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Conejitos de Indias al servicio de la ciencia

Cada vez más, los voluntarios son una pieza clave en los estudios de investigación

26/01/2026

"Nos ha cambiado la vida", asegura con convencimiento y una sonrisa honesta Imma Santiago Die. "No sólo a mí, sino a todos los que hemos participado. Ya no somos los mismos que antes", insiste, y da una mirada cómplice a su hermana Carme, que también asiente. "Ahora cuidamos nuestra alimentación, hacemos actividad física, estimulación cognitiva y salimos a pasear ya realizar actividades juntos. Sin ir más lejos, hoy hemos quedado para ir a comer juntos", explica.

Hace cinco años, cuando Imma tenía 67, se enteró de que en el Hospital del Mar estaban reclutando voluntarios para un estudio sobre prevención de la demencia. Ella acababa de participar en otro estudio de la Fundación Pasqual Maragall y estaba muy satisfecha, así que no sólo se apuntó, sino que convenció a su hermana Carme para que también se apuntara. "Nos reunieron en la Barceloneta a los once voluntarios, y salimos un poco asustados. Nos dieron un dossier y diversos materiales y nos detallaron todo lo que deberíamos hacer", explica Imma, quien recuerda que acabaron "con la boca abierta, porque requería mucha dedicación". "¡Era exactamente cómo tener un trabajo!", exclama. Incluso, dicen estas hermanas, "un hombre lo dejó al poco porque no podía sostener tanta dedicación".

El estudio al que se apuntaron Imma y Carme era PENSA, un ensayo clínico llevado a cabo conjuntamente por el Instituto de Investigación del Hospital del Mar (HMRIB) y el Centro de Investigación BetaBrain de la Fundación Pasqual Maragall que pretendía evaluar si una intervención sobre la intervención una mayor probabilidad de desarrollar demencia podría prevenir la aparición de la demencia. De hecho, los voluntarios debían ser portadores del gen APOE4, que multiplica hasta cinco veces el riesgo de sufrir la enfermedad neurodegenerativa.

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De las 1.500 personas que se presentaron reclutaron a 129. Eran personas sanas, de entre 60 y 80 años, a las que realizaron un seguimiento exhaustivo entre noviembre de 2019 y marzo de 2023. "Es el único estudio que se ha realizado en el mundo" el HMRIB, Rafael de la Torre. Anteriormente, el equipo de investigadores ya había estudiado limpacto de la dieta mediterránea sobre la cognición y había colaborado en un trabajo del Centro de Regulación Genómica, liderado por la neurocientífica Mara Dierssen, para evaluar el efecto de una molécula del té verde, el EGCG, para mejorar la cognición de personas con síndrome de Down. "Entonces nos planteamos si todos aquellos resultados podrían ser aplicables a personas con riesgo de desarrollar una demencia", explica De la Torre, profesor de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

El día que nos encontramos con Imma y Carme, el equipo de científicos han convocado a los participantes del estudio para explicarles los resultados que han obtenido después de escudriñarlos durante quince meses: han visto que los participantes que han hecho el programa completo del estudio –alimentación, actividad física y entrenamiento personal– han mejorado la cognición de hasta 4, reducido aproximadamente un 25%.

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"Les obligábamos a hacer gimnasio con un entrenador y sesiones diarias de psicoestimulación. Debían seguir una dieta personalizada y participar en actividades grupales, como salidas al teatro, conciertos, cursos de cocina... –explica De la Torre–. Algunos se nos quejaban porque decían que no les quedaba tiempo para estar con los nietos".

Además, les hacían formaciones sobre el declive cognitivo y el Alzheimer y qué tenía que ver el estilo de vida. "Queríamos empoderar a los voluntarios: enseñarles la ciencia que había detrás de cada consejo que les dábamos", apunta Laura Forcano, psicóloga del Hospital del Mar y del HMRIB. Quizás participar era exigente, pero para Forcano al final era un win-win:"Nosotros podíamos extraer los datos que necesitábamos para realizar el estudio y los voluntarios adoptaban unos hábitos de vida saludables que les beneficiaban", apunta.

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Contribuir al bien común

Las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, son la principal causa de discapacidad en el mundo, por delante del cáncer y las enfermedades cardiovasculares juntas. Según las estimaciones actuales, en diez años, una de cada tres personas de entre 40 y 65 años recibirá un diagnóstico que impactará sobre su salud mental y cerebral, lo que tendrá consecuencias sobre su calidad de vida. Ante este reto global, resulta crucial entender qué lleva al cerebro a enfermar.

Y eso es precisamente lo que persigue la iniciativa Barcelona Brain Health (BBHI), liderada por el Institut Guttmann con la colaboración de la Universidad de Barcelona. Para llevar a cabo este tipo de estudios, se requiere potencia estadística: muchos datos de una muestra variada de pacientes durante un período largo de tiempo. Sólo así pueden extraerse conclusiones. En este sentido, la BBHI lleva ocho años siguiendo a más de 6.000 personas sanas de más de 40 años, residentes en España, para estudiar la huella biológica que los hábitos de vida modificables imprimen sobre la salud del cerebro.

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"Queríamos conocer y entender cómo mantener la salud cerebral a lo largo del tiempo", afirma el director de investigación del Instituto Guttmann Javier Solana. Y esto ocurre, dice, por "estudiar el cerebro antes de que aparezca la enfermedad y buscar asociaciones entre el estilo de vida de la persona y la patología que pueda desarrollar en el futuro, con el objetivo de encontrar medidas de prevención".

El Institut Guttmann sólo necesitó dos días para conseguir los 6.000 voluntarios que necesitaba. "Se apuntaron tres tipos de perfiles: personas que tenían sospechas de declive cognitivo pero no un diagnóstico; personas con algún familiar con Alzheimer, y, por último, personas sanas, muy motivadas, que de forma totalmente altruista dedican su tiempo a participar en el estudio. Son las que más me fascinan", explica Solana.

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Entre las personas del tercer grupo se encuentra Isabel Moya, que tenía 45 años cuando se apuntó. "Tenía la sensación de que había mucha investigación centrada en el cuerpo, para alargar su juventud, pero poca en el cerebro", recuerda. Al principio la participación era exigente. Guttmann ha cuantificado el esfuerzo y la generosidad de los 6.000 voluntarios: han contestado a 105.000 cuestionarios online que han permitido captar 14 millones de respuestas sobre hábitos de vida, antecedentes y factores ambientales, psicológicos y sociales, así como quejas de salud. Además, 1.000 personas de la cohorte se han sometido a dos rondas de pruebas médicas presenciales, como analíticas, resonancias cerebrales o electroencefalograma, entre otros. El equivalente, en total, a 946 días.

Incluso hay voluntarios que vienen de tan lejos como Canarias, y que se sufragan ellos mismos tanto el avión como el alojamiento y las dietas. "El compromiso que tienen con la búsqueda es increíble", reconoce, boquiabierto, Solana. La mayoría de los voluntarios, de nuevo, son mujeres. "Ha sido muy enriquecedor. El proyecto te ayuda a conocerte mejor y, a la vez, contribuyes a la ciencia", dice Isabel, que bromea: "Si algún día acaban descubriendo una fórmula para mantener el cerebro joven, espero ser de las primeras en probarla".

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Participación en todas las fases

Desde hace unos años, al menos en Europa, los voluntarios no sólo participan en el estudio en sí como conejitos de Indias, sino que también participan en el diseño. En el caso de la BBHI, explica Solana, seleccionaron a un grupo reducido de voluntarios con los que trabajar aspectos de la investigación, de la interfaz de la web o de la duración de los cuestionarios.

Otro aspecto innovador de los últimos años es que cada vez se tiene más en cuenta la perspectiva de género y sexo. La Comisión Europea también lo exige en todos los proyectos que financia. Solana pone como ejemplo la menopausia: "Al inicio no la recogíamos, y tres años más tarde empezamos a hacerlo. Ahora tenemos en cuenta esta etapa de la vida de la mujer como factor de riesgo del declive cognitivo, las demencias. Aún no tenemos resultados, pero seguro que tiene un impacto", apunta.

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El regreso a la sociedad

"Yo siempre tengo un sí para esta casa", asegura Tanit Tubau, una joven de 36 años que contagia entusiasmo, en referencia al Hospital Clínic de Barcelona. "Me han cuidado y curado, confío al 100%. Por tanto, si me piden una muestra y con esto puedo contribuir a que otros pacientes mejoren y no tengan que pasar por lo mismo que yo, ¿qué me cuesta a mí?", se pregunta.

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Tanit padece la enfermedad de Crohn desde los 9 años, versión "pata negra", tal y como se refiere con humor a esta enfermedad gastrointestinal inflamatoria. Ha pasado por dieciséis cirugías, se ha recuperado de un coma, se ha sometido a un trasplante de médula ósea y ha probado tratamientos de todo tipo. "La gente se piensa que el Crohn es un simple dolor de estómago, cuando es una enfermedad autoinmun, como su Crohn, es también una voluntaria pata negra. Además de dar muestras de sangre y tejidos siempre que se lo piden, ha escrito un libro y organiza eventos para recaudar fondos para la investigación, siendo muy activa en las redes sociales divulgando sobre la enfermedad.

Las muestras de Tanit y también las de Isabel, una mujer que a los 60 años empezó a sufrir colitis ulcerosa, son un preciado tesoro para realizar estudios sobre enfermedad inflamatoria intestinal. "Los modelos animales son útiles para investigar ciertos mecanismos, pero en última instancia hay que mirar qué ocurre en humanos. La investigación en elIDIBAPS, el centro de investigación biomédica vinculado al Hospital Clínic Barcelona, es 100% dependiente de las muestras que los pacientes altruistamente nos ceden", asegura la jefa del grupo de investigación del IDIBAPS en enfermedad inflamatoria intestinal, Azucena Salas.

Las muestras que de forma "supergenerosa" dan los pacientes al centro van a parar al biobanco de tejidos. escuchan atentas Aina Rodríguez, responsable de las plataformas científicas del IDIBAPS, que les explica cómo funciona este depósito. Esto que hace es de una generosidad espectacular, y por eso os lo queremos devolver un poco con estas visitas, también yendo a asociaciones de pacientes a hacer difusión, haciendo charlas en escuelas.. Es nuestra manera de intentar contribuir a la devolución".

La Tanit mira embobada todos los tanques. pacientes, y le gustó ver dónde estaban las partes de su cuerpo de las que había tenido que desprenderse: fragmentos del colon, del recto... "Como están aquí almacenadas, es como si no me hubiera deshecho del todo. A mí me dolían, pero ahora son útiles para otros pacientes y pueden ayudar a la investigación. Y esto vale cualquier esfuerzo que tenga que hacer".