Eternamente jóvenes: los multimillonarios buscan el elixir de la eterna juventud
Hay oligarcas 'tech' que dedican mucho dinero y esfuerzos, incluso ofreciéndose ellos mismos como conejillos de indias, para probar "píldoras" y métodos para vivir más años
La gerociencia tiene como objetivo comprender los procesos asociados al envejecimiento humano para intentar diseñar mecanismos para esquivar la senescencia de células y órganos. El envejecimiento es un proceso fisiológico normal, pero si pudiéramos llegar a desentrañar qué mecanismos lo regulan quizá podríamos llegar a alargar nuestra vida. Este es un principio atractivo que recibe inversión pública pero sobre todo privada, ya que la gente con muchos recursos desea vivir muchos años.
Altos Lab, creada por multimillonarios como Jeff Bezos (fundador y director de Amazon) junto con capital riesgo, es totalmente privada, tiene varios premios Nobel como consejeros y ha contratado a tiempo completo a investigadores muy reconocidos en el mundo científico a quienes ha dado total libertad para crear medicamentos innovadores para el rejuvenecimiento. También encontramos influencers impacientes con los avances científicos y biohackers que hacen ingeniería con su cuerpo para cambiar el curso de la edad, como Bryan Johnson, un exempresario que hace años que se automedica para alargar su vida, y de quien podemos encontrar documentales en las redes sociales sobre el cóctel de medicamentos que se toma (o se ha tomado). Entre sus excentricidades se encuentran las transfusiones periódicas de sangre de su hijo adolescente para “limpiar” su sangre. También durante más de seis años se tomó metformina en diferentes dosis, pero justo acaba de confesar que lo ha dejado porque los efectos secundarios sobre su salud –entre los cuales, infecciones recurrentes y fatiga– le demostraron que quizá no era la píldora mágica que buscaba… Porque no nos engañemos, estos millonarios no buscan vivir muchos más años, sino ser eternamente jóvenes.
¿Hay un límite de esperanza de vida?
Todos hemos oído decir que la vida humana se alargará como una certeza próxima en el tiempo. Uno de los argumentos más utilizados es que ya la hemos expandido en poco más de un siglo. Y sí que es cierto que en muchos países europeos se ha doblado, pero este crecimiento no es exponencial. Hemos llegado a una situación de incremento muy limitado. Incluso en algunos países, como los Estados Unidos, está decreciendo a causa del incremento de la obesidad y la diabetes en gran parte de la población, lo que provoca graves problemas de salud y una reducción de la calidad de vida. Por otra parte, el optimismo generalizado no distingue entre la longevidad máxima de la especie y la esperanza de vida. La esperanza de vida es la predicción del tiempo de vida que un organismo tiene cuando nace, y en el caso de los humanos ha incrementado considerablemente por la disminución de la mortalidad infantil, el acceso a agua potable, los avances en higiene y cirugía y, sobre todo, gracias a los antibióticos y otros medicamentos que tratan todo tipo de enfermedades infecciosas, problemas cardiovasculares, diabetes o cáncer.
Hay bastantes evidencias científicas que demuestran que, en animales con ciclos de vida cortos –la mosca de la fruta, nematodos o ratones–, interferir en el consumo de calorías –restricción calórica– o en el uso que el cuerpo hace de la fuente principal de energía celular, la glucosa, como por ejemplo con metformina o medicamentos similares al Ozempic, alarga la vida de estos organismos. Pero nunca se ha demostrado que los determinantes de la longevidad máxima de nuestra especie sean los mismos que en estos animales. Claramente, un ratón es viejo con dos años y muere con síntomas asociados al envejecimiento, pero con dos años de vida nosotros todavía somos poco más que bebés en proceso de desarrollo.
Cabe remarcar que los medicamentos que interfieren en el uso de la glucosa en nuestros tejidos se prescriben (o deberían prescribirse) en el ámbito clínico. En caso de enfermedad y cuando hay alteraciones metabólicas, la relación riesgo-beneficio se decanta claramente por la medicación con los medicamentos adecuados y el control médico. De aquí, sin embargo, no se infiere que consumir estos medicamentos tenga un efecto beneficioso en todas las personas, sino todo lo contrario: todo medicamento tiene principios activos muy potentes, con efectos secundarios a veces imprevistos o indeseados. Aunque el peaje a pagar no sea inmediato, interferir en el metabolismo de la glucosa en una persona sana puede acarrear graves problemas de salud más adelante, aunque todavía no lo sabemos a ciencia cierta –hace demasiado poco tiempo que estos medicamentos existen para saber sus efectos a largo plazo.
Rejuvenecer partes del cuerpo
Muchos científicos, conocedores de la dificultad de intentar alargar la longevidad humana, prefieren fijarse objetivos más cercanos y potencialmente abordables, como ahora rejuvenecer algunas partes del cuerpo. Es decir, quizás no sea tan importante vivir muchos más años como vivirlos como si fuéramos más jóvenes, rejuveneciendo nuestro cuerpo. La medicina regenerativa ha tenido un gran impulso desde los inicios del siglo XXI, a partir de la generación de células pluripotentes inducidas (iPSCs), células de una persona adulta que se han reprogramado para “volver a ser” embrionarias, verdaderas células madre que pueden diferenciarse hacia tejidos y miniórganos concretos, organoides de riñón, de cerebro o de retina… Ya hay publicaciones que demuestran que podemos generar una especie de tiras con células para recomponer corazones que han sufrido un infarto de miocardio o para recuperar la vista a gente con ceguera. Esta vía de rejuvenecimiento de órganos será posible, pero a un precio muy elevado, y hay que recordar que rejuvenecer un órgano no significa ser más joven en conjunto.
Ahora tenemos más gente centenaria que nunca, pero la longevidad máxima de la especie no se ha incrementado ni un año, continúa estando alrededor de los 122 años. ¿Podremos cambiar los límites de la longevidad humana? La respuesta a esta pregunta la abordaremos en otro artículo.