Más resolutivas y 'multitasking': así afecta al cerebro de las mujeres el segundo embarazo
La gestación propicia cambios en el cerebro de la mujer, pero lo hace de forma distinta si es la primera o no
El efecto de las hormonas sobre el funcionamiento del cerebro es un tema polémico, porque se presta al abuso por parte de quienes buscan una confirmación científica a sus sesgos. Hemos oído decir muchas veces que el cerebro de las mujeres no es tan bueno como el de los hombres en procesos que requieren habilidades matemáticas, por ejemplo. Afirmaciones sexistas de este tipo son fáciles simplificaciones de un fenómeno extremadamente complejo e interesante que hacen que la investigación en este campo avance más lentamente.
Porque lo que es evidente es que todos los tejidos del cuerpo están sometidos al fuerte influjo biológico de estas poderosas moléculas llamadas hormonas. Si existen diferencias importantes en la fisiología del hígado, el corazón o el sistema inmune entre hombres y mujeres, por citar algunos ejemplos bien estudiados, sería muy raro que el cerebro fuera el único órgano que se escapara de su influencia.
Hace unos años se realizó un estudio que demostraba que en humanos no se puede distinguir macroscópicamente el cerebro masculino del femenino. Levantó bastante polvareda porque parecía desmentir que las hormonas tuvieran importancia. Lo que ocurre es que las divergencias funcionales no son necesariamente visibles a simple vista.
Por ejemplo, un artículo publicado hace unas semanas en la revista CommunicationBiology por científicos de las universidades de Pittsburgh y Massachusetts demostraba que los cerebros de los ratones machos y los de las hembras responden de forma diferente a los opiáceos: en los primeros se activa una proteína llamada c-Fos de forma más intensa en las áreas relacionadas con la adicción. Esto podría ayudar a explicar ciertos patrones de comportamiento relacionados con el abuso de drogas recreativas y sugiere que este problema no debería tratarse por igual en hombres y mujeres.
Teniendo en cuenta esta sensibilidad bioquímica del cerebro a las hormonas, es lógico pensar que el momento en que el cerebro femenino debe estar más afectado debe ser la gestación, cuando los niveles de las principales hormonas sexuales cambian drásticamente en uno u otro sentido en cuestión de pocos meses. Efectivamente, hace tiempo que se sabe que el primer embarazo provoca cambios no sólo en el funcionamiento sino también en la estructura del cerebro femenino, sobre todo en las áreas relacionadas con establecer vínculos sociales. Aunque de forma menos dramática, el cerebro de los padres también evoluciona hacia un comportamiento más empático, menos agresivo y más protector, debido precisamente a las correspondientes alteraciones hormonales (sobre todo menos testosterona, más prolactina y oxitocina).
También en el segundo embarazo
Un nuevo trabajo publicado recientemente en la revista Nature Communications, dirigido por la neurocientífica Elseline Hoekzema, de la Amsterdam University Medical Center, presenta un estudio de imágenes de los cerebros de más de cien mujeres a lo largo de varios embarazos (madres tempranas, con un segundo embarazo o mujeres sin hijos), llegando a la conclusión de que las hormonas siguen produciendo cambios en el cerebro de las cerebro. En este caso, las áreas afectadas serían las relacionadas con la atención y la respuesta sensorial, que son las más implicadas en lo que llamamos multitasking, mientras que los cambios que se veían en el primer embarazo aquí se repiten pero con menor intensidad. Los investigadores definen estas "mejoras" del cerebro como una actualización del software de un ordenador, que ya no se revierte.
La conclusión del artículo es que estos cambios diferentes son consistentes con los retos que implica una maternidad múltiple. Mientras que cuando se tiene una sola criatura lo más importante puede ser establecer un vínculo afectivo que asegure un buen cuidado, cuando llega la segunda, el problema más urgente pasa a ser cómo poder ocuparte de las dos sin parar loca. Recordemos que, como en la mayoría de primates, originalmente los machos humanos estaban poco implicados en la crianza y que ha sido necesaria una evolución cultural de siglos de duración, que en algunos casos quizás todavía no se ha completado del todo, para que también contribuyeran. En ausencia de esta mano, es lógico que la evolución hubiera priorizado dotar a las madres de los recursos necesarios para salirse mejor ante las demandas de una progenie múltiple.
Una de las principales carencias de la medicina es que, tradicionalmente, el enfoque se ha hecho desde una perspectiva masculina. Tanto en la investigación básica como en la clínica, se han obviado por comodidad o ignorancia las muchas diferencias fisiológicas entre ambos sexos, lo que hace que muchos de los tratamientos que se dan actualmente no hayan sido diseñados para los cuerpos de las mujeres. A pesar de que ya hace unos años que las cosas están cambiando, todavía queda mucho trabajo por hacer, como demuestran descubrimientos recientes como lo comentado aquí, que subrayan la gran plasticidad del cerebro, en especial el femenino, y lo poco que sabemos de un hecho tan común como el embarazo. En este contexto, estudiar la respuesta de los órganos a las hormonas es necesario para asegurar que ambos sexos reciben el apoyo sanitario más adecuado.