La mejor noche de verano

Así eran los veranos en el único país africano donde se habla castellano (por imposición)

La escritora Remei Sipi rememora sus noches de verano en Cataluña y en Guinea

14/08/2026 - 20:00 h.

La primera vez que Remei Sipi se puso un jersey tenía 16 años. “Fue cuando llegué a Cataluña. Antes había vivido en un país, Guinea Ecuatorial, donde no había veranos ni inviernos, había época de sol y época de lluvias, pero de calor siempre hacía”, explica la escritora, que aún tiene un recuerdo muy vívido del camino que hacía bajo la lluvia para ir a la escuela. “Mi amiga venía a buscarme y para no mojarnos nos tapábamos con hojas de platanero”, rememora.

Guinea Ecuatorial fue una colonia española hasta 1968, por eso el castellano es el idioma oficial y en el país se celebran las mismas festividades que en el territorio español. La fiesta mayor de su pueblo, Rebola, a 9 kilómetros de Malabo, era el 27 de abril, el día de la Moreneta, la Virgen de Montserrat, la famosa talla románica catalana. “Ese día en el pueblo hacíamos obras de teatro y nos íbamos a bañar al mar”, dice Sipi, que tiene un recuerdo muy feliz de aquellas noches en su país de origen. Junto con los recuerdos felices, tiene otros más oscuros, como la imposición del castellano y la prohibición de hablar su lengua materna, el bubi.

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Algunas de las noches de verano más especiales que recuerda fueron ya en Cataluña y tienen que ver con su herencia cultural. “Cuando tenía 20 años pasé el verano en una masía de Mont-ras, donde hacía de canguro de los pequeños de la casa. Recuerdo que les contaba las historias que me habían contado mi madre y mi abuela, y a ellos les encantaban porque eran muy diferentes de las que oían normalmente. Son cuentos que hablan de animales, de la convivencia y la relación entre las personas o del respeto a la gente mayor”, explica Sipi, que unos años después publicó varios libros donde se recogen estas historias.

La escritora tiene muchos recuerdos de aquel verano que pasaba con los niños de una familia burguesa catalana entre la masía de Mont-ras y la playa de Calella de Palafrugell, y destaca que hizo amistades que, ahora que tiene 74 años, aún conserva. “Uno de los niños a los que hacía de canguro ahora es director de un banco de Londres. A veces leo cosas suyas en la prensa, pero con ellos ya no tengo contacto”, explica Sipi.

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La escritora asegura que las amistades de larga duración y la voluntad de construir comunidad son uno de sus puntos fuertes. “Con las amigas con las que hicimos el bachillerato en Figueres todavía comemos juntas una vez al año”, explica Sipi, que siempre que puede se escapa a Guinea y vuelve a caminar por las playas de arena blanca de su pueblo natal. “Es un lugar que siempre me transmite paz”, concluye.