Crónica de un amor a primera vista, dos copas de vino sinuosas y 50.000 euros en juego

Vila Viniteca presenta el cartel del Cata por Parejas, hecho por JJ Bertran, en sus viñedos de la sierra de Gredos

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Una de las viñas de la bodega El hombre bala.
01/10/2026 - 18:51 h

Cadalso de los VidriosEstamos en la sierra de Gredos. Hemos visto la devastación del fuego mientras nos dirigíamos al viñedo. Este verano este paraje ha sido arrasado por las llamas. Pero también por la desidia política que ha permitido que este territorio haya sido drenado por la gran urbe de Madrid. No hay ganaderos. Los bosques no se gestionan. Y, claro, no es la primera vez que la tierra arde. En 2019 otro gran incendio afectó a la región. Quim Vila, copropietario de la distribuidora de vinos Vila Viniteca, tiene allí cepas plantadas. Él y su socio Siscu Martí tuvieron la visión de que en esta tierra había algo especial. "Fue un amor a primera vista", dice Vila, que supo ver un potencial enterrado que estallaría. Y así fue. Ahora llegaremos allí. Pero antes, las llamas.

Vila habla del incendio de 2019. Y explica que no ha habido ninguna ayuda para retirar los árboles quemados, pero a la vez no se te permite tocarlo. Ni hacer ni dejar hacer. El callejón sin salida burocrático afecta a esta tierra de minifundios, parcelas repartidas entre muchos familiares y habitada por una gente que se ha acostumbrado a vivir con poco. En este contexto, la naturaleza se impone. Unos suelos graníticos, bendecidos por el limo, por la arena, por el cuarzo, por la altura, por los vientos y las lluvias, han hecho que en solo 10 años sus vinos se hayan convertido en objetos de deseo de los entendidos. Quién lo iba a decir. Siscu Martí y Quim Vila alguna cosa debían ver, porque se asociaron con la bodega que hizo de palanca en toda la región, Comando G. Y las cepas, en contraposición con la legislación, sí que detienen los desastres naturales que parecen imparables: el de la combustión de paisaje y el de la plaga de la despoblación.

Los 100 puntos que lo cambiaron todo

¿Qué pasó en 2016? La validación, claro está, vino de fuera. Fue el reconocimiento de los 100 puntos Parker que recibió el vino Rumbo al Norte. Una garnacha de la bodega Comando G. Con ellos, los socios de Vila Viniteca empezaron a vinificar aquí. Y desde hace dos años ya lo hacen con bodega propia: El Hombre Bala, el mismo nombre que tiene el vino de pueblo que elaboran, tanto blanco como tinto. Encontramos también las referencias La Mujer Cañón, Reina de los Deseos y Voladuras. Esta última sale de una viña que había sido de un hombre que trabajaba en la cantera. Os podéis imaginar cómo hacía sitio y movía las piedras para hacer pasar el tractor. El trabajo de Vila y Martí ha sido mucho menos explosivo, pero ha permitido que la viña se expresara mejor. Gracias a la mano del director técnico de la bodega, el ilerdense Ramon Esteve. Aquí todo se hace con artesanía. El cuidado de la viña, la vendimia a mano, la vinificación con la intervención justa y con sentido y por parcelas. Un trabajo diario y vigilante para dejar que la sabiduría de las cepas viejas hagan el resto.

Quim Vila, Ramon Esteve, Joan Josep Bertran y Siscu Martí.

Desde que están allí, en la zona han abierto otras bodegas. También empresas relacionadas con la gestión agrícola. Las ferreterías venden más. Y aun así todavía hay margen para que aparezcan empresas vinculadas a la vinificación, como las que alquilan maquinaria. Está siendo el despertar de una tierra poco valorada durante demasiados años.

Estamos en medio de la viña de donde sale la uva que hará La Mujer Cañón. Nos acompaña el ilustrador gráfico Joan Josep Bertran, de Vilafranca. Él hace dos décadas que se dedica a comprender los vinos para poder presentarlos al mundo. No lo sabemos, pero Bertran, a través de su estudio, JJ Bertran, y sus diseños se ha colado en muchas de nuestras casas. Ha hecho etiquetas como la de El Sindicat de la Figuera, e incluso la de KH7. Hoy Bertran está aquí porque en esta viña flanqueada por grandes piedras de granito, tal como habrían quedado si las hubiera tirado Obélix, nos presenta un cartel: el del premio mejor dotado del mundo del vino. Se trata de los 50.000 euros en juego de la cata por parejas. Serán 125 los afortunados. El año pasado, que se hacía en Barcelona, las plazas se acabaron en 2 minutos y 54 segundos. Este año, que se celebra en el Casino de Madrid, no será un tiempo muy diferente. La primera pareja clasificada ganará 35.000 euros. La segunda 10.000 y la tercera 5.000. Hay grupos de personas que se entrenan. Ahora ya saben que la cita será el día 21 de febrero. Se lo hace saber el cartel de JJ Bertran, en el que dos copas sinuosas se entrelazan, juegan divertidas, en movimiento, como el vino que gira dentro del recipiente, o como los nervios de los participantes que tendrán el privilegio de participar en esta 19ª edición.

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