Salud

Encuentran por primera vez un vínculo directo entre la contaminación y el riesgo de sufrir Alzheimer

Las personas que han sufrido un ictus son más vulnerables al impacto de la polución en el cerebro

Vistas desde la colina del Carmel durante un episodio de contaminación por polvo del Sahara en Barcelona.
17/02/2026
3 min

BarcelonaEstar expuestos a niveles elevados de contaminación atmosférica aumenta el riesgo de desarrollar Alzheimer, según un estudio de la Universidad Emory de Estados Unidos. Tras analizar los registros médicos de cerca de 30 millones de personas de más de 65 años de 2000 a 2018, los investigadores concluyen que la exposición a altos niveles de polución ambiental se asocia directamente a una mayor probabilidad de acabar sufriendo esta demencia.

El vínculo que proporciona este estudio se da independientemente de si las personas padecen otras enfermedades crónicas –como hipertensión–, aunque han observado que haber tenido un ictus también hace más vulnerable al impacto de la contaminación. Los resultados, que se publican en la revista de acceso abierto PLOS Medicine, ponen de manifiesto que intervenciones para mejorar la calidad del aire de los municipios podrían contribuir a la prevención de la demencia y proteger la salud global de la población.

"Se trata de un estudio muy relevante y que aporta datos con mucha robustez", dice Sandra Acosta, investigadora principal en el Barcelona Beta Brain Research Center de la Fundación Pasqual Maragall y profesora de la Universidad de Barcelona. Por primera vez, remarca esta neurocientífica, "encuentran una asociación directa del Alzheimer con la contaminación ambiental", lo que "es muy relevante, porque hasta ahora no se sabía si existía una relación directa o indirecta".

Las PM2,5, tóxicas para el cerebro

Hace años que se había demostrado que la polución ambiental, sobre todo las partículas finas o PM2,5, son un factor de riesgo importante de demencia. De hecho, a la Unión Europa se le atribuyen más de 500.000 casos de esta enfermedad neurodegenerativa. La razón es que estas partículas extremadamente pequeñas, de 2,5 micras y procedentes mayoritariamente del tráfico, la industria y la construcción, pueden impactar en el corazón y el sistema circulatorio, modificando el flujo de sangre hacia el cerebro, lo que podría contribuir al deterioro mental ya la demencia.

Este no es el único impacto sobre la salud asociado a la exposición a contaminación ambiental: también se vincula a una mayor probabilidad de sufrir hipertensión, ictus o depresión; enfermedades que, de paso, también están asociadas al Alzheimer. Hasta ahora se desconocía si el impacto de la polución ambiental sobre la demencia era directo o indirecto, es decir, si provocaba estas afecciones crónicas que acababan derivando en una demencia, o si, en cambio, estas afecciones amplificaban el impacto directo de la contaminación en el cerebro.

Y esto es precisamente lo que este estudio ha resuelto. Los investigadores han analizado tres elementos: los niveles de exposición individual a PM2,5, si las personas desarrollaban o no alzhéimer, y si sufrían otras enfermedades de base. Así, han encontrado que a mayor exposición a contaminación, mayor riesgo de sufrir esta demencia. Y la asociación es algo más fuerte en el caso de personas que han sufrido un ictus antes. Por eso Acosta reclama más "gobernanza institucional" para controlar y reducir la contaminación ambiental.

"Mejorar la calidad del aire es una forma importante de prevenir la demencia y de proteger a las personas mayores", apuntan también los autores del estudio, una recomendación alineada con las últimas de la comisión Lancet sobre prevención, intervención y cuidados de la demencia, que también apuntan a que disminuir la prevalencia de la demencia en Europa –que para 2050 se prevé que sufran 19 millones de ciudadanos– implica inexorablemente mejorar la calidad del aire.

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