Y ahora qué? Más Europa (3 de 3)

Desgraciadamente, el revuelo que está sufriendo el mundo, con conflictos regionales de fuertes implicaciones globales, económicas pero sobre todo de cultura democrática, empequeñece la causa catalana. Ahora, como hace casi cien años, la emergencia de posicionamientos y discursos totalitaristas, por no decir fascistas, pide una fuerte reacción democrática que, como hace cien años, no se está produciendo ni se vislumbra. A pesar de todo, es indispensable que se produzca, por el bien de todos y, sobre todo, de las generaciones jóvenes. Y el liderazgo solo puede recaer en las democracias consolidadas, con Europa a la cabeza, siguiendo el posicionamiento que hizo explícito Mark Carney, el primer ministro canadiense, en la última reunión del Foro de Davos.Hay que impulsar políticas de mayor integración europea, que apoyemos a partidos políticos que apuesten firmemente por ella y no solo discursivamente. A medida que la integración europea avance, la soberanía de los estados disminuirá. Las decisiones más relevantes –económicas, reguladoras o geopolíticas– ya no se tomarán solo a escala estatal, sino cada vez más en el ámbito europeo. En un contexto así, algunas cuestiones que hoy parecen casi irresolubles –como que el estado español permita un referéndum de autodeterminación– pueden ser diferentes. Cuando el peso político de los estados se diluya, las relaciones entre pueblos, territorios y gobiernos podrán reorganizarse con más flexibilidad y con menos dramatismo del que ahora percibimos.Quizás, pues, el camino más realista no pasa tanto por decisiones locales como por contribuir a la construcción de una Europa federal, una Europa en la que sus pueblos compartan las grandes responsabilidades y retos de nuestro tiempo.