¿Sueñan los pulpos como los humanos?
Los cefalópodos son probablemente los invertebrados más inteligentes: cazan, juegan y también parece que pueden soñar como nosotros
Los pulpos, las sepias y los calamares son cefalópodos. El nombre, cefalópodos, deriva de la unión de dos palabras griegas, kefale y pus, que indicarían, ilustrativamente, que se trata de un animal cuyos pies le salen de la cabeza. A pesar de estar agrupados dentro del gran grupo de los moluscos, con los caracoles y con los mejillones y las navajas, los cefalópodos son animales que consideramos inteligentes. ¿Nunca habéis visto una película de terror que muestre un mejillón gigante cazando personas, pero sí que es probable que hayáis oído hablar de un calamar gigante que nos vigila desde las profundidades oceánicas. De hecho, hace poco se encontraron evidencias de que, en la época de los dinosaurios, existían cefalópodos marinos gigantes de casi 20 metros de longitud, depredadores grandes como camiones. Ha costado tiempo encontrar estos restos, porque, al tener cuerpos blandos, la huella en el registro fósil es difícil de encontrar y confirmar.
Quizás recordéis también la anécdota divertida de un pulpo llamado Paul, habitante de un acuario de una ciudad alemana, al cual consultaban cuál sería el resultado de los partidos del Mundial de fútbol del 2010 y que acertó qué equipo ganaría en el 100% de los partidos en que participaba la selección alemana. Evidentemente, el Paul no tenía el poder de adivinación, pero es cierto que, desde hace más de un siglo, con experimentos realizados en la estación zoológica marina de Nápoles se han encontrado evidencias claras de que los cefalópodos tienen memoria de corto plazo y, hasta incluso, pueden aprender. Hay vídeos de acuarios que muestran cómo estos animales pueden jugar con otros de la misma especie, tirándose arena, algas y objetos los unos a los otros.
Así, no nos debe extrañar que en muchos países de Europa, como por ejemplo en España, la investigación científica en cefalópodos esté regulada bioéticamente, justamente porque se considera que son animales con inteligencia y que se debe ir con cuidado con los procedimientos experimentales, por ejemplo para no causarles ningún dolor innecesario. Son los únicos animales invertebrados que tienen esta consideración especial, junto con todos los vertebrados, entre los cuales hay los mamíferos, como por ejemplo los ratones y las ratas de laboratorio.
Soñar en colores
Si nos fijamos en la anatomía de los pulpos, realmente son diferentes a nosotros. Lo que consideramos su cabeza, por ejemplo, sería equivalente a nuestro tronco, ya que es donde residen los tres corazones (uno principal y dos secundarios) y los sistemas digestivo, renal y reproductor. La parte donde tienen los ojos y el pico que cubre su boca sería equivalente a nuestra cabeza, ya que allí reside su cerebro, que son ganglios que rodean su esófago y que conectan con los ojos. Su sistema nervioso está relativamente descentralizado: cada brazo tiene ganglios propios, justo en la base, que forman un círculo entre ellos y que son responsables del movimiento y de la percepción del movimiento y del tacto. En algunas especies, incluso, hay regeneración del brazo o de las ventosas.
Los ojos de los cefalópodos nos atraen especialmente, a nosotros, ¡pero también a los zoólogos! Aunque nuestros ancestros se separaron hace unos 550 millones de años, la evolución independiente de los dos linajes nos ha llevado a converger y presentar un ojo de cámara muy similar, con una retina de diferentes capas neuronales que tapiza el fondo del ojo. Muchos cefalópodos ven en color; no exactamente como nosotros, que tenemos fotorreceptores sensibles a diferentes longitudes de onda de la luz, sino porque su pupila es ondulada y presenta índices diferentes de refracción de la luz. Al recibir una excitación en diferentes zonas de la retina, según cómo le llega la luz, los ganglios interpretan un patrón diferencial que da color y forma a la realidad que les rodea. En este contexto, su percepción visual es tan acurada que su piel puede cambiar rapidísimamente de color y apariencia para camuflarse con el entorno, adquiriendo tonalidades y texturas aparentes tan similares a la arena, las piedras o los corales donde se encuentra el animal, que hasta a nosotros, que tenemos una gran agudeza visual, nos parece imperceptible.
Un artículo reciente ha estudiado los pulpos cuando duermen, tanto en lo que respecta a la actividad neuronal como, muy curiosamente, al color de la piel. Los investigadores han demostrado que los cefalópodos duermen y sueñan como nosotros, con diferentes fases del sueño y con respuestas diferenciales del color de la piel en respuesta a estas diferentes fases, al igual que nuestro cerebro también responde a las diferentes fases de nuestro descanso. Pensar que estos animales evolutivamente tan lejanos son capaces de compartir con nosotros la necesidad de desconectar su cerebro y que, en respuesta, sus neuronas conectadas en teórico reposo son capaces de crear sueños, como lo hacen las nuestras, no deja de maravillarnos y, al mismo tiempo, nos hace sentir parte inherente de este mundo natural que nos rodea.