Biomedicina

Disruptores endocrinos: utensilios de cocina y productos de higiene enferman los niños

El proyecto internacional Hypiend, liderado desde Cataluña, estudia cómo prevenir la exposición a sustancias que actúan como falsas hormonas

Alumnos de la Escuela Ocata de El Masnou, durante un reportaje sobre las hormonas en la alimentación escolar.
hace 23 min
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Una de las primeras cosas que cambiaron en casa Diana y Carlos fueron los productos de cosmética diaria, como desodorantes, champús, jabones de manos y geles de ducha por opciones más saludables. Poco a poco sustituyeron los utensilios de la cocina: tiraron botellas de agua y fiambreras de plástico para comprarlas de acero inoxidable y vidrio; después fue el turno de las sartenes, con versiones sin antiadherentes, y cucharones de madera para reemplazar a los de silicona que tenían. Además, implementaron el lavado de manos frecuente.

"Ya habíamos oído hablar de los disruptores endocrinos por las formaciones que habíamos hecho en el trabajo", explica Diana Arguisuelas, fisioterapeuta en Salut Armonic, en Alella. Por eso, cuando en la escuela de sus hijas –dos niñas de 6 y 9 años– organizaron una charla, no dudó en ir. "Nos explicaron qué era exactamente un disruptor, qué provocaba en el cuerpo, sobre todo de los niños, y todos los problemas de salud a los que se vinculan", recuerda. De hecho, les dieron tanta información que, "para que las familias no nos agobiáramos, la pediatra y la endocrina nos insistieron en empezar por tres premisas: lavado de manos, no utilizar botellas de plástico e intentar que los niños no se pusieran las manos en la boca", resume.

La escuela de sus hijas –ubicada en el Maresme, pero no se puede decir el nombre para no comprometer el estudio– participa en un proyecto internacional pionero liderado por Cataluña llamado Hypiend cuyo objetivo es investigar el impacto de los disruptores endocrinos sobre la salud de las poblaciones más vulnerables, como son las mujeres embarazadas y los niños. Con el conocimiento que generen, el objetivo es poder realizar recomendaciones basadas en la ciencia para reducir la exposición a estos químicos y así mejorar la salud de la población. "No se trata de crear alarmismo, sino de dar información clara y práctica para que las familias puedan tomar sus decisiones", afirma Sílvia Orte, una de las principales investigadoras del proyecto, liderado por Eurecat.

Engañan al organismo

Las hormonas son las moléculas responsables de la comunicación entre células, tejidos y órganos, siendo esenciales para el buen funcionamiento del cuerpo. Lo que hacen los disruptores endocrinos –también conocidos popularmente como disruptores hormonales– es engañar al organismo, haciéndose pasar por estas hormonas naturales cuando en realidad son compuestos químicos que proceden principalmente de derivados del petróleo.

Estas sustancias son capaces de alterar la respuesta de los receptores hormonales que tenemos en las células e influir en el funcionamiento del sistema endocrino, lo que impacta sobre funciones esenciales como el crecimiento, el metabolismo, el sueño o la reproducción. Y es más, estar expuestos a niveles elevados de estos compuestos químicos de forma sostenida en el tiempo se asocia a problemas serios de salud: desde alteraciones en el desarrollo, fertilidad, obesidad, enfermedades respiratorias y alergias, enfermedad metabólica y cardiovascular, así como cáncer.

El problema es que no podemos evitarlos del todo: están en todas partes. Estudios científicos realizados en grandes muestras de población muestran que están presentes en el 95% de los participantes y en la mayoría de los productos que utilizamos a diario, desde la comida en los juguetes, los productos de higiene personal y los de limpieza del hogar o la ropa. Estos compuestos penetran en el organismo a través del contacto con la piel, por ingestión o por inhalación. Por el momento, se han identificado más de un millar de sustancias con actividad probable de disruptor endocrino. Algunos son muy persistentes, como ciertos pesticidas capaces de permanecer en el cuerpo hasta 10 años, mientras que otros, como los parabenos o los bisfenoles, se excretan en cuestión de horas.

¿Por qué no están regulados y prohibidos, si se sabe que son perjudiciales para la salud? "Se van regulando a medida que los estudios científicos van demostrando sus efectos", apunta Noemí Boqué, investigadora de la Unidad de Nutrición y Salud de Eurecat. "Pero a veces puede haber intereses industriales detrás, o el hecho de que se produzca un efecto sinérgico o acumulativo hace que sea muy complicado establecer el límite que puede considerarse seguro para la salud", lamenta esta experta, que recalca que, además, cuando se prohíben algunos, aparecen nuevos "que son igual de perjudiciales o más". El plástico es una de las principales fuentes de disruptores endocrinos, subraya.

¿Dónde están los disruptores endocrinos?
  • Pesticidas

  • Perfumes, pinturas y embalajes de plástico. Pueden contener flatados. La comida ultraprocesada suele contener niveles más elevados de químicos.

  • Cremas solares y productos cosméticos con filtros UV. Muchos contienen benzofeniones y otros fenoles.

  • Productos de higiene personal y cosméticos. Pueden contener parabenos, triclosán y otros fenoles.

  • Botellas de plástico, contenedores de comida. Podemos contener bisfenol A.

  • Latas de comida o bebida, pueden contener bisfenol A.

  • En muebles, plásticos, textiles, y electrodomésticos y productos electrónicos tratados con retardante de llama. Pueden contener PFAS, conocidos como "Químicos eternos"

  • Cañitas de papel y de bambú

  • Productos de limpieza

  • Paellas y ollas antiadherentes

  • Comida empaquetada

Una preocupación que viene de lejos

Hacía años que los pediatras de todo el mundo constataban un aumento de las consultas de niños con pubertad precoz. Y los primeros estudios científicos empezaron a señalar como causa la exposición persistente a estos tóxicos. "El desarrollo saludable de la pubertad debe empezar a partir de los 8 años en las niñas y de los 9, en los niños. El hecho de que aparezca antes implica que se ha alterado el ritmo fisiológico normal, y debe estudiarse y tratarse, porque las pubertades precoces tienen impactos en la salud", explica Paula Sol Ventura, pediatra endocrina Coordinadora Pujol (Badalona) y Arnau de Vilanova (Lleida), además de investigadora principal de Hypiend en la parte de pubertad. Algunos de estos problemas están vinculados a la altura final de los niños y las repercusiones psicológicas y sociales. "¿Cómo se debe sentir una niña a la que le viene la regla con 8 años?", apunta Ventura.

Hasta el momento, la evidencia científica disponible sobre disruptores endocrinos surgía de estudios observacionales, que se basaban en evaluar el nivel de estos tóxicos en la orina de los niños y ver si esto se asociaba a una pubertad precoz. Pero "eso no demuestra que sea un efecto directo, porque puede haber otros factores implicados, como la dieta, que no puedes controlar", destaca Boqué. Y de ahí surge la motivación detrás de Hypiend. "Queremos tener pruebas directas sobre los efectos de estos compuestos sobre la salud", añade.

Objetivo: reducir la exposición de los niños

Con una financiación de 7 millones de euros procedente del programa europeo Horitzó, la iniciativa surge en Catalunya, impulsada por Eurecat, en colaboración con otros hospitales y centros de investigación como el hospital Trias i Pujol, que cuenta con una unidad pediátrica de salud medioambiental. Se desarrollará hasta 2028 y participan 14 instituciones, tanto de España como de otros ocho países europeos. En total, hay más de 700 niños involucrados de entre 6 y 8 años, de los cuales 350 proceden de 17 escuelas catalanas del Barcelonès Nord, Maresme, Vallès Oriental y Alt Pirineu.

En paralelo, el equipo ha puesto en marcha una segunda rama centrada en embarazadas y bebés hasta los 18 meses de vida, que persigue el mismo objetivo: ver cómo les afectan los disruptores y medir lo efectivas que son las estrategias para reducir su exposición.

En el caso del estudio de la prepubertad, las investigadoras primero toman muestras de orina, heces y sangre capilar para poder evaluar los niveles de tóxicos que encuentran; si su cuerpo los ha absorbido y si han provocado cambios epigenéticos. Después, informan y forman a las familias, con talleres y charlas, también al profesorado, para que aprendan a identificar los tóxicos ya evitarlos en lo posible. Pasado un tiempo, repetirán los análisis para ver si han logrado bajar los niveles de disruptores en el organismo de los niños.

"Nos centramos en las hormonas del eje hipotálamo-pituitario, que es el eje central que enmarca el proyecto, porque es uno de los que más se ve afectado por los disruptores y está estrechamente relacionado con el desarrollo de los niños y niñas", señala la endocrina Ventura, que añade que buscarán marcadores epi relación directa con los disruptores.

Efectos potenciales sobre la salud
  • Problemas cognitivos y de comportamiento

  • Algunos cánceres

  • Problemas reproductivos e infertilidad

  • Obesidad, diabetes y síndrome metabólico

  • Asma y enfermedad respiratoria

  • Problemas de desarrollo en la infancia

Dar alternativas

De cara a trabajar con las familias, las investigadoras han generado una aplicación móvil. "Lanzamos una serie de recomendaciones personalizadas, todas apoyadas en evidencia científica, que gamificamos", explica Orte, jefe de la línea de Digital Health de Eurecat. De hecho, recogen datos a través de cuestionarios que los realizan sobre hábitos de vida, de salud y psicosociales para analizar los comportamientos que deben cambiar las familias para prevenir la exposición a tóxicos.

"Hasta que empecé a trabajar en este proyecto utilizaba latas de conserva, como de atún", explica Orte, a modo de ejemplo personal. Y es que, casualmente, su hijo de 8 años acude a una de las escuelas que participan en Hypiend. "Una de las propuestas que nos hacen a las familias es dejar las latas, porque los químicos que llevan pasan a los alimentos, y nos proponen cambiarlas por otros en envases de vidrio", añade esta investigadora.

"Intentamos enseñar a las familias las alternativas que tienen y cómo pequeños hábitos pueden reducir la exposición a estos compuestos, no a cero, pero sí bajar los niveles", comenta Boqué.

Al final, valora a la pediatra endocrina Patricia Sol Ventura, investigadora principal del proyecto, si mejoras tu entorno, conseguirás un efecto positivo sobre la salud. "Afortunadamente, la salud no sólo se determina por el contacto con estos químicos, sino que también interviene nuestro estilo de vida y llevar una dieta saludable", recuerda. Pasar el mayor tiempo posible en espacios verdes y huir de los alimentos envasados ​​es un buen antídoto.

Consejos para reducir su exposición

  • Evitar cualquier tipo de utensilios o recipientes de cocina de plástico o silicona. Mejor utilizar cerámica, vidrio o acero inoxidable.
  • Ventilar bien la casa y aspirar el polvo, en lugar de barrer.
  • No utilizar sartenes y ollas antiadherentes. Mejor cerámica, hierro o acero inoxidable.
  • Evitar cosméticos con parabenos, benzofenonas, triclosán o flatados.
  • Limitar la ingesta de comida procesada y en lata.
  • Comprar alimentos de proximidad, de temporada y, si se puede, ecológicos.
  • No utilizar ambientadores sintéticos, porque suelen contener perfluorados. Si queremos perfume de casa, mejor conseguirlo con plantas, como la lavanda.
  • No lavar en el lavavajillas ningún utensilio de plástico, porque el calor daña el plástico y favorece la liberación de micropartículas.

Fuente de información: Sociedad española de endocrinología

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