Es necesario poner límites a la neurotecnología

La Unesco aprueba el primer marco global de ética para las tecnologías capaces de influir o modular la actividad cerebral

17/02/2026

La neurotecnología, las herramientas que pueden leer, modular o interpretar la actividad de nuestro cerebro, avanza a pasos acelerados. Pero con esta evolución tan rápida también incrementa el riesgo de injerencias no deseadas ni autorizadas en nuestra mente, que pueden afectar a la privacidad e incluso a la libertad interior. Ante este desafío global, la Unesco ha dado un paso histórico: el 11 de noviembre de 2025 aprobó el primer marco global de ética para la neurotecnología, que establece unas normas universales para garantizar que esta revolución científica y tecnológica sirva para mejorar la calidad de vida y respete la dignidad humana. El texto ha sido elaborado por un grupo de 24 expertos internacionales, recogiendo miles de contribuciones de la sociedad civil, el sector privado, la investigación y los gobiernos, en un proceso plural y transparente.

La neurotecnología ya no es sólo cosa de laboratorios u hospitales. En la vanguardia de la medicina, esta disciplina ha ayudado a desarrollar tratamientos para enfermedades como el Parkinson o la depresión; ha permitido la comunicación directa entre el cerebro de personas con parálisis y una máquina, haciendo posible controlar prótesis con la actividad neuronal. La neurotecnología podría definir la próxima gran frontera del progreso humano. Pero, como advierte la propia Unesco, esa revolución que tantos beneficios puede aportar, no está exenta de riesgos. Están en peligro aspectos que, como humanos, son muy valiosos, como la integridad de la mente, la identidad personal, la privacidad mental y la libertad de pensamiento.

Cargando
No hay anuncios

El problema se agrava cuando estas tecnologías, cada vez más asequibles, comienzan a infiltrarse en la vida cotidiana. Ya pueden obtenerse cascos, auriculares, pulseras u otros dispositivos que permiten medir el estrés, optimizar el sueño o mejorar la atención a partir de datos cerebrales, a menudo en conectividad directa con la red. Estos datos neurales, que es como se les llama, son extremadamente personales y sensibles: pueden revelar emociones, reacciones e incluso el estado mental. Pero en muchos casos se recogen sin una clara regulación.

Respetar los derechos fundamentales

Las recomendaciones adoptadas por la UNESCO, que ya han entrado en vigor, definen a un conjunto de salvaguardias esenciales para que la neurotecnología contribuya al bienestar y al progreso humano sin vulnerar derechos fundamentales. Algunos de los ejes clave son elevar la dignidad de la mente humana como principio inviolable; considerar los datos neurales como sensibles, que exigen consentimiento explícito, finalidades claras y transparencia; proteger especialmente a los grupos vulnerables, como los niños, jóvenes, personas con discapacidades o problemas de salud mental, para impedir usos no terapéuticos en estos colectivos; evitar que la neurotecnología se utilice en ámbitos como el trabajo, la educación o el consumo para monitorizar rendimiento, condicionar la conducta, controlar la atención o manipular decisiones sin concienciación y supervisión; garantizar que cualquier desarrollo, despliegue o comercialización de tecnologías neurales explique claramente qué efectos puede tener física, cognitiva y emocionalmente, y que existan garantías de seguridad, accesibilidad y equidad.

Cargando
No hay anuncios

El contexto actual hace que esta norma sea urgente y alienta a su aplicación. Según datos de la propia Unesco, la inversión en empresas de neurotecnología creció un 700% entre 2014 y 2021. Esta explosión económica va acompañada de una proliferación acelerada de dispositivos no sólo con fines médicos, sino también dirigidos a cualquier consumidor y que prometen acceder a nuestro cerebro, monitorearlo, monitorearlo.

En 2019, por ejemplo, quien firma este artículo participó en un foro internacional titulado The Next Brain que reunió a 34 especialistas seleccionados de todo el mundo para discutir precisamente sobre estos temas, donde se presentaron los primeros datos de un proyecto realizado en China para monitorizar el nivel de atención del alumnado preadolescente y adolescente en directo. El motivo, según argumentaban los impulsores, era ver qué prácticas educativas mejoraban su nivel de atención. Sin embargo, a través de una aplicación los progenitores podían tener acceso directo a estos datos, con los que podían incrementar la presión sobre sus hijos e hijas, aparte de que quedaban almacenadas.

Cargando
No hay anuncios

Además, la combinación de estas tecnologías con la inteligencia artificial ha multiplicado exponencialmente las posibilidades de análisis: detectar patrones neuronales, emociones, estados mentales y, en un futuro más cercano a lo que parece, reconstruir imágenes mentales. Esto abre nuevos riesgos. ¿Qué significa libre pensamiento o incluso libre albedrío si se pueden leer o inducir emociones? ¿Cómo aseguramos la privacidad mental? ¿Qué peso tendrá la identidad íntima frente a algoritmos cada vez más sofisticados y eficientes?

Cargando
No hay anuncios

La recomendación de la Unesco no es una ley vinculante universal. De hecho, es una norma de mínimos, pero esencial. De momento, su principal virtud es su fuerza simbólica y moral, ya que es la primera norma global que marca límites éticos sobre la neurotecnología. Ahora comienza el trabajo real. Es el turno de los Estados miembros a incorporarla a sus legislaciones para transformar estos principios en leyes, regulaciones, buenas prácticas, controles y, sobre todo, conciencia social sobre lo que significa tener y dar acceso al cerebro humano. Con esta norma, la Unesco nos invita a reflexionar y decidir.