Burca y niqab, más allá de la ultraderecha
¿Hay mujeres que van en burka? Sí, se ven, pero muy pocas. Con niqab se ven más, pero también son pocas. Yo veo de vez en cuando por el Raval de Barcelona, que es donde el ARA tiene la redacción. Y cada vez que las veo pienso que no deberíamos permitirlo. En una mujer tapada de arriba abajo no sé ver nada que no sea dominación machista del cuerpo de la mujer en aras de unas creencias religiosas que la convierten en cebo del pecado.
La entrevista de ayer en Salvador Illa en TV3 fue decepcionante por poco relevante. El presidente de la Generalitat dijo lo que ya les adelanté ayer que diría: que hará lo que ha venido haciendo hasta ahora, que las soluciones no son rápidas y que es necesario que los socios de investidura, Esquerra y Comuns, no pongan impedimentos insalvables para aprobar los presupuestos. Y que ni cambios en el Gobierno ni cuestión de confianza. Levantó un poco el tono para decir que "basta con anticatalanismo", y dijo que a él, personalmente, no le gustaba el burka. Y dicho todo esto, la entrevista se acabó y buenas noches.
Que en un momento como éste, lleno de problemas en los servicios públicos y con días de colapso, una entrevista con el presidente de la Generalitat sea poco relevante es una mala noticia. Para el presidente y el Gobierno, pero, sobre todo, es una mala noticia para el país. Porque cuando tienes el servicio de trenes debiéndose hacer por carretera y los médicos y maestros en la calle, esperamos anuncios, liderazgo, decisiones tan agudas como los problemas que estamos sufriendo. Y, en cambio, lo que el Govern ofrece es una previsibilidad que quiere que acabe siendo entendida como firmeza. Isla, que llegó a la presidencia tras el cansancio y frustración de los años trepidantes del Proceso, está convirtiendo la gestión en la única política.
Mientras, el debate político del momento está a propósito del burka, el velo integral, la mujer tapada de pies a cabeza, que se ve a través de una reja, y el niqab, tapada de arriba abajo pero con un único resquicio para los ojos.
Vox presentó una ley para prohibirlos, y solo votó a favor el PP; Junts votó en contra pero presentó su propia ley, y el PSOE se ha abierto a estudiarlo con Junts. ¿Qué diferencia existe entre la ley de Vox y la de Junts? Una primera de coherencia. Vox, quienes niegan la existencia de la violencia de género, se presentan ahora como defensores de las mujeres tapadas. Y proponen sancionar a las mujeres que salen a la calle todas tapadas. La ley de Junts habla de garantizar la seguridad de todos y la igualdad.
Rápidas consideraciones: prohibir el burka es de esas leyes populares, fáciles de entender y que arrebatan a la extrema derecha una de sus pancartas. ¿Hay mujeres que van en burka? Sí, se ven, pero muy pocas. Con niqab se ven más, pero también son pocas. Yo veo de vez en cuando por el Raval de Barcelona, que es donde el ARA tiene la redacción. Y cada vez que las veo pienso que no deberíamos permitirlo. En una mujer tapada de arriba abajo no sé ver nada que no sea dominación machista del cuerpo de la mujer en aras de unas creencias religiosas que la convierten en cebo del pecado. Es decir, como la mujer puede llevar al hombre a pecar, tapamos a la mujer. Somos una sociedad europea, occidental, y este tipo de discriminaciones extremas no deberían poder tener lugar. Pero el asunto es delicado. Porque una mujer tapada va por presión del imán y del marido. Y si no puede salir a la calle tapada, no saldrá a la calle y permanecerá encerrada en casa. Y si tiene que salir de casa para llevar a los niños a la escuela (que es cuando las veo por las mañanas), y la multan, será una doble víctima, de la ley islámica y de la ley del estado de derecho que la multa.
Es fundamental abordar este problema con las mujeres, los maridos y los imanes, que dominan el pensamiento de muchos de sus fieles, y sobre todo no dejar que la extrema derecha convierta ese problema muy concreto y estadísticamente pequeño en una forma de hacernos creer que sólo ellos defienden la civilización occidental.
Y, hablando de igualdad, acabo subrayando que el número dos de la Policía Nacional, José Ángel González, ha dimitido tras saberse que un juez le ha imputado por agresión sexual a una policía, una subordinada suya, con la que también habría cometido delitos de coacción, lesiones psíquicas y malversación. Estamos hablando del director adjunto operativo, el número dos, un cargo nombrado por el actual ministro socialista Grande-Marlaska. Tuvo una relación sentimental con la policía, pero cuando la mujer quiso dejarlo, el mando policial insistió hasta la agresión sexual. Luego, según la víctima, le habría coaccionado directamente ya través de compañeros para que no lo denunciara y le habría ofrecido el sitio que quisiera dentro de la Policía Nacional a cambio de silencio. Si en el juicio acaba demostrando todo lo que indican las pruebas, nos habremos sacado de encima un agresor sexual uniformado.
Buenos días.