"Somos la única especie que piensa en el futuro y la única que roba a las generaciones futuras"
El biólogo italiano Stefano Mancuso cierra el Enfoquem con un llamamiento a repensar el dogma del crecimiento económico infinito
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BarcelonaLa especie humana ha dejado de tener como objetivo fundamental la supervivencia de la especie. Así de contundente ha sido el biólogo y divulgador científico italiano Stefano Mancuso en su intervención en 'Enfoquem', el foro de debate organizado por el ARA este lunes y martes en el Recinto Modernista de Sant Pau de Barcelona. En conversación con el director adjunto del ARA, Ignasi Aragay, Mancuso ha admitido haber virado desde el optimismo hacia el "pesimismo moderado" ante los avances tecnológicos actuales, pero aun así ha defendido algunas "soluciones" a los retos climáticos y medioambientales actuales, como la renaturalización de las ciudades.
"Somos la única especie que pensamos en el futuro y la única que sustrae recursos a las generaciones futuras", ha remarcado, convencido de que se ha "perdido el motor fundamental de la evolución de las especies", que es el de luchar por la supervivencia de la especie, un objetivo que hemos sustituido por el del bienestar individual. "Cualquier problema, si lo queremos resolver mejorando la calidad de vida del individuo, tiene una solución, pero si lo queremos resolver mejorando la capacidad de supervivencia de la especie, tiene la solución opuesta", ha dicho.
En su último ensayo, El cántico de la Tierra (Galaxia Gutenberg), el botánico italiano precisamente reinterpreta desde una perspectiva filosófico-ecologista el Cántico de las criaturas que escribió san Francisco de Asís, que ya en el siglo XIII propugnaba que "cuando consumes recursos del planeta estás robando a las generaciones futuras".
Mancuso ha hablado de la "crisis de civilización" que se suma a la actual crisis climática y que parte de un "sistema económico que se basa en la presunción de una premisa dogmática que no tiene ninguna validez científica, y es que los recursos naturales son infinitos". "Cualquiera con algún conocimiento de ciencia sabe que en un sistema finito como el nuestro es imposible perseguir un crecimiento infinito y, sin embargo, perseguimos este modelo", ha añadido. Como prueba de este dogmatismo del crecimiento económico, el autor italiano ha recordado que el término que más se utiliza hoy para definir a los ciudadanos es el de "consumidores", cuando consumir algo significa "acabarlo".
Con un mensaje que conjuga datos científicos con discurso filosófico, Mancuso ha puesto el foco en las ciudades, que hoy representan menos del 2% de la superficie habitable del planeta pero consumen el 90% de los recursos y emiten el 85% del CO₂. "Comparada con un ser vivo, la ciudad sería un monstruo que vive encima de una montaña de sus propios excrementos", ha dicho. Y esto es especialmente preocupante cuando el 70% de la población mundial vive en ciudades, un cambio que se ha producido desde 1970 (cuando era solo el 30%) y que para Mancuso es un salto similar al que dio la humanidad cuando pasó de las sociedades cazadoras a las agricultoras. Ahora somos seres urbanos.
Mancuso es autor también de Fitòpolis, donde propugna la renaturalización masiva de las ciudades, y de Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, traducidos también al catalán y castellano por la editorial Galàxia Gutenberg. En el Enfoquem ha defendido también la urgencia de esta renaturalización: "Para evitar las muertes por calor tienes que cubrir las ciudades de plantas". Pero, según Mancuso, hoy en día "ninguna ciudad del mundo tiene el número de árboles que debe tener, ninguna".
El autor italiano ha recordado que en el año 2024, el último del cual se tienen datos, hubo 68.000 muertes por calor en toda Europa. "Cuando tengamos datos del verano que acabamos de pasar veremos una cantidad enorme de personas que han muerto de calor", ha añadido. Unas muertes que se podrían evitar, ha insistido, con la renaturalización de las ciudades, ya que "las plantas son aires acondicionados naturales".
El problema parte, según Mancuso, del hecho de que "las ciudades son monocultivos humanos", cuando de la agricultura hemos aprendido que los monocultivos "requieren pesticidas y herbicidas porque son muy vulnerables". "Los ecosistemas que son estables son aquellos que están compuestos por muchas especies diferentes, juntas con relaciones fijas; en cambio, el metabolismo de una ciudad es pésimo: consume enormes cantidades de energía y materia y produce una enorme cantidad de residuos".
Mancuso ha puesto fin a dos días de debates en el Recinto Modernista de Sant Pau, que en la primera jornada estuvieron centrados en los retos de seguridad y tecnología globales, como la guerra híbrida o la inteligencia artificial. En esta segunda jornada, el foro organizado por el ARA ha querido debatir los desafíos medioambientales que enfrenta el planeta y los retos filosóficos y humanistas que genera. El vínculo es claro: "El primer problema que tenemos —ha dicho Mancuso— es que el progreso tecnológico avanza a una velocidad muy superior al progreso de nuestra conciencia".
"No se podrán hacer colonias en Marte si no están modificadas genéticamente"
Ha sido precisamente la cuestión de los límites éticos de la ciencia el tema en el que se ha centrado la conversación previa entre la periodista científica Cristina Sáez, directora del suplemento Va de Ciència del ARA, y la catedrática de genética de la UB y experta en bioética Gemma Marfany. "Editar el genoma, intervenir en procesos que hasta ahora eran intocables, e incluso una inteligencia artificial que nos obliga a replantearnos qué es ser humano", son algunos de los retos, apuntaba Sáez, que obligan a una reflexión profunda.
"Los científicos nos tenemos que plantear cuál es el impacto que aquello que hacemos puede tener en el futuro de la humanidad, y a esto puede ayudar la filosofía" y otras disciplinas humanistas, ha afirmado Marfany. En el campo de la genética, en el que es especialista, es especialmente urgente. "Lo que explico ahora en clase pensaba que era ciencia ficción hace diez años", ha dicho la catedrática de la UB, que ha defendido la necesidad "crucial" de aplicar la "bioética" en todos los avances que se están consiguiendo en el campo de la biogenética.
"En la Unión Europea no se pueden hacer modificaciones en los embriones para hacer cambios a la carta, pero en otros países lo consideran normal y se permite hacer; ¿es que nosotros tenemos más razón que ellos?", ha preguntado Marfany. Para poder tomar estas decisiones, ha defendido, hay que ayudarse de la filosofía, la ética, incluso la literatura. Y ha puesto un ejemplo muy claro: "No se podrán hacer colonias en Marte si no están modificadas genéticamente", ha afirmado, ya que la exposición directa a la radiación del sol en ambientes sin atmósfera como aquellos tiene un impacto muy grande en las células humanas en forma de "neurodegeneración y cáncer". "Habrá que hacer mejoras genéticas, tunearlos [a los integrantes de estas futuras misiones] para hacerlos diferentes. Pero, ¿quién decide si se hace esto o cómo se hace?", ha preguntado.
La especialista en bioética ha admitido que hay todavía más preguntas que respuestas, pero precisamente para encontrarlas la ciencia se tiene que servir de muchas otras herramientas, como la ética, la filosofía o la cultura, que es diferente de un lugar a otro del mundo.