Las bacterias del intestino son claves para generar una buena respuesta a las vacunas

IrsiCaixa investiga cómo modificarlas para controlar el VIH

La microbiota, dicen algunos científicos, es como los políticos: tenemos lo que nos merecemos. La diversidad de las bacterias, virus y otros microorganismos que tenemos, sobre todo, en el intestino gordo depende en gran medida de nuestros hábitos: de lo que comemos, de cuánta actividad física hagamos y del estrés que sufrimos, entre otros factores. Y esta diversidad es clave. “La pérdida de diversidad de la microbiota implica pérdida de capacidad metabólica y una desregulación del sistema inmunitario”, explica Francisco Guarner, de la unidad de investigación del sistema digestivo de Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR).

"Nuestros” 600.000 genes

Según las últimas estimaciones, el genoma humano está formado por algo más de 20.000 genes. Las bacterias del intestino aportan, en conjunto, 600.000 genes, que hacen 20.000 funciones metabólicas que las células humanas no pueden hacer. Las más importantes de estas funciones tienen que ver con la digestión y la regulación y maduración del sistema inmunitario. “No tenemos recursos propios para aprovechar la mayoría de células de origen vegetal”, apunta Guarner. La microbiota es clave, pues, para digerir estos productos. Pero, ¿y si no consumiéramos vegetales? ¿Seguiríamos necesitando estas bacterias?

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Cuando la ingestión de productos vegetales se reduce, muchas bacterias de la microbiota se quedan sin oficio ni beneficio. Ni tienen alimento, ni producen sustancias que nuestros cuerpos necesitan. Y en la naturaleza, la ausencia de oficio y beneficio solo conduce a un final previsible: la extinción. El cambio de dieta de las sociedades industrializadas, que han reducido la cantidad de vegetales a favor de productos elaborados a base de azúcares y harinas procesadas, es una de las razones que han reducido la diversidad de la microbiota. Una reducción que, tal como destacan estudios recientes, hace mil años que dura, pero que en las últimas décadas se ha acelerado. “Los productos procesados se absorben rápidamente y las bacterias dejan de tener trabajo”, confirma el investigador del VHIR.

Esta pérdida de diversidad tiene efectos en el sistema inmunitario. “Estudios hechos en Alemania constatan que hace cuarenta años la prevalencia de enfermedades autoinmunitarias y alergias era más alta en entornos urbanos que rurales, pero ahora ya es igual -explica Guarner-, lo que se puede relacionar con un cambio de alimentación”. También tiene efectos en la capacidad de responder a infecciones como el covid-19. “Los datos todavía no son sólidos ni del todo concluyentes, pero hay indicaciones que las personas con una microbiota más pobre, como la gente mayor y la que tiene obesidad, pasan peor la enfermedad”, dice Guarner.

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Microbiota y vacunas

La relación entre la microbiota y el sistema inmunitario también tiene efectos en la respuesta a las vacunas. El investigador de IrsiCaixa Roger Paredes lidera un estudio para identificar esta influencia en el caso de las vacunas del sida. “Hemos visto que en algunos pacientes con un cierto tipo de microbiota, el virus se puede controlar con la vacuna y sin tratamiento”, explica Paredes. Estos datos, que se publicarán pronto en la revista Microbiome, sugieren que las características de la microbiota pueden ser un marcador para identificar qué pacientes responderán mejor a la vacuna.

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Otra cosa que permiten es modificar la microbiota con la administración de bacterias concretas para mejorar esta respuesta. Tal como explica el investigador, “el próximo paso es validarlas con más pacientes, hacer experimentos con ratones y, en el futuro, probar estas estrategias en ensayos clínicos”. “Lo ideal -añade- sería identificar qué molécula concreta de estas bacterias es la que favorece esta respuesta, de forma que en un futuro se pudiera administrar directamente con la vacuna”. Esta estrategia no solo se puede utilizar en la vacuna del sida sino que es generalizable a otras vacunas. En el caso de la vacuna del tétanos, por ejemplo, se ha visto que las personas que tienen más bacterias de la familia de las actinobacterias en las heces generan una respuesta inmunitaria más potente.

De todo esto se hablará en el congreso International Human Microbiome Consortium, una iniciativa transnacional para fomentar el estudio de esta comunidad de microbios que juega un papel todavía muy desconocido pero importante en la salud humana. El congreso empieza el domingo 27 de junio, coincidiendo con el Día Mundial del Microbioma, y se celebrará de manera virtual con sede en Barcelona. Coordinado desde el punto de vista científico por Francisco Guarner y organizado por IrsiCaixa, en el congreso se presentarán 320 trabajos y asistirán 500 investigadores de 36 países.