Evolución

Pájaros con alas más cortas o cangrejos en cajitas de yogures: la actividad humana fuerza a las especies a evolucionar

A pesar de que la presión antrópica está destruyendo la biodiversidad, al mismo tiempo también estimula el cambio evolutivo de muchas especies

David Segarra
hace 18 min
4 min

En 1980 una pareja de biólogos norteamericanos comenzaron a estudiar la golondrina de los riscos en Nebraska, una zona donde este ave anida en los pilares de las autopistas. Y a medida que el tiempo pasaba se dieron cuenta de que sus alas eran cada vez más cortas: a lo largo de 30 años se fueron acortando unos dos milímetros por década. Según Charles y Mary Brown, autores del estudio, este cambio se habría seleccionado porque las alas cortas ofrecen más maniobrabilidad a las aves, más capacidad de girar en espacios pequeños, y esto ayudaría a las golondrinas Petrochelidon pyrrhonota a esquivar mejor los vehículos y evitar los atropellamientos.

El caso de esta golondrina ilustra los insospechados caminos que puede tomar la evolución biológica hoy. Cuando pensamos que las especies evolucionan fácilmente visualizamos fósiles que vivieron en un pasado remoto, y nos viene a la cabeza la imagen de dinosaurios, los trilobites y otras criaturas lejanas. Y, sin embargo, la evolución no se detiene y los organismos vivos actuales están, de hecho, cambiando ahora mismo, ante nosotros, aunque a simple vista no nos demos cuenta.

¿Y cuál es la gran fuerza motriz de la evolución biológica hoy? El biólogo Menno Schilthuizen, ecólogo e investigador del Centro de Biodiversidad Naturalis de Leiden, en los Países Bajos, lo tiene claro: nosotros. En palabras suyas, “la actividad humana es actualmente el componente más fuerte de todas las presiones que constituyen la selección natural”. Para este científico, autor de los libros The Urban Naturalist y Darwin comes to Town [sin traducción al catalán], “las actividades humanas, sobre todo en las áreas urbanizadas, están provocando cambios ambientales drásticos y, por tanto, estimulan que los organismos salvajes se adapten y evolucionen”. De hecho, “cuanto más drásticos sean estos cambios, más rápida y profunda será la respuesta evolutiva“, asegura en una entrevista al diario ARA Schilthuizen.

El peso de los humanos

El caso de las ciudades es especialmente interesante. Los sistemas urbanos parecen un entorno muy hostil para la vida, pero también son una gran oportunidad para la evolución biológica. Los ejemplos que describen los científicos son muy numerosos: desde modificaciones en las patas de lagartos para agarrarse mejor a las resbaladizas superficies urbanas; hasta cambios en las semillas de plantas que facilitan su propagación dentro de los alcorques de las aceras donde viven; o arañas que se están adaptando a hacer sus telarañas cerca de las farolas, porque la luz atrae a las polillas de las que se alimentan. En el caso de estos artrópodos, esto no tendría nada de particular si no fuera porque tienen fobia a la luz, son lucífugos. En este sentido, curiosamente, un ingenioso estudio hecho con la araña Steatoda triangulosa por el investigador Tomas Czaczkes, de la Universidad de Ratisbona, en Alemania, muestra cómo los ejemplares urbanos están perdiendo el miedo a la luz, mientras que sus compañeras del medio rural mantienen su ancestral preferencia por la oscuridad. El estudio se hizo con individuos nacidos en el laboratorio, lo que evidencia que hay un componente genético en este comportamiento. Y los cambios genéticos son heredables, y por tanto tienen valor evolutivo.

Si las arañas sacan provecho de la luz, sus presas responden haciendo justamente lo contrario: estudios con la polilla Yponomeuta cagnagella han evidenciado cómo los individuos urbanos son atraídos por la luz un 30% menos que los rurales. La luz artificial que hacemos los humanos crea un escenario evolutivo nuevo, donde cambia la interacción entre diversas especies de predadores y de presas.

Adaptarse o desaparecer

Pero no todo ocurre en el medio urbano. Un ejemplo curioso lo encontramos en los cenobítidos, unos cangrejos ermitaños terrestres de distribución tropical. Antes, estos animales buscaban una concha de caracol vacía donde metían su cuerpo. Pero desde hace unos años, muchos cangrejos utilizan pequeños residuos: meten su abdomen dentro de cajitas de yogur, bombillas rotas, tapones o trozos desquebrajados de botella. Este nuevo uso de materiales heterogéneos por parte de los cangrejos plantea interesantes interrogantes evolutivos: de entrada, pueden interferir en la selección sexual, ya que a menudo las hembras cuando eligen pareja prefieren las novedades, los fenotipos nuevos, una tendencia que también se ha visto en peces, aves y otros organismos. Pero estas “conchas” nuevas y llamativas no se correlacionan necesariamente con atributos de protección, y, de hecho, pueden ser más débiles. De manera que se puede producir una asociación entre la tendencia a incorporar conchas artificiales de los cangrejos y su éxito reproductivo, lo que abre caminos evolutivos insospechados en estas especies.   

Al final, todos estos ejemplos muestran que la evolución no se detiene. Hay evidencias de cambio en muchas especies, y diversos autores señalan que lo hacen a un ritmo bastante rápido, para adaptarse a sistemas urbanos, autopistas, desechos, contaminantes... Los humanos hemos modificado el teatro ecológico creando un nuevo escenario simplificado y estresante, bastante homogéneo, donde las especies se esfuerzan por adaptarse. Sin embargo, muchas no llegarán a hacerlo.  

“La aceleración de los cambios, sobre todo en el clima y en los usos del suelo, puede dejar a muchas especies fuera de juego”, afirma Jaume Terradas i Serra, catedrático emérito de ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), que alerta de que “se están produciendo muchas extinciones, la mayoría locales pero también definitivas.” Es bien sabido que la biodiversidad está menguando de manera alarmante debido a la presión antrópica, lo que puede afectar negativamente a nuestra misma especie. Pero, a pesar de todo, la evolución funciona. Y esto es una buena noticia porque, como decía el ecólogo cumbre Ramon Margalef, "pase lo que pase con la humanidad, la vida seguirá en el planeta Tierra".

Biólogo y colaborador del Departamento de didáctica de las ciencias de la Universidad de Vic
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