Biomedicina

El secreto de una vida larga está, sobre todo, en tus genes

Un nuevo estudio concluye que la esperanza de vida humana es mucho más heredable de lo que se amaba

30/01/2026

Cuando les preguntan a los supercentenarios cuál es su elixir para gozar de una larga vida, hay quien alega que es tener un propósito vital, el famoso ikigai de los japoneses; mientras que otros, más pragmáticos, aseguran que la receta de la longevidad pasa por un yogur diario. Hasta ahora la ciencia del envejecimiento había apuntado que, para llegar a ser centenarios, lo necesario era seguir un estilo de vida saludable: alimentación sana, nada de fumar y de alcohol, ejercicio, descanso, estrés a raya. Pero ahora un nuevo trabajo publicado en Science pone por delante de todo esto otro factor, nuestra herencia genética.

Tras escudriñar los datos de más de 16.000 hermanos, el trabajo concluye que la esperanza de vida de cada uno, al menos en países occidentales, depende en un 55% de los genes que heredamos de nuestros padres, y el resto, sí, del entorno y del estilo de vida que llevamos. Este porcentaje es mucho más elevado de lo que hasta ahora se consideraba, que era en torno al 25%, y está en sintonía con lo visto en otras especies animales.

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O sea, que llegamos a cumplir los 90 tiene mucho que ver consigo nuestros padres y abuelos llegaron a esa edad y, también, claro, de si nos hemos cuidado y del entorno en el que hemos vivido. Las conclusiones del estudio desmontan, en cierto modo, la idea de que hasta ahora había predominado que llevar un estilo de vida saludable era nuestro seguro de longevidad. Y es que, según concluye este nuevo trabajo, por mucho que llevemos la vida más saludable del mundo, si nuestros progenitores murieron por causas naturales en los 80, nosotros no llegaremos a los 100.

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Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron una base de datos de gemelos de Suecia nacidos entre 1900 y 1935. Aunque son personas que experimentaron las dos guerras mundiales, la Gran Depresión o la pandemia de gripe, vivieron en una época con muchas mejoras sanitarias y de atención a la salud.

Los investigadores, para aislar el peso de la genética, intentaron dejar de lado factores de mortalidad extrínsecos, es decir, no vinculados a los genes, como muerte por enfermedades infecciosas, accidentes, toxicidades, asesinatos u otros. Este tipo de mortalidad extrínseca en estudios previos no se había tenido en cuenta, lo que explica en gran parte la diferencia entre los resultados del porcentaje de heredabilidad de la longevidad. Además, el nuevo trabajo apunta a que este tipo de fallecimiento aumentaba con la edad, a medida que la gente se iba haciendo más frágil.

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A continuación analizaron otra base de datos, en este caso de gemelos daneses nacidos entre 1870 y 1900, una época en la que se producían muchas muertes prematuras debido a enfermedades infecciosas como la difteria o el cólera. Y quisieron testar sus resultados con otra base de datos americana que contenía los datos de más de 2.000 hermanos.

Los resultados del trabajo apuntan a que la longevidad, como ocurre con la mayoría del resto de rasgos humanos complejos, es hereditaria, y está en sintonía con lo que se ha visto en estudios realizados con otras especies animales, señala en un artículo de opinión que acompaña al estudio Daniela Bakula, investigadora de la Universidad de la Universidad. "En todo el resto de organismos estudiados la esperanza de vida está estrechamente ligada a la genética", escribe.

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La demencia, la más heredada

La heredabilidad es un concepto biológico que establece la proporción en la que un cierto rasgo o característica, como la altura, el peso o la longevidad, en una población puede ser atribuida a la genética y no a factores ambientales. Para medir la heredabilidad de la esperanza de vida, los autores de este trabajo crearon un modelo matemático que tenía en cuenta la mortalidad extrínseca y el impacto del envejecimiento biológico. Calibraron el modelo con las bases de datos de hermanos escandinavos y americanos.

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En el estudio también analizaron el rol que tiene la heredabilidad genética en diferentes enfermedades. Así, en el caso del cáncer, vieron que era independiente de la edad y que estaba en torno al 30%. En cambio, en lo que a afecciones cardiovasculares se refiere, la heredabilidad era mayor, ascendía a un 50% en edades más tempranas. Las muertes por demencia eran las que tenían mayor heredabilidad, un 70% a los 80 años.

Que la esperanza de vida dependa en más de un 50% de la herencia familiar no implica, destacan los autores del trabajo, que llevar una vida saludable no sea importante, de hecho lo es mucho por tener calidad de vida. Ni que sea determinista. La heredabilidad al final es una estadística poblacional, que se aplica a una población específica en un entorno determinado y en un momento concreto. Esto no implica que la duración de la vida esté fijada para un individuo.

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"Los avances más importantes y duraderos en longevidad han procedido históricamente de medidas a escala poblacional en las condiciones de vida, la educación, la salud pública y la protección social, así como de innovaciones médicas cuando se difunden de forma amplia y equitativa", recuerda el demógrafo e investigador Ikerbasque Tim Riffe, de la Universidad del País Vasco Science Media Center España.

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Según este experto, estas intervenciones aumentan estándares de vida en general y llevan a vidas más largas, más saludables y satisfactorias, al tiempo que reducen las desigualdades en la supervivencia entre grupos sociales.