Educación: ahora toca hacer piña

Hace cuestión de una semana, en este mismo diario leíamos un titular que nos hacía enorgullecernos como país: "El Sant Fèlix más bestia". Y es que, con mayor o menor medida, a todos nos emociona esta capacidad tan nuestra de levantar torres humanas desafiando el equilibrio contando con una fuerza: la de hacer comunidad, hacer piña.La imagen y las alabanzasa los verdes de Vilafranca haciendo historia por una nueva consecución, a una servidora –que no proviene del mundo casteller– le sirven de metáfora para hablar de la escuela y de la mirada que esta necesita. Hace demasiado tiempo que en las paredes de nuestras aulas se atrincheran las piedras en el zapato de la sociedad. Se han ido amontonando poco a poco, como quien no quiere la cosa, y ahora nos hacen ralentizar el paso. Lo que pasa en la calle rebota e impacta en las aulas de manera mucho más trepidante. Pero resulta que jugamos con una variable excepcional que no podemos obviar: es en la escuela –si bien no únicamente– donde corresponde mejorar las posibilidades de todos para vivir en el fuera escuela.Para poder ajustar el paso, a veces toca cambiar de calzado. El "siempre lo habíamos hecho así" resulta que ahora ya no nos vale ni en las aulas ni en los despachos. En una entrevista, la periodista y escritora Nora Ephron decía: "Si el zapato no te va bien en la zapatería, no te irá bien nunca". Si no acertamos el calzado que ponemos en la escuela, el zapato no servirá para caminar cómodamente y con garantías.Por suerte, ya sabemos qué necesitamos porque sabemos qué funciona. Sabemos que el 0-3 importa y mucho, sabemos que la lengua necesita un plan de choque urgente y que esto impacta gravemente en procesos de aprendizaje en las primeras edades. Sabemos que la fórmula del café para todos es obsoleta. Sabemos que hacen falta liderazgos cualificados y proyectos y equipos estables y cohesionados, que el fuera de la escuela es un eslabón necesario, que el sistema necesita procesos evaluativos… Pero ni el límite de caracteres de este artículo ni su finalidad permiten listar todo lo que sabemos.Y mientras hablamos una y otra vez de lo que ya está identificado y evidenciado, o mientras generamos solo titulares catastrofistas, perdemos tiempo para enfocarnos en las soluciones y nos seguimos revolcando en una espiral de desánimo y descrédito. Los mensajes negativos configuran también la mirada que tenemos de la escuela.

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Si sabemos qué debería pasar, pongámonos a trabajar rigurosamente en qué debemos movilizar para que esto pase. El papel lo sostiene todo, y de papeles que nos ahogan ya tenemos demasiados. Toca arremangarse, y para hacerlo hay que tener en cuenta un factor clave: las decisiones deben alejarse de determinados intereses y deben poner la persona en el centro. Y la persona son los niños, niños y niñas y jóvenes que volverán a empezar un nuevo curso. También el porcentaje de alumnos que, en Cataluña, pasan cada día el umbral de la puerta del aula arrastrando una mochila que no pueden dejar fácilmente en la taquilla, como hacen con el móvil.Y esto nos debe interpelar a todos. La escuela sola no puede.Ponemos a la persona en el centro y ponemos la educación en el centro de las decisiones, porque de lo que pase en la escuela de hoy y de las decisiones que se tomen para la escuela de hoy dependen demasiadas cosas. El reto es grande, sí; la disrupción tecnológica trepidante, el cambio climático que nos hace sudar aún más, el impacto de la globalización… Toca y tenemos que hacer piña.Pienso en las claves que probablemente se escondían tras aquel Sant Fèlix tan "bestia" y cómo son de necesarias también para el sistema. Hace falta fuerza para empujar con valentía hacia la escuela que se necesita y para fortalecer la estructura como merece y requiere; valor para poner a quien realmente importa en el centro de las decisiones; sensatez para focalizarnos en las evidencias y no tanto en las ocurrencias; equilibrio para sostener lo que se tiene que quedar y lo que tenemos que repensar; una mirada fijada arriba para empujar hacia lo alto con una hoja de ruta clara; y silencio para aislar a la escuela y a las decisiones que le afectan de según qué ruidos.De castillos de arena quizás se han hecho demasiados, y ya sabemos qué pasa: llega una nueva ola y el castillo se derrumba. Demos estabilidad al sistema. Pero, por encima de todo, retomemos la confianza en la escuela. Porque de nuestras escuelas deben salir jóvenes comprometidos con el mundo, jóvenes emprendedores, jóvenes cualificados para encarar una sociedad cambiante y compleja. Los jóvenes han cambiado porque son fruto de una sociedad que también cambia: debemos poder verlos con esta mirada posibilitadora.Esta semana he podido visitar diferentes centros, y por todas partes he visto equipos comprometidos. Este curso también habrá un maestro a punto para acoger al niño que empieza I3 o abrazar al adolescente que cambia de etapa.El castillo necesita que el equipo humano de todo el servicio de educación de Cataluña esté reforzado y la piña la debemos construir entre todos: desde las políticas educativas hasta las culturas y las prácticas de centro contrastadas positivamente.La escuela solo funciona si se alza comunitariamente.