Biología

La herramienta secreta para hacer que los mosquitos dejen de ser peligrosos

La ciencia propone un cambio estratégico: proteger la salud humana sin destrozar la biodiversidad que nos sostiene

Raquel Villanueva
30/07/2026 - 07:19 h.

La escena se repite cada verano en miles de hogares catalanes: la luz apagada, el silencio de la noche y, de repente, el zumbido agudo e insistente que nos roza la oreja. La reacción es casi un reflejo pavloviano: encendemos la luz, buscamos al pequeño invasor en la pared y, con un golpe seco de zapatilla, ponemos fin a la molestia. Hasta hace poco esta victoria doméstica nos devolvía la tranquilidad de un sueño sin picaduras. Hoy, sin embargo, este gesto esconde una realidad mucho más inquietante: el mosquito ya no es solo un vecino molesto, se ha convertido en el vector de enfermedades que hasta hace cuatro días considerábamos exóticas.Cataluña ha entrado en una nueva era epidemiológica. El brote de dengue en Vila-seca en verano de 2024, con ocho casos autóctonos, fue la señal de alarma definitiva: el virus ya no solo llega en avión, sino que circula entre nosotros a través del mosquito tigre (Aedes albopictus). Esta especie invasora, reconocida por sus rayas blancas y su actividad diurna, se ha sumado al mosquito común (Culex pipiens), el de toda la vida, que es nocturno y actúa como principal transmisor del virus del Nilo. Como explica la investigadora Rachel Lowe, directora del grupo de Resiliencia en Salud Global en el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS), "Barcelona es un centro global con un alto riesgo de emergencia o reemergencia de diversos patógenos". Según Lowe, el aumento de las temperaturas y la alteración de los regímenes de lluvias crean un "cóctel perfecto" para la expansión de estos vectores.

Clave para la biodiversidad

Sin embargo, la ciencia pide perspectiva. Ante la tentación de exterminar el mosquito, hay que recordar que es una pieza insustituible del engranaje vital. Los mosquitos son el supermercado de la biodiversidad: sus larvas filtran materia orgánica y son el alimento esencial para peces y anfibios, y los adultos sostienen pájaros insectívoros, murciélagos y libélulas. Además, actúan como polinizadores silenciosos; algunas plantas, como la orquídea del Ártico, dependen de ellos casi exclusivamente para sobrevivir. Como señala la investigadora de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Juana Díez, “cargarse” el mosquito no tan solo sería inútil, sino un desastre ecológico, ya que su nicho podría ser ocupado por especies todavía más peligrosas.

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La clave de la situación actual es la combinación de crisis climática y globalización. El mundo interconectado ha creado autopistas para los virus. Aunque la capacidad de vuelo de un mosquito es mínima, la movilidad humana ha dinamitado las fronteras. "Los mosquitos tienen un radio de vuelo limitado, pero los humanos atravesamos continentes", afirma John Palmer, investigador de la UPF y cofundador de Mosquito Alert. El motor real de la epidemia es el viaje del patógeno dentro de nosotros en un mundo donde Barcelona actúa como hub internacional. Además, el comercio global facilita el transporte pasivo: el mosquito tigre llegó escondido en contenedores y neumáticos usados, que actúan como "micronichos" perfectos para sus huevos resistentes. A diferencia de otras especies, el tigre no necesita grandes humedales; le basta con el agua acumulada en un pequeño jarrón o el plato de una maceta para colonizar un entorno urbano.

Este panorama obliga a pasar de la fuerza bruta a la anticipación. Ya no basta con el insecticida indiscriminado, que Díez califica de "no-no" rotundo por su capacidad de destruir ecosistemas enteros y generar resistencias. El reto de la ciencia hoy es el hackeo: una cirugía biológica para desarmar el virus sin aniquilar al insecto, protegiendo nuestra salud mientras se respeta la biodiversidad que nos sostiene.

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Reprogramar el insecto para desarmar el virus

Para entender cómo podemos convivir con el mosquito sin sufrir sus enfermedades, hay que mirar dentro de las células. En la UPF, el Grupo de Virología Molecular, liderado por la doctora Juana Díez, ha descifrado uno de los secretos mejor guardados de la naturaleza: por qué virus letales como el chikungunya o el dengue persisten en los mosquitos toda la vida sin matarlos. Mientras que en el cuerpo humano el virus actúa como un invasor agresivo que "explota" la maquinaria celular hasta destruir la célula, en el mosquito la relación es mucho más discreta y estratégica.

Díez define esta relación como un "pacto de silencio". Según el estudio de su equipo, publicado esta primavera en la revista PLOS Biology, el virus adopta un enfoque moderado en el insecto: aunque su material genético se acumula, la producción de proteínas virales es limitada. "Es como si el virus bajara el volumen de su propia actividad", explica Díez. Este fenómeno, llamado represión de la traducción, permite al virus reproducirse lo suficiente para garantizar la transmisión en la siguiente picadura sin sobrecargar ni dañar el organismo que lo aloja. Como resume Díez, "el virus no quiere matar a quien le está dando alimento".

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El objetivo final de esta investigación, que cuenta con el apoyo de la Fundación La Caixa, es utilizar este conocimiento para aplicar una "cirugía" biológica al ciclo de transmisión. El horizonte no es el exterminio del mosquito –un objetivo que Díez descarta porque el insecticida "está demostradísimo que no funciona" y tiene un impacto ambiental muy grande–, sino su hackeo. "Si logramos alterar este equilibrio, forzando al virus a reproducirse de manera descontrolada o, por el contrario, bloqueando su capacidad de persistir, podríamos hacer que los mosquitos dejaran de actuar como vectores", explica la investigadora.

Este estudio abre la puerta al diseño de mosquitos que sean naturalmente resistentes a la infección mediante la modulación de sus propias proteínas. Se trata de una alternativa sofisticada a métodos actuales como el uso de la bacteria Wolbachia, que no siempre es eficaz dependiendo del clima o el entorno. En un contexto en el que el mosquito tigre ya pica en Barcelona incluso en diciembre, Díez insiste en que entender estos mecanismos de supervivencia ha dejado de ser una cuestión puramente académica para convertirse en una pieza esencial para responder a una amenaza emergente real.

Mosquito Alert: haz de centinela con tu móvil
  • ¿Cómo funciona?: Si ves un mosquito que te parece sospechoso (como el mosquito tigre o el de la fiebre amarilla) o un punto de cría en el espacio público, solo tienes que hacerle una fotografía y enviarla a través de la aplicación.
  • Validación experta: Un laboratorio digital de entomólogos de todo el mundo recibe las imágenes, las valida y determina la especie.
  • Impacto real: Los datos se integran casi en tiempo real en los mapas de las agencias de salud pública, como la de Barcelona, para decidir dónde enfocar los tratamientos y la prevención.
  • Más de 286.000 informes: Hasta ahora, esta plataforma ha recibido miles de avisos ciudadanos que ayudan a los investigadores a entender cómo se mueven los vectores de un continente a otro.
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El radar que se adelanta al virus

Mientras la UPF trabaja en el hackeo molecular, en la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) el foco se desplaza al terreno: las marismas y las zonas urbanas donde el riesgo se materializa. Jordi Figuerola, experto en enfermedades zoonóticas, lidera el proyecto Arbo-prevent, una iniciativa –con el apoyo de la Fundación La Caixa– que aspira a convertirse en una especie de "hombre o mujer del tiempo" de los virus. El objetivo es ambicioso: disponer de un sistema de vigilancia que permita predecir las amenazas con semanas de antelación.

Esta red de prevención no es ninguna hipótesis sino una realidad operativa. Mediante trampas situadas en puntos estratégicos, el equipo de Figuerola lleva a cabo capturas semanales para identificar las especies de mosquitos y analizarlas por PCR en tiempo real. "Somos capaces de detectar el virus en el mosquito un mes antes de que se empiecen a diagnosticar los casos en humanos", afirma Figuerola. El sistema ya se ha probado con éxito: un modelo presentado en 2025 permitió localizar el virus del Nilo en Almería, una zona sin circulación previa conocida, y acertó en 6 de los 10 municipios donde se había indicado un riesgo más alto.

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Sin embargo, Figuerola introduce un matiz necesario en el discurso de la convivencia: "Ya que hay que matar mosquitos, se debe saber cómo matarlos para no acabar destruyendo toda la biodiversidad". La clave de esta estrategia consiste en atacar en la fase larvaria. Mientras las larvas están en el agua, su control es más sencillo y económico mediante productos biológicos como el Bacillus thuringiensis, una bacteria que genera toxinas que solo afectan a los mosquitos y dejan intactas el resto de especies. Por el contrario, si se espera que el insecto llegue a la edad adulta y vuele, hay que recurrir a insecticidas adulticidas, mucho más tóxicos e inespecíficos, que destrozan todo el nicho ecológico.

Este trabajo de campo tiene un impacto directo en el sistema sanitario. El virus del Nilo no es fácil de diagnosticar; la sintomatología se puede confundir con otras patologías, especialmente en la gente mayor. La red de centinelas de Doñana actúa como un radar para los médicos. Cuando se detecta circulación del virus en una zona, la información se comunica a la consejería de Salud, y de aquí a los centros de atención primaria, de manera que el profesional médico sepa exactamente qué buscar.

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Finalmente, Figuerola recuerda que la mejor tecnología de prevención es una naturaleza sana bajo el prisma del one health (una sola salud). Favorecer la presencia de depredadores naturales como murciélagos, golondrinas, libélulas y escarabajos acuáticos es la forma más inteligente y sostenible de control. "Cuantos más depredadores naturales tengamos, menos nos tendremos que preocupar de los mosquitos", concluye. Es la gestión del riesgo a través de la biodiversidad: proteger el ecosistema para, en última instancia, protegernos a nosotros mismos.

El bisturí para cortar la transmisión

La última pieza de este rompecabezas la encontramos en el Vall d'Hebron Institut de Recerca (VHIR). El grupo Diagnostic Nanotools (DINA), liderado por la doctora Eva Baldrich, trabaja desde 2018 en el desarrollo de una tecnología que permita un diagnóstico masivo, rápido y económico en entornos con recursos limitados. Aunque su validación más reciente se ha centrado en la malaria, la filosofía es la misma que la de la UPF o Doñana: utilizar la precisión tecnológica como una herramienta de "hackeo de la cadena de transmisión.

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El equipo ha diseñado un dispositivo innovador, basado en papel, que solo necesita una gota de sangre obtenida del dedo del paciente para funcionar. La gran ventaja de esta herramienta respecto a los tests rápidos convencionales es que ofrece resultados cuantitativos. "Esto permite estimar la carga parasitaria y la gravedad de la enfermedad", explica el equipo del VHIR. Se trata de un paso crítico para identificar no solo quién está enfermo, sino quién tiene el potencial de convertirse en un gran transmisor.

Consejos para un 'hackeo' doméstico: cómo desarmar los criaderos
  • Vigilancia semanal: es necesario vaciar cualquier recipiente que pueda acumular agua –como platos de macetas, cubos y juguetes de jardín– al menos una vez por semana para cortar el ciclo de cría.
  • El peligro de los neumáticos: Son micronichos ideales para el mosquito tigre. Sus huevos pueden sobrevivir meses en condiciones de sequía y reactivarse inmediatamente cuando vuelven a recibir agua.
  • En el interior de casa: no olvidemos los puntos críticos invisibles. Si hay desagües o sumideros poco utilizados, el consejo de los expertos es poner piedras grandes, drenarlos o aplicar un poco de lejía para evitar que se conviertan en fábricas de mosquitos.
  • Aire acondicionado: si recoges el agua de la condensación en botellas o recipientes, recuerda vaciarlos con frecuencia. Incluso dentro de un lavavajillas averiado se han llegado a encontrar criaderos.
  • Ropa y repelentes: en zonas de riesgo y durante las horas de máxima actividad (salida y puesta de sol), el uso de manga larga y repelentes adecuados es la última barrera de defensa personal.

Este diagnóstico es vital para localizar a los pacientes asintomáticos. En enfermedades como la malaria –todavía hay más de 200 millones de casos y causa medio millón de muertes anuales– o el dengue, las personas que no presentan síntomas actúan como reservorios silenciosos: el mosquito las pica, capta el patógeno y lo transmite a la siguiente persona sana. Cortar este hilo de contagio mediante la detección precoz es, en esencia, una intervención quirúrgica sobre el cuerpo social.

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La tecnología ya ha superado la prueba de fuego. En octubre de 2025 tres investigadoras del grupo se desplazaron al Hospital Nossa Senhora da Paz de Cubal, en Angola, para probar el prototipo en condiciones reales de campo. Allí, lejos de la estabilidad del laboratorio, tuvieron que liofilizar los reactivos para evitar depender de la cadena de frío. "Para ser la primera vez que sacamos la tecnología al campo, el comportamiento ha sido muy digno. Ahora sabemos qué tenemos que mejorar", resume Baldrich.

Este proyecto, llamado CATMAL y que también cuenta con el apoyo de la Fundación La Caixa, no busca solo exportar tecnología desde Europa, sino establecer los fundamentos para que se pueda fabricar y utilizar directamente allí donde haga falta. Es la culminación de una estrategia global: si somos capaces de diagnosticar con precisión y reprogramar la biología del mosquito, podremos arrinconar finalmente las fumigaciones indiscriminadas que dañan nuestro entorno. Como ha demostrado la ciencia catalana, hackear el mosquito no es eliminarlo; es desarmar el peligro para proteger la vida en todas sus formas.