Vuelven las discotecas: “Hemos perdido dos años de vida”

En la primera noche de reapertura algunos locales llenan con colas fuera

Barcelona“¡No habíamos hecho ningún jueves universitario!” Judit, Laia, Tània y Yema tienen 19 años, son de Berga y hace dos cursos que comparten piso. Pero es la primera vez que podían salir de fiesta en Barcelona porque las discotecas estuvieron cerradas todo el curso pasado y el anterior tampoco lo acabaron –con el covid solo han abierto en los veranos pocas semanas–. Por eso las chicas no se querían perder la reapertura del ocio nocturno: “Teníamos muchas ganas”. La primera noche se ha notado en algunos locales de Barcelona, que han llenado y han acumulado colas fuera que avanzaban lentamente, porque antes de entrar se tenía que enseñar y validar el pasaporte covid.

Las discotecas catalanas podían volver a abrir cuando el reloj marcaba la medianoche de jueves a viernes, pero si no hubiera sido por un equipo de televisión que ha lanzado confeti, este momento se habría vivido sin frío ni calor en el exterior de Sala Apolo. A las 00 h, en Paral·lel en Barcelona, había poca gente que buscara un local donde acabar de pasar la noche. Los jóvenes, sobre todo universitarios, han tardado más en llegar, a pesar de que las entradas estaban vendidas: “No quedan. Hicimos sold out en una hora y media. Ha sido espectacular”, decía un portero a una chica que suplicaba por alguna entrada sobrante. Los que tenían las entradas admitían que habían estados pendientes de la web “cada hora” para comprarlas justo cuando salieran a la venta.

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“La espera se ha hecho larga, pero habrá valido la pena”, pensaban las jóvenes de Berga. Se quejaban de que habían conocido a poca gente por culpa del covid, porque se tenían que relacionar con un círculo cerrado que ahora quieren abrir. “Nos toca esta vida”, reivindicaban, después de recordar que el curso pasado no podían ir a ninguna parte por la noche por el toque de queda. Alba, Blanca e Inma, de 20 y 21 años, son de Mallorca y todavía se expresaban más contundentes: “Hemos perdido dos años de vida”. Las ganas de salir han pasado por encima de las clases de los viernes por la mañana en la universidad. Las chicas aseguraban que el cierre de las discotecas había provocado que hicieran fiestas de 20 personas en casa o botellones –que creen que continuarán, porque siempre se han hecho, a pesar de que serán menos numerosos–.

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Los porteros de la Sala Apolo pedían a las decenas de personas que hacían cola el pasaporte covid y el DNI. Antes de atravesar la puerta se tenía que pasar este filtro que ha exigido el Govern para permitir el regreso del ocio nocturno con baile y sin distancia de seguridad. Entre la 1 h y las 2 h los móviles de los porteros sacaban humo para verificar cada pasaporte y compararlo con el DNI. El establecimiento, que en la entrada dice que el aforo entre todos sus espacios roza las 2.000 personas –que el Govern ha limitado a un máximo del 70%–, ha superado las expectativas en la reapertura. Pero en esta primera noche no se ha visto la misma afluencia en otros locales de Paral·lel. Se prevé que este viernes ya haya más discotecas en marcha y que la próxima semana se añadan el resto.

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Validaciones rojas

Casi todos los certificados covid obtenían validaciones verdes –que el documento es correcto–, a pesar de que de vez en cuando salían rojas y esto causaba desesperación. Por ejemplo, cuando Albert intentaba entender por qué fallaba su pasaporte, se dio cuenta de que hacía 13 días que se había vacunado y no 15. “Me estoy rallando mucho”, lamentaba. Había acompañado a un amigo a hacerse un test de antígenos para que pudiera entrar, pero pensaba que a él no le hacía falta por el hecho de tener la vacuna. Las jóvenes de Mallorca explicaban que se habían vacunado “por presión”, porque “sabían” que el certificado se convertiría en un requisito para algunos lugares. Otros chicos comentaban que no tenían el pasaporte: “¿Nos la jugamos? Habremos hecho cola para nada”.

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Antes de las 2 h la cola para acceder a la Sala Apolo reunía una aglomeración de gente. Los jóvenes tenían prisa porque el reloj corría –el local tenía que cerrar a las 5 h y los fines de semana lo puede hacer a las 6 h–, mientras también bebían y se veían pocas mascarillas puestas. Un par de patrullas de los Mossos se lo miraban desde la acera de al lado. Dentro el personal vigilaba que las mascarillas no se bajaran por debajo de la nariz y que nadie fuera con bebida a la pista de baile, que habían acordonado con cintas porque no se puede consumir. Como las mascarillas también son indispensables para entrar y estar en el interior, menos para beber, en el exterior había quien pedía si alguien tenía una de sobra. Otro obstáculo que se suma al certificado covid y que, de madrugada, no es tan fácil de localizar.