"Hay que repensar las carreteras y las vías de tren para adaptarlas a la crisis climática"

Las lluvias caídas en los últimos días han saturado de agua el terreno

22/01/2026

BarcelonaLa principal hipótesis del accidente ferroviario de Gelida es que el muro contra el que chocó el tren cedió por la lluvia, que no ha dado tregua en los últimos cinco días. En este municipio del Alt Penedès se calcula que desde el pasado viernes se han acumulado cerca de 90 l/m²; no es ni mucho menos una cantidad de agua excepcional, aunque sorprende por ser en enero, un mes que suele ser bastante seco en nuestro país.

Pero llueve sobre mojado, y cinco días consecutivos de lluvia han humedecido aún más un terreno que empieza a estar muy saturado de agua. De hecho, desde mediados de diciembre no ha parado de llover, y desde entonces han caído ya más de 200 l/m² en la zona de Gelida, cerca de un tercio de lo que suele llover en un año.

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"Después de tanta lluvia continuada, llega un momento en que la capacidad del terreno se acaba y se satura, lo que altera las propiedades de los materiales y puede haber afectaciones como las que tenemos", ha explicado en declaraciones al ARA Roberto Espínola, vocal del Colegio de Geólogos y Geólogas de Catalunya.

Espínola destaca que los terrenos arcillosos como los que existen en Gelida son especialmente vulnerables a las lluvias abundantes y continuadas. "Tienen la capacidad de absorber agua en su estructura; esto hace que se hinchen y se expandan, pero luego pueden expulsar el agua, lo que produce inestabilidad en el terreno, con posibles grietas, deslizamientos o desprendimientos –asegura Espínola–. En la zona de Gelida hay abundantes materiales de arcillosos".

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Por tanto, este contexto es propicio para los desprendimientos de tierras o deslizamientos, tal y como se cree que puede haber ocurrido en el accidente de tren en Gelida, ocurrido en uno de los días más álgidos del temporal de levante.

Infraestructuras poco preparadas

La crisis climática se ha acelerado en los últimos años y está provocando fenómenos meteorológicos cada vez más extremos. Levantadas más feroces, lluvias torrenciales o caloradas más frecuentes e intensas que también tienen un impacto en el estado de las carreteras o vías de tren, entre otras. "Las infraestructuras fueron pensadas y diseñadas en un momento en que todo esto no ocurría; deben repensarse para adaptarlas al nuevo contexto climático, lo que requiere decisiones de país con la implicación de todos los agentes sociales, políticos y económicos", asegura Espínola.

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El experto pone como ejemplo los problemas cada vez más frecuentes que causan los temporales marítimos en las líneas de tren que circulan a ras de costa, especialmente la R1, con el precedente del temporal Gloria como el más grave. "El riesgo cero no existe, pero eso no quiere decir que no se vayan a realizar los esfuerzos y las inversiones necesarios para minimizar este riesgo", explica. Y concluye: "El mantenimiento y la monitorización de las infraestructuras son básicos para controlar su estado y actuar con cierta agilidad ante los episodios derivados del cambio climático".