Cien años de un mercado
El mismo año que Antoni Gaudí aprendió —demasiado tarde— que había que tener cuidado al cruzar una calle de Barcelona, en Cambrils empezamos a comprar dentro de un mercado cubierto. Era 1926, y la coincidencia no es ninguna metáfora, pero tampoco es del todo inocente: aquel año Cataluña iniciaba el final de una era y abría otra, y Cambrils, a la manera del Camp, también.
La decisión de construirlo había sido tomada en 1922 por un Ayuntamiento que quería dotar a la villa de un espacio digno donde el producto de la tierra y del mar encontrase comprador estable. El proyecto inicial fue modificado en 1923 por el arquitecto Josep Maria Pujol de Barberà, el mismo que con sus obras dejó huella en muchos rincones de nuestra demarcación. El edificio resultante es un buen ejemplo del novecentismo civil de las comarcas tarraconenses: planta rectangular, cubierta a dos aguas, fachada principal con tres aberturas de medio punto y un coronamiento de perfil sinuoso con cuatro pináculos. Incluido en el inventario del patrimonio arquitectónico, ha resistido un siglo de cambios y transformaciones urbanas.
Durante décadas fue el punto de encuentro cotidiano del Cambrils del interior, el que queda cuando se acaba la temporada. Los puestos de pescado, las verduras de la huerta, la carne de los masoveros de los alrededores. Mucho más que un equipamiento comercial: el lugar donde el territorio se hacía presente en forma de producto, donde el campesino y el pescador ponían nombre y cara a lo que acababa en la mesa.
Una relación entre la tierra, el mar y la mesa que se hacía más estrecha por la proximidad del mercado con la bodega. Un eje que todavía está muy presente y debe ser una oportunidad de futuro.
Ahora el mercado celebra el centenario con las puertas cerradas y los andamios puestos. Desde octubre de 2024 vive la reforma más profunda de su historia: una gran vidriera en la fachada posterior, un nuevo acceso por la calle Jacint Verdaguer —que durante los años oscuros del franquismo tuvo que responder a otro nombre— y ocho puestos de producto fresco y degustación gastronómica para conectar el edificio centenario con la vocación culinaria que hoy define Cambrils. Los problemas imprevistos en la cubierta alargaron los plazos, y la reapertura, con la licitación de los puestos en marcha, se espera para finales de año.
Cien años es mucho tiempo para un edificio, y también para un pueblo. El mercado ha visto pasar generaciones, guerras, dictaduras, boom turístico y crisis. Ha cerrado y ha vuelto a abrir. Y ahora, mientras los andamios caen y los obreros acaban los últimos revestimientos, la pregunta no es si el mercado estará a punto para el centenario. La pregunta es si Cambrils estará a punto para el mercado.