Tinta con microchips: la nueva pesadilla de los falsificadores
Investigadores catalanes desarrollan chips de silicio microscópicos que se pueden incorporar a las tintas para autenticar documentos, obras de arte y productos de alto valor
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El señor X es un diseñador reconocido y ha alcanzado últimamente bastante éxito con unas camisetas que llevan frases ingeniosas y punzantes sobre problemas sociales muy actuales. Tanto éxito que en el mercado negro se valoran muy por encima de su precio y ya han empezado a aparecer falsificaciones. Esto le preocupa, pero ha encontrado una solución: en el pigmento del breve texto de las camisetas ha dejado unos chips invisibles a simple vista, pero que vistos al microscopio llevan un patrón inconfundible. Imitar y poner estos chips queda fuera del alcance de posibles falsificadores.
La historia es inventada, pero de aquí a un tiempo podría asemejarse mucho a la realidad. José Antonio Plaza, Juan Pablo Agusil y Marta Duch, investigadores del Instituto de Microelectrónica de Barcelona (IMB-CNM-CSIC), han diseñado un sistema de autenticación basado en unos chips personalizables que se pueden integrar en casi cualquier tipo de tinta. Cabe aclarar que no son, como enseguida nos viene a la cabeza, chips con circuitos integrados donde se han montado componentes electrónicos, sino que se trata de piezas de silicio que no llevan más que la inscripción o el dibujo que se haya pedido.
Son chips muy pequeños, unas diez veces más delgados que un cabello humano. Tienen un tamaño de unas 20 micras –millonésimas de metro– y un grosor que se mide en nanómetros –milésimas de micra–. Es por eso que se puede introducir una buena cantidad en cualquier tipo de tinta. Y si escribimos un texto o hacemos un dibujo con esta tinta, sea con bolígrafo, pluma o incluso con un pincel o una impresora, los microchips quedarán adheridos a las fibras del papel o de la ropa y esparcidos por la imagen.
Por tanto, sea una camiseta diseñada y fabricada por el señor X, un documento oficial u otro producto de alto valor, llevará una señal inimitable e intransferible que dará validez al mismo.
La motivación de los autores del trabajo es aportar una herramienta contra la falsificación de obras, productos o documentos, una práctica que está creciendo y que se hace con técnicas cada vez más sofisticadas.
Una barrera para los falsificadores
Las marcas basadas en efectos ópticos o marcadores químicos pueden imitarse con herramientas avanzadas de imagen e impresión. Y si las herramientas de los falsificadores avanzan, también deben hacerlo, y si puede ser más deprisa, las herramientas de los que luchan contra estos delitos. En este caso, a los investigadores se les ocurrió diseñar y fabricar unos chips que se pudieran dispersar e integrar en tintas, desde las más usuales hasta las formulaciones de seguridad altamente especializadas.
El proyecto, sin embargo, va más allá de unos microchips que llevan una imagen o texto concretos, porque también pueden almacenar información única y legible ópticamente. Esto, explican, permite una autenticación segura y una trazabilidad con respecto al artículo no reproducible con los métodos tradicionales.
Ponen un ejemplo. Cuando realizamos una operación bancaria recibimos solicitudes de confirmación por diversos canales, como por ejemplo teléfono móvil o correo electrónico. Un documento bancario –o notarial o de cualquier otro tipo– puede incorporar un chip que lleve un diminuto código QR. Visualizado con el microscopio y escaneado con el móvil permite, como todo código QR, ofrecer información diversa sobre la persona que ha firmado el documento. Entre otras cosas, puede notificar a un móvil dónde confirmar la identidad. Esto provocará una alta seguridad, porque aunque a alguien se le ocurriera fotocopiar o escanear el documento, no hay máquinas con tanta resolución que puedan reproducir también la imagen contenida en un chip que hace apenas unas micras de ancho. Por lo tanto, la imitación es prácticamente imposible.
Además, los chips utilizados en esta investigación se han desarrollado en la sala blanca de micro y nanofabricación del IMB-CNM. Esta infraestructura debe tener unos parámetros estrictamente controlados: partículas en aire, temperatura, humedad, flujo de aire, presión interior del aire, iluminación... Por eso, tal como explican los autores de la investigación al ARA, aunque el coste de fabricar los chips no es muy elevado, la necesidad de obtenerlos en salas blancas representa una barrera muy importante para los falsificadores: o bien deberían asumir una inversión en infraestructuras probablemente muy superior al beneficio potencial de la falsificación, o bien deberían recurrir a instalaciones especializadas, donde la trazabilidad de los procesos de fabricación dificultaría enormemente cualquier actividad ilícita.
El campo de aplicación de esta innovación será muy amplio. Un objeto de gran valor, por ejemplo un cuadro, puede llevar en algún lugar una inscripción con esta tinta. Productos de precio muy elevado y muy exclusivos –bolsos, prendas de ropa– pueden llevar esta marca. Es cierto que la gente no puede sacar un microscopio cuando ve estos objetos a la venta, pero para perseguir la estafa puede ser una herramienta muy importante.
De momento, los investigadores han hecho pruebas de resistencia y flexibilidad para comprobar que es factible introducirlos en la tinta sin que se alteren. También han pedido una patente. El proyecto va adelante y puede ser que dentro de unos meses estas tintas escriban una página importante en la historia de la lucha contra el fraude.