Biomedicina

De 40 a 500 reglas de media a lo largo de la vida: cómo los cambios sociales han aumentado el riesgo de endometriosis en las mujeres

La medicina de precisión busca agilizar el diagnóstico con métodos no invasivos, descifrar la biología de cada mujer y ofrecer tratamientos personalizados

Raquel Villanueva
26/04/2026

Casi una década. Es el abismo temporal que, de media, tiene que atravesar una mujer en Cataluña antes de descubrir que el dolor que sufre no es "lo que toca", sino una enfermedad que tiene nombre: endometriosis. Actualmente, una de cada diez catalanas convive con esta patología crónica e inflamatoria que secuestra su salud física y emocional ante la normalización histórica del dolor femenino. Para el Dr. Francisco Carmona, jefe de ginecología del Hospital Clínic y referente internacional en la materia, la etiqueta de enfermedad silenciosa es una trampa. En realidad, ha sido una patología silenciada por un sesgo de género en la investigación científica. Su sentencia no puede ser más gráfica: "Si los hombres tuviéramos dolor testicular cinco días al mes, el mundo se habría parado hace años".

Hoy, sin embargo, el paradigma está cambiando: la inteligencia artificial y la nueva ingeniería diagnóstica han tomado el relevo para ofrecer, por fin, respuestas y tratamientos personalizados a una generación de pacientes que ha dicho basta. "He perdido la cuenta de las veces que he oído que el dolor que sentía era normal o que había mujeres más sensibles que otras", recuerda Lorena Martínez Pérez, de 44 años, presidenta de la Asociación de Afectadas de Endometriosis de Cataluña (Endo&Cat). Para ella, el problema de raíz es la invisibilización: "Hemos vivido años sin que nadie nos creyera de verdad".

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Una colonización inesperada

La endometriosis se comporta como una especie de expansión implacable. Células que deberían vivir confinadas en el útero –formando el endometrio, la membrana que acoge al embrión– deciden viajar e instalarse en lugares insólitos: en los ovarios, en los intestinos, en la vejiga o, incluso, en los pulmones o en el nervio ciático. El drama molecular comienza con cada ciclo menstrual. Estos tejidos rebeldes responden a las hormonas igual que el útero: crecen, se inflaman y sangran. Pero, a diferencia de lo que ocurre durante la regla, esta sangre no tiene ninguna vía de salida al exterior. Esto desata una tormenta química en la que el organismo, en un intento desesperado por defenderse de esta invasión, libera una combinación inflamatoria cargada de tres elementos clave: las interleucinas, unas moléculas mensajeras que hacen sonar la alarma química para llamar a las defensas; los macrófagos, unas células que deberían hacer de brigada de limpieza para eliminar el tejido sobrante, pero que aquí a menudo acaban alimentando el caos; y las prostaglandinas, las moléculas que provocan las contracciones y que son las verdaderas responsables del dolor agudo. Este ejército descontrolado no se queda quieto en la pelvis, sino que viaja por el torrente sanguíneo e intoxica al resto del organismo, lo que provoca que deje de ser un problema local y se convierta en una enfermedad sistémica que cambia toda la química del cuerpo.

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–sustancias químicas presentes en plásticos o cosméticos que Este «gatillo» es la epigenética, el campo de la ciencia que estudia cómo el entorno puede encender o apagar nuestros genes. Factores como la nutrición, el ejercicio o la exposición a los disruptores endocrinos –sustancias químicas presentes en plásticos o cosméticos que engañan a nuestras hormonas– pueden ser los que disparen la enfermedad. Además, entra en juego un error de limpieza del sistema inmunitario. En la mayoría de mujeres, cuando parte del tejido menstrual refluye hacia el interior del cuerpo en lugar de salir (la menstruación retrógrada), las defensas lo eliminan de manera natural. En cambio, en las pacientes con endometriosis, el sistema de limpieza falla: el cuerpo no es capaz de digerir estas células forasteras y les permite arraigar y proliferar hasta convertirse en una amenaza crónica.

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DUFIC, un dispositivo para la recolección de fluidos uterinos 'in vivo'De la anatomía a la bioquímica

Hasta ahora, para poner nombre a la endometriosis se tenía que pasar, casi inevitablemente, por el quirófano. Esta dependencia de métodos invasivos, como la laparoscopia o las biopsias endometriales por succión, ha alimentado durante décadas el retraso diagnóstico y ha encallado a las pacientes en una espera quirúrgica a menudo agotadora solo para obtener una confirmación oficial. El nuevo paradigma científico, sin embargo, quiere jubilar el bisturí en favor de la precisión molecular: pasar de la anatomía –mirar la forma del tejido– a la bioquímica –descifrar las proteínas.

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Uno de los proyectos más innovadores en esta línea es DUFIC, a device for 'in vivo' uterine fluid collection, liderado por la investigadora Analuce Canha Gouveia y la doctora Sánchez-Ferrer. Este dispositivo, seleccionado por el programa CaixaImpulse Innovación de la Fundación La Caixa, utiliza la capilaridad –un fenómeno físico similar al de un terrón de azúcar absorbiendo el café– para recoger el fluido del útero de forma pasiva. A diferencia de la biopsia tradicional, el método es prácticamente indoloro y permite identificar marcadores inflamatorios mucho antes de que las lesiones sean visibles en una ecografía.

Más allá del fluido uterino, la ciencia explora otros horizontes no invasivos para agilizar el cribado. En países como Francia, Alemania o Suiza ya se utilizan tests de saliva basados en el perfil de micro-ARN, una biopsia líquida que detecta el rastro genético de la patología con una muestra mínima. En paralelo, el análisis de la sangre menstrual y la búsqueda de marcadores en la sangre son avances que ya han llegado a revistas científicas de referencia como Nature Communications.

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Tratamiento personalizado

La frontera final de la investigación no busca solamente detectar la enfermedad, sino también descifrarla. Hasta ahora, la endometriosis se ha tratado como un bloque uniforme, pero la ciencia ha empezado a entender que, en realidad, es un rompecabezas de diferentes entidades biológicas. La investigación quiere repetir el éxito de la oncología: si el cáncer de mama dejó de ser una enfermedad única para dividirse en subtipos moleculares, la endometriosis busca ahora su propio código de barras. Esta clasificación, que hace tres décadas cambió el rumbo de la lucha contra el cáncer, es la que hoy permite salvar miles de vidas gracias a la medicina de precisión.

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Mediante elatlas de las células del endometrio humano –un mapa genético exhaustivo–, los investigadores están identificando subtipos de la enfermedad según su perfil molecular. "No nos tiene que servir solo para decir «tienes endometriosis», sino también para saber de qué tipo es: si evolucionará rápidamente o si te puede causar esterilidad", afirma el doctor Carmona. Identificar estos subtipos permitiría también predecir la agresividad de la patología desde el momento del diagnóstico. Disponer de este pronóstico molecular daría a las mujeres la clave para planificar su vida y su maternidad con datos reales y las liberaría de la incerteza crónica que hasta ahora ha marcado su vida médica.

Este avance en medicina de precisión pretende acabar con el tedioso método de prueba y error que hoy sufren las pacientes, que saltan de un tratamiento hormonal a otro sin saber si será el correcto. "Poder recibir medicina de precisión, que un médico te diga «tienes este subtipo y este es el tratamiento que te corresponde», es una realidad que en otras enfermedades existe hace años", reivindica Martínez. Para la presidenta de Endo&Cat, el avance de la investigación es, por encima de todo, una deuda pendiente: "Dejar de ser conejillos de indias no es un lujo, es lo mínimo que deberíamos haber tenido siempre por una cuestión de equidad".

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ENDO-HEALTH: Un 'semáforo' de inteligencia artificial
  • RojoCasos de alta complejidad que necesitan la atención inmediata de las unidades de élite del Clínic.
  • ÁmbarMujeres que requieren una vigilancia más estrecha por parte de especialistas ginecológicos.
  • VerdePacientes estables que pueden ser seguidas con total seguridad desde la atención primaria o por matronas.