¿Por qué nos cogemos de la mano?
También los simios hacen este gesto que genera vínculos sociales de compatibilidad y de compañerismo, transmite seguridad y permite formar sociedades grupales
¿Estáis disfrutando o preparando las vacaciones? El periodo estival es un tiempo en el que los humanos salimos de la rutina habitual, viajamos para encontrar nuevos horizontes, o nos refugiamos en entornos más o menos familiares, lejos del trabajo y si puede ser, refrescarnos del calor. En general, nos mezclamos con gente que no conocemos, en la arena de la playa, en el agua de la piscina, o en medio de una calle llena de otros turistas admirando edificios de la vieja Europa… Sea como sea, seguro que veis gente cogida de la mano: una madre o un padre cogiendo de la mano a su hijo pequeño; dos jovencitas que se cogen del brazo mientras ríen; una pareja joven que se mira el uno en los ojos del otro; y también parejas de gente mayor que caminan de lado. Y con este pequeño gesto se dicen que todavía se aman.
Coger de la mano es un gesto que comporta muchos significados, sutil o flagrantemente diferentes, desde el apoyo físico a la confianza, de la amistad al amor, de la seducción caballeresca a la muestra más corriente de bienvenida entre desconocidos. Pero, también, es una muestra de compañía y calidez humana cuando las palabras fallan, o sobran. Cuando alguien pasa un duelo profundo, le coges la mano y la aprietas para transmitirle compasión y empatía. Y cuando pasamos miedo, buscamos la mano del otro, casi inconscientemente, y nos la damos, como señal de proximidad y reconocimiento, de destino compartido. A veces, dar la mano significa infundir vida, como en la imagen de la creación de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.
¿Cuántos de nosotros no hemos dado la mano a nuestro acompañante en un momento de clímax en una escena de terror o tensión en el cine? Sentir cómo una criatura busca tu mano provoca cosquillas de ternura en el corazón y ver dos manos cogidas es una de las imágenes más poderosas y evocadoras, que tanto pueden ser un momento culminante de una película como su final. Todos tenemos nuestras escenas preferidas, pero si no la habéis visto o no os fijasteis, os recomiendo ver la llamada “escena de la mano” de la película Orgullo y Prejuicio, entre Lizzie Bennet y Mr. Darcy, donde se puede sentir la tensión física entre ambos.
Una herramienta de comunicación
Tomar de la mano es una puerta que permite abrir corazones y mentes, y darla no es un gesto simbólico menor, ya que ofrecemos la principal herramienta de destreza física que tenemos, y con la gran cantidad de terminaciones nerviosas, la mano es también una herramienta de sensibilidad y comunicación. Los humanos somos animales táctiles y de contacto, necesitamos que nos toquen y nos abracen. Sin embargo, justamente porque le hemos dado tantos significados y tan diversos, ponemos barreras, restricciones y condiciones al contacto físico. Hay que saber en qué situaciones está permitido, y en qué situaciones, no. Y estas condiciones y límites son diferentes en las diversas culturas, como todos bien sabemos: los mediterráneos tenemos tendencia a “tocarnos” más, mientras que algunas culturas asiáticas ponen distancia fuera del ambiente estrictamente íntimo.
Pero, ¿os habéis preguntado por qué nos damos la mano? O dicho de otra manera, ¿desde cuándo los humanos nos damos la mano? Todos los otros simios también se dan la mano, como también se abrazan, se besan y se acarician. Lo más determinante no es el hecho en sí mismo, sino la razón, es decir, en qué momento concreto, se dan la mano. La observación de grandes simios (chimpancés y bonobos) en semilibertad determina que sobre todo, se tocan cuando tienen miedo o hay una situación de extrema tensión, por ejemplo, en un experimento en el que debían competir por comida limitada. Además, este contacto físico se da preferentemente entre hembras y entre machos, más que en parejas intersexuales.
El solo hecho de tocarse y darse la mano, incluso, poner los dedos dentro de la boca del otro, es una señal clara de no agresión, los reafirma en el intento de encontrar un compromiso entre la competitividad y la cooperación. Es decir, genera vínculos sociales de compatibilidad y de compañerismo, transmite seguridad y permite formar sociedades grupales. Esta clase de acciones son mucho más evidentes en los grupos que no son tan beligerantes y que llegan a compartir más tareas comunes, es decir, que sociabilizan más, muy probablemente porque de esta manera evitan relaciones de dominancia completa. De hecho, los simios más vulnerables son los que intentan besar o abrazar más a los otros, promoviendo el sentido de pertenencia y de inclusión en el grupo.
Así que este comportamiento que nos parece tan humano –darse la mano, besar, abrazar– es de hecho muy ancestral, y lo compartimos con nuestros parientes primates. Darnos la mano nos hace menos agresivos… ¡Es difícil enfadarte con alguien que te acaba de abrazar!