Breda, en Gaserans, se produjo la calamidad. La tragedia la causó un temporal de agua, que socavó el puente del torrente de ca n’Abert y dejó un triste balance de 21 muertos y 11 heridos, la mayoría arrastrados por el agua de la riera. La locomotora y ocho de los diez vagones que componían la expedición cayeron a merced de la corriente impetuosa.

El 13 de octubre de 1918, a las 5.15 de la mañana, dos convoyes chocaron violentamente en la estación de Celrà. Uno de los trenes, que transportaba mercancías y procedía de Gerona, no tuvo en cuenta que por la parte de Bordils se aproximaba otro, de carácter especial; era un convoy que conducía a más de 400 obreros repatriados, procedentes de Francia, originarios de diversas provincias, pero especialmente de la mitad meridional y del levante peninsular. Una fuerte tormenta de agua y granizo coincidió en el tiempo y el espacio, y complicó el escenario del accidente. Las dos locomotoras chocaron una contra la otra. El número de heridos superó la sesentena y se tuvo que lamentar la muerte de ocho pasajeros, entre los cuales un niño de 3 años.

Otro choque mortal de dos trenes tuvo lugar en Llançà el 22 de abril de 1926, un día lluvioso. En el accidente se vieron implicados un tren expreso que había salido de Portbou a las 9.40 y un convoy de mercancías, cargado de patatas destinadas a Francia. Casualmente, en el primero de los trenes viajaban el violonchelista Pau Casals y el escritor Ferran Agulló, el padrino de la Costa Brava, que firmó una crónica detallada del suceso en La Veu de Catalunya. Entre otras cosas, explicó: “De repente, los tres pasajeros del departamento, un francés y una señorita que me ha parecido catalana, nos hemos visto lanzados de los asientos: maletas y bolsas de noche han caído sobre nosotros y yo he sentido un grito de espanto. Me he levantado y he corrido al departamento de al lado. ¡Qué espectáculo más horrible! El pasillo, los dos departamentos, todo era un revuelo de chatarra, maderas, cojines, cristales; todo dislocado, todo hecho pedazos… Y me he abalanzado a unas maderas, pero era en vano; enseguida ha venido gente: por la ventana he visto el tren de carga con sus vagones formando como unas montañas rusas… Los unos troceados, los otros enteros”. Entre las cuatro bajas mortales se contó el maquinista del expreso y el empresario, abogado y político de la Lliga Regionalista Joan Lligé Pagès.

Choques que hieren y matan

En otras ocasiones, durante la segunda mitad del siglo XX, los choques no provocaron muertos, pero sí un buen número de heridos. Así ocurrió el 8 de enero de 1962, hacia las 20.25, cuando en la estación de Flaçà se había estacionado, de manera imperfecta, el expreso que circulaba de Barcelona a Portbou. Era un convoy largo de quince unidades y una parte de la composición –los vagones de la cola– colisionó con el tren del servicio del economato, que pasaba directo por aquel punto. Volcaron el antepenúltimo coche del expreso y la locomotora del tren de mercancías. Catorce fueron los heridos de la jornada infortunada.

El 7 de julio de 1962, a las 17.30, el tren ómnibus procedente de Barcelona, encabezado por una Mikado fuelizada, entró en la estación de Portbou de manera equivocada, por una vía muerta, y chocó contra instalaciones de la estación. El error fue debido al controlador de las maniobras de la misma estación. Nueve heridos fueron el balance del accidente.

El accidente de Camallera de 1964.

Ya en la época del tren eléctrico, el 20 de abril de 1964, el Hispania Exprés que circulaba hacia Barcelona chocó en la estación de Camallera, a las 8.50 de la mañana, con un tren de mercancías de unos cuarenta vagones que se dirigía hacia Alemania cargado de naranjas del País Valenciano. Por un error del guardagujas, que dirigió el exprés a la misma vía donde estaba parado el tren de mercancías, chocaron frontalmente las locomotoras eléctricas Alsthom de ambos convoyes. El maquinista del exprés tuvo tiempo de tirarse al andén. A raíz del choque resultaron heridos 28 pasajeros: uno grave, dos de pronóstico reservado y el resto leves. Quien quedó más grave fue el conductor del tren de mercancías, que se fracturó las piernas. Un periodista que relató el hecho llegó a escribir que aquel era “el accidente ferroviario más aparatoso de la provincia de Gerona desde que proporciona este servicio, y de esto ya hace un siglo”.

Portada del diario "Los Sitios" con el accidente de Camallera.

En los pasos a nivel, los accidentes mortales sufridos por peatones y conductores de vehículos han sido numerosos y frecuentes, sobre todo a escala individual. Se tuvieron que lamentar en toda la línea. Como ejemplo de desgracia colectiva, podemos mencionar la que se registró el 13 de septiembre de 1963, cuando el tren expreso que había salido de Portbou a las 8 de la mañana chocó, en el paso a nivel de Can Punxa, en el barrio gerundense de Pedret, con una camioneta de telégrafos. El paso no tenía guarda. Dos ocupantes del vehículo murieron en el acto, y un tercero perdió la vida, poco después, en la residencia sanitaria donde había sido internado. Otro punto negro en este mismo sentido fue el paso a nivel de Sant Pau de la Calçada, en Figueres. El día 11 de noviembre de 1991 perdió la vida un matrimonio ampurdanés que, conduciendo un Renault 9, chocó con el tren que iba hacia Barcelona. El vehículo fue arrastrado más de cien metros y las víctimas tuvieron que ser rescatadas por los bomberos entre la chatarra.

La desgracia de Sarrià de Ter

Fuera de las vías de ancho ibérico, el accidente más desgraciado del ferrocarril de vía estrecha de Palamós a Gerona y Bañolas (el llamado tranvía del Bajo Ampurdán) tuvo lugar el 7 de septiembre de 1938, en plena Guerra Civil. Este medio de transporte no contaba con una ruta propia, alejada de la carretera, y eso le complicó la circulación muchas veces. El hecho más luctuoso tuvo lugar en Sarriá de Ter, en la curva del puente del Agua, cuando un camión cisterna, cargado de gasolina, chocó con un convoy de pasajeros que se dirigía a Bañolas. Una tremenda explosión en el camión cisterna y, simultáneamente, en el tractor del tren, que era de aceites pesados, hizo aumentar la magnitud de la desgracia. Además, siete casas cercanas al lugar del suceso, rociadas por la gasolina inflamada, también se vieron afectadas por el fuego. En total se contaron diecisiete muertos, entre los cuales el conductor de la locomotora ferroviaria y el del camión cisterna, y una veintena de heridos.

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