Sánchez contesta a Trump con "No a la guerra" y con orgullo soberano español
Fue el discurso de la carrera política de Sánchez. El discurso en el que se lo ha jugado todo, porque estamos hablando de una guerra, más aún, de una potencial guerra mundial. Si hacemos abstracción que a Sánchez le hemos visto todos los juegos de manos, ha pronunciado hoy un gran discurso: breve, sencillo, argumentado. Fundamentado en el derecho internacional y en el sentido común, que Trump no tiene un plan. Una vez que ha conseguido debatir con Trump, ha ganado estatura internacional, y puede pasar el rastrillo entre todos los votantes de izquierdas. Quién sabe si hará carrera en el mundo en el futuro. Pero ponerse en esta situación provoca vértigo, porque la guerra ya tiene costes económicos y el corte del comercio entre España y Estados Unidos también. Sánchez ha elegido una respuesta de orgullo soberano, de orgullo nacional español. Hoy, Sánchez ha dado un paso que la historia, grande o pequeño, juzgará
Primero hablamos del corte (la guerra), que después ya hablaremos de la guarnición (el duelo Trump-Sánchez).
Ya estarán al caso de que ayer Trump dijo que había ordenado cortar el comercio con España, que calificó de "país terrible", porque no le ha dejado utilizar las bases aéreas de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) en la guerra contra Irán.
Donald Trump: "España no tiene absolutamente nada que necesitamos aparte de grandes personas. Tienen gente fantástica, pero no tienen un gran liderazgo. Así que vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España…"
Pues bien, esta mañana, a las 9 h, Sánchez ha comparecido en la Moncloa para contestar al presidente de Estados Unidos.
Ha sido el discurso de la carrera política de Sánchez. El discurso en el que se lo ha jugado todo, porque estamos hablando de una guerra, más aún, de una potencial guerra mundial. El momento es muy peligroso. Y Sánchez no ha sido tibio, ni ha jugado a apaciguar a Trump. Si hacemos abstracción que a Sánchez le hemos visto todos los juegos de manos, que es un superviviente, que gobierna sin presupuestos y que encarándose con Trump está ganando estatura en España y en el mundo, es decir, si hacemos abstracción de las miserias de la política (o de sus componentes más prosaicos), Sánchez ha pronunciado hoy un gran discurso. Fundamentado en el derecho internacional y en el sentido común, que Trump no tiene un plan. Que un día su secretario de Guerra dice que no buscan un cambio de régimen y al día siguiente Trump lo corrige y dice que sí buscan un cambio de régimen. Y que todo el mundo ve que Netanyahu ha arrastrado a Trump al ataque y ahora sale Trump a decir que más bien puede que "haya forzado la mano de Israel".
¿Y qué ha hecho Sánchez con este planteamiento? Primero conectar con el pasado inmediato de España, el "No a la guerra", la causa de la derrota del PP en el 2004 ante Zapatero, horas después de los atentados de los trenes de Madrid que sufrieron 193 muertos.
Pedro Sánchez: "La posición del gobierno de España se resume en cuatro palabras: no en la guerra. El mundo, Europa y España ya han vivido esto antes. Hace 23 años otra administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio. nuestro continente desde la caída del Muro de Berlín".
Por tanto, coherencia histórica. Esa guerra empezó con mentiras y no ha traído nada bueno, legalidad internacional. Y, tanto o más importante, tenemos mucho que perder:
"El objetivo de los gobiernos es mejorar la vida de la gente, aportar soluciones a los problemas, no empeorar la vida de la gente. Y es absolutamente inaceptable que los dirigentes que son incapaces de cumplir con este cometido utilicen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre, los únicos, los únicos misiles".
Por si no ha quedado claro: Trump no, pero ayatolás tampoco:
"Nosotros repudiamos el régimen de Irán, que reprime, que mata vilmente a sus ciudadanos, particularmente a las mujeres, pero al mismo tiempo rechazamos este conflicto y pedimos una solución diplomática y política".
Contengamos la guerra antes de que sea demasiado tarde:
"Recordemos cuando antes del inicio de la Primera Gran Guerra Mundial en el siglo XX, en agosto de 1914, alguien preguntó al entonces canciller de Alemania cómo había empezado la Primera Guerra Mundial y él respondió encogiéndose de hombros y diciendo textualmente «Ojalá lo supiera». Ojalá lo supiera. No podemos jugar a la ru.
En resumen: la guerra en Irán puede ser tan desastrosa como la guerra de Irak, o peor. Lo que ha pasado es un "desastre", porque es incierto, porque ni los promotores saben qué va a pasar, porque la guerra puede ser larga, porque hay que estar junto a la legalidad internacional, al igual que contra Rusia con Ucrania o contra Israel con Palestina, no queremos un mundo inseguro y una vida peor y, por tanto, diplomacia y exigencia del ceso. Ruletas rusas, no. Y menos porque se llenen los bolsillos los de siempre. Y menos cuando las impulsan dos políticos, Netanyahu y Trump, que tienen elecciones a la vista y problemas con la justicia. Y si alguien pregunta qué aliados tiene España en este momento: la Constitución del 78, los principios fundacionales de la UE (tenemos el euro y el comercio internacional tiene el paraguas de la UE) y la carta de Naciones Unidas.
Una vez que ha conseguido debatir con Trump, ha ganado estatura internacional, y puede pasar el rastrillo entre todos los votantes de izquierdas. Quién sabe si hará carrera en el mundo en el futuro. Pero ponerse en esta situación provoca vértigo, porque la guerra ya tiene costes económicos y el corte del comercio entre España y Estados Unidos también. Sánchez ha elegido una respuesta de orgullo soberano, de orgullo nacional español. Hoy, Sánchez ha dado un paso que la historia, grande o pequeño, juzgará.
Buenos días.