La historia del bombero australiano y la abuela de Granollers que intentaron frenar el fuego de Almería
Bédar espera la llegada de los vecinos evacuados, que previsiblemente podrán volver al pueblo esta tarde
Los Gallardos / BédarSolo con el olor a quemado y la intensidad y el calor del viento, Andrew ya supo que tenían un problema mayúsculo. Él ha sido toda la vida bombero en Australia, en Perth, un territorio que sufre unos fuegos similares a los del clima mediterráneo. Ahora disfruta de la jubilación con su mujer, Anna, en una casita blanca con una piscina pequeña y una terraza acogedora en Los Gallardos, en la provincia de Almería. De hecho, Andrew fue una de las primeras personas en percibir el olor a humo. Estaba trabajando en su jardín, a unos 150 metros del punto donde se inició el trágico incendio. "Aquel fuego se debía frenar, o al menos evitar que viniera a nuestras casas", recuerda.
Por eso, antes de que llegaran las llamas a casa, comenzó a remojar el terreno con agua y pidió a sus vecinos que también lo hicieran. Andrew estaba preocupado porque el viento que venía era muy caliente. "Tenía las condiciones perfectas", precisa. Pero se relajó un poco cuando vio que este mismo viento no acababa de soplar en la dirección de su casa. Aun así, lanzaron agua y agua hasta que al cabo de unos 20 minutos vinieron los bomberos y los evacuaron. "Antes de marcharnos, salvamos un gatito pequeño, de pocos meses. Le hemos puesto Sock [calcetín]", explica Anna mientras el gato se estira a sus pies.
Llegaron a este municipio de Almería hace dos años, después de una estancia en Alicante que no les acabó de convencer. Ella siempre había querido una casa en Francia, pero era demasiado cara y se quedaron en Almería porque el paisaje era parecido. Son un ejemplo de las muchas familias extranjeras que hay en la zona: matrimonios de jubilados que querían una casa entre el mar y la montaña.
Dos días antes
En cambio, Pepa nació en este punto de Almería y cuando tenía once años su familia se trasladó a Cataluña. Vive en Granollers y está jubilada. Llegó a Los Gallardos justo dos días antes del incendio. "Iba muy deprisa, fue cuestión de segundos", narra sobre las llamas. Por suerte, los cortafuegos funcionaron y el viento empujó el fuego de tal manera que solo rozó su urbanización. Los bomberos los evacuaron al cabo de pocos minutos y hasta este sábado por la noche (el fuego se inició el jueves) no han podido volver a casa. Han pasado las noches en casa de un familiar, ya que al principio los trasladaron al polideportivo de Garrucha, pero ella es diabética y no se encontraba del todo bien. Lamenta que la casa continúa sin luz.
Ana recorre la urbanización recordando los puntos más críticos del fuego y llega hasta la casa de unos amigos, que quedaron justo al límite del paso del incendio. Tienen unas cuantas gallinas que se llevaron en cajas para salvarlas. Las habían comprado justo dos días antes. Cuando vuelve a llegar a su casa, Ana y Andrew aplauden. Ha vuelto la luz. Llevan días que varios técnicos de compañías eléctricas están por la zona intentando restablecer el servicio, a pesar de que es el punto inicial del incendio, que fue causado precisamente –según apunta la hipótesis principal– por una línea eléctrica.
Este sábado ha sido el día en que algunos evacuados han podido volver a su casa. Es el caso de Pedro, que vive en una casa solitaria en medio de la montaña, también en el término municipal de Los Gallardos. Todo el entorno es negro, calcinado, menos su casa, que continúa blanca. Aun así, ha perdido varias gallinas y el huerto. "Vimos las llamas de fondo y huimos corriendo", recuerda.
La vuelta a Bédar
De hecho, este sábado también es el día que los evacuados de Bédar, el municipio más afectado y donde se han registrado todas las víctimas mortales, podrán regresar. Según han explicado fuentes de la Guardia Civil, desde las 16 horas se ha reabierto la carretera principal para los residentes. Mientras tanto, este sábado a Bédar sí que se podía llegar por alguna carretera secundaria. Ahora mismo es un pueblo solitario, solo frecuentado por algunos vecinos que pasan el tiempo en el bar y que no tienen ganas de hablar. Directamente, el bar está cerrado para los periodistas. La Guardia Civil también reprocha la presencia de todos aquellos que no participen en el dispositivo de extinción, si bien no hay ningún control ni cartel que prohíba el paso en esta ruta alternativa a Bédar. Por suerte, el pueblo ha podido sobrevivir al fuego, con muy pocas afectaciones visibles, pero las casas diseminadas sí que han caído en medio del territorio quemado.