Michael E. Long: "¿Gestionar la dopamina? Tienes que hacer tres preguntas"
Autor de 'Dopamina bajo control'
Estudió física y matemáticas, dejó el sector para escribir discursos políticos, probó suerte como dramaturgo y hoy da clases de escritura como profesor titular de Georgetown. Así de completo y diverso es el currículo de Michael E. Long (Nueva York, 1946), coautor del bestseller Dopamina, que vuelve ahora con la secuela Dopamina bajo control (Península), donde da claves para tratar de entender por qué esta molécula nos hace sentir insatisfechos, y cómo revertirlo.
Si esta entrevista va bien, ¿tendré un disparo de dopamina?
— Sí, pero será por la proyección de lo que puede ocurrir. La dopamina tiene que ver con el futuro: mucha gente leerá esto, me felicitarán por la entrevista…
¿Y si la vuelvo a hacer y vuelve a ir bien?
— El disparo será menor. Si el novio te trae flores un viernes, eres muy feliz. Si lo hace todos los viernes, ya te acostumbras. La dopamina disminuye su impacto a medida que anticipamos lo que ya va a pasar. Es la sorpresa lo que genera una descarga.
Puede ser problemático.
— Necesitamos más para oír lo mismo.
Pero dices que es útil para la evolución.
— Es todo su papel, nos mantiene vivos. No hablo tanto de estar físicamente vivos, sino de civilización cultural. Lo primero es entender cómo funciona.
¿Cómo funciona?
— En realidad es un sistema de alerta temprana.
O sea…
— El hombre tenía que buscar comida y era importante encontrarla, estar alerta por el ataque de un animal. Regula la atención: y esto es útil si eres un hombre de las cavernas.
¿Y hoy?
— Ya no sufrimos por si hay un oso detrás de una roca. Y terminamos persiguiendo cosas que no son importantes. Por ejemplo, estar enganchados a redes sociales. Puedes estar allí horas… y esto es la dopamina. La expectativa de encontrar algo.
Pero nos hace avanzar…
— Impulsa el progreso. La dopamina es lo que nos hace preguntarnos: ¿qué hay ahí fuera?, y acabamos yendo a la Luna. O sea, que es un motor para la civilización y el progreso. Y también para nuestra carrera.
¿Por qué?
— Yo soñaba hace muchos años con hacer discursos políticos. Hice física y matemáticas, y cambié de trabajo para escribir los discursos. Y era emocionante. Pero a los seis meses ya pensé: ya lo he hecho. Y cambié. Y con el tiempo quise un trabajo mayor… la dopamina nos hace querer lo que no tenemos. Y en cuanto lo conseguimos, hace que nos aburrimos.
Hablas de política. Dices que la gente a la que le interesa tiene niveles altos de dopamina.
— Sí, porque son personas que les gusta planificar. Existen dos sistemas de dopamina.
Dopamina del deseo y dopamina del control.
— El deseo es la alerta temprana: veo algo, me pregunto qué es, quiero. El sistema de control es la parte que nos permite anticiparnos y planificar: ¿dónde iremos a cenar?, ¿qué casa queremos comprar? La política consiste en controlar las cosas desde la distancia y decir a los demás qué deben hacer. Si eres dopaminérgico, es muy atractivo.
¿Cómo sabemos si tengo niveles altos o bajos?
— Simplificando… las personas que tienen niveles más altos de dopamina son más creativas, más artísticas y quizás más difíciles para convivir con ellas.
Nada libera más dopamina que el amor romántico, ¿verdad?
— El amor romántico tiene dopamina y otras muchas cosas. Pero la dopamina hace que nos imaginemos al otro. Por eso los inicios son fantásticos.
¿Por qué?
— Conoces un 2% de la persona, y el otro 98% la dopamina hace que te lo imagines. Y normalmente todo es bueno. Por eso para mucha gente, cuando esto termina y viven en el aquí y en el ahora, el amor les parece aburrido.
¿Cómo gestionar bien la dopamina?
— Intentando vivir el momento. Es importante domesticar la molécula.
¿Cómo se vive el momento?
— Tienes que hacerte tres preguntas. La primera: ¿qué te gusta hacer? Y no debe ser complicado. A mí me gusta escribir. Incluso el sonido y el gesto de teclear. Hablar con gente… todos podemos hacer una lista.
Segunda pregunta.
— ¿En qué soy bueno? Te puede gustar tocar la guitarra, pero puede que no tengas traza. Y la tercera, importante: ¿tiene valor para los demás? Y esto no significa que tengas que estar curando enfermedades.
¿Qué significa?
— Que sientes que tiene sentido para alguien más que tú. Puede ser cualquier cosa: un comedor infantil, y sientes que tiene sentido para aquellos niños que tu cuides y les des comer… lo que sea.
Necesitamos un propósito.
— Y debe estar fuera de nosotros mismos. Si no, nos sentimos insatisfechos. Fíjate, una de las cosas que sabemos que funciona para mejorar el estado anímico es realizar ejercicio físico. Y déjame decir algo controvertido. La idea de que la terapia es la respuesta a todo es errónea.
¿Por qué?
— Hay cosas con las que la terapia es fundamental, puede salvarte la vida. Especialmente, si tiene que ver con cuestiones químicas del cerebro. Pero si tu problema es que, por lo general, estás insatisfecho, es importante que empieces a hacer algo al respecto. Y quizás lo primero que haces no te sirve de nada, pero podrás acabar encontrando cosas que sí te satisfagan.
Cuentas un experimento que hiciste para reducir la dopamina: dejar las noticias.
— Corría el 2017, pasaba mucho tiempo leyendo, analizando, comentando noticias. Era consciente de la atracción dopaminérgica, y pensé: ¿y si dejo de hacerlo durante un año?
¿Y qué ocurrió?
— Vi que el mundo cambiaba poco. Y también… ¿cómo lo explicaría? Fue como haber estado con la casa a 27 grados todos los días. Y después decir: ¿por qué tanta necesidad de calor? Exacto, ahora leo un poco, pero no estoy obsesionado.
Debemos poner límites a lo que nos gusta.
— Totalmente. Y las redes son un ejemplo clarísimo. Te ofrecen cosas cortas, distintas, vas navegando esperando encontrar cosas mejores. No permitas que se conviertan en tu vida. Es la dopamina, así que debes ser consciente de ello.