¡Ni niñas, ni chicas, ni mujeres!
Estoy cansada de que ante cualquier actividad cultural, deportiva, artística o de lo que sea, se ponga el calificativo de "mujeres" delante cuando son ellas las protagonistas. A ver, las "tres mujeres del equipo de sonido de Sirat" son las técnicas de sonido de Sirat, y punto. Las profesionales del sonido, y punto. ¡Hablamos con propiedad! El señor Lluís Llach dice orgulloso que cuando aparecieron las líderes, las activistas Muriel Casals y Carme Forcadell, las llamaba "las niñas". Muy mal hecho. Mal ejemplo has dado. Las chicas del Barça de fútbol o del hockey son las jugadoras. Las mujeres en la ciencia son las científicas. Las mujeres en la empresa son personal, jefes, empresarias, según el cargo. Las mujeres en el cine son las directoras, las actrices, las cineastas. Las mujeres del gobierno son las consejeras, las diputadas o las presidentas. ¿Realmente cree que poner "mujeres" delante es necesario? ¿Por qué? Quizá siga con la certeza falsa de que las producciones de los hombres son universales y las de las mujeres sólo son representativas de las mujeres, pero esta creencia es un error garrafal. Las mujeres somos personas ante todo y lo que hacemos y decimos es tanto o más universal que los discursos y las producciones masculinas.
Fíjese que nunca verá expresiones como "hombres científicos", "hombres políticos" u "hombres del equipo de sonido" de tal o tal película. ¿Por qué cuando una programación es 100% masculina, nunca verá en el cartel "mirada masculina" y cuando es 100% femenina, siempre se deja claro que es una "mirada en femenino"? Pues eso. ¡El lenguaje es una de las trampas del poder patriarcal y depende de nosotros darle la vuelta!
Rosa Vendrell Miret
San Pablo de Ordal
El derecho a dormir
Dormir no es un capricho: es un derecho elemental. Un derecho tan sencillo y tan imprescindible que sólo lo notamos en serio cuando nos lo toman. Y, sin embargo, en demasiados lugares, la noche se ha convertido en territorio de máquinas, motores y maniobras que no respetan ni el silencio ni a las personas. No parece muy razonable que mientras una ciudad duerme –o lo intenta–, algunos polígonos industriales, supermercados o empresas cercanas funcionen con ruidos estridentes como si la noche fuera un simple apéndice del día. El descanso de la gente no debería quedar subordinado a la comodidad logística de unos pocos.
La vida económica es necesaria, sin duda; pero la convivencia también lo es. Dormir sin esos ruidos es una cuestión de salud, pero también de dignidad cívica. Una sociedad que no protege el descanso de sus ciudadanos difícilmente puede presumir de mucha civilización. Si aceptamos que hay horarios para muchas actividades, también debería haber para el ruido.
Y todavía hay otro detalle, a menudo olvidado: pagamos impuestos. No por capricho, sino para que las instituciones garanticen unas condiciones mínimas de vida. Entre estas condiciones debería haber, sin discusión, la posibilidad de dormir de noche sin el concierto metálico de maquinaria ajena.
Cesca Barti
Banyoles
Huelgas en la educación
Las huelgas recientes en la educación secundaria catalana no son un gesto exagerado ni corporativo. El incremento salarial propuesto queda muy por debajo de la pérdida de poder adquisitivo. A esto se añaden las promesas incumplidas por el departamento de Educación. Tampoco existe ninguna medida concreta para reducir ratios en las aulas, mejorar el currículo o dar respuesta a las demandas del profesorado de diversas especialidades, es decir, el malestar no es sólo económico. Además, el proceso de negociación ha sido percibido como opaco y precipitado, con decisiones tomadas sin una representación real del colectivo docente y sólo con dos sindicatos minoritarios de la educación catalana.
David Rabadá Vives
Barcelona