Ni un día en casa

Entre la Gola del Ter y el Mediterráneo, un restaurante que explica un país

El hostal restaurante La Gola es un negocio familiar que desde 1961 sirve buenos arroces, pescado y marisco en un entorno único

La Gola

  • Dirección: Ctra. de la Gola, s/n, 17257 Torroella de Montgrí
  • Carta: Arroces, pescado y marisco
  • Obligatorio: Arroz de Pals con bogavante
  • Vino: Carta suficiente con buenas referencias
  • Servicio: Cercano y atento
  • Local: Cómodo y amplio en un entorno muy destacable
  • Precio pagado por persona: 90 €

El Ter nace en un manantial de Ulldeter (Ripollés) y desemboca en el Mediterráneo. Muy cerca de la Gola del Ter hay un restaurante fundado en el año 1961 por la familia Xicars. En este emplazamiento, convertido en hostal restaurante, había una masía de campo donde el bisabuelo de Josep Xicars vivía procurando cubrir las necesidades básicas para ir haciendo crecer a la familia. “Con ocho años yo ya pelaba patatas. La ducha era una palangana y las necesidades se hacían en el campo. Mi padre lo convirtió en lo que es ahora y yo he seguido sus pasos”, nos comenta Josep con la losa del paso de los años.Estamos en un lugar agradable que forma parte de un entorno envidiable. "El río es vida", como se reivindicaba a principios de los años 2000 en las Tierras del Ebro en una reclamación ecologista y territorial. El mar está muy cerca. La clientela es mayoritariamente del país, con algunos practicantes foráneos del noble deporte del golf. En un radio de muy pocos kilómetros encontramos el Empordà Golf y el Golf de Pals, dos campos de golf con mucho renombre.Nosotros no jugamos, pero nos gusta mucho descubrir lugares donde se coma bien, estén donde estén. Conocedores de las virtudes del restaurante (pescado, marisco y buenos arroces), empezamos la comida con unas ostras Gillardeau, unos mejillones de roca al vapor con vinagreta de naranja, un plato de sonsos y un calamar de potera excepcional. El vino que nos acompaña es Els Boscals, una garnacha tinta del 2023 del valle de los Boscals, en las Gavarres.Una vez nos hemos zampado los primeros platos, damos paso al segundo, en singular. Vamos a tiro hecho y pedimos un arroz de Pals con bogavante. Todo es perfecto: los ingredientes, el sabor y la cocción están en su punto óptimo. Solo podemos decir cosas buenas. De postre, hojaldre con cabello de ángel y vino de misa, coulant de chocolate y helado de turrón.A la espera de relevo

Josep es un tipo peculiar, con buena conversación. Nos sentamos en la sala del comedor, donde hay cuadros que representan a su padre. “Mi padre empezó haciendo un poco de todo. Hacía de cocinero, era pescador, cazador, las mesas las había hecho él... Vivía básicamente del entorno del río”. Josep no es un cocinero de oficio, lo es por necesidad y porque la vida le ha llevado hasta aquí. “Bueno, a mí, igual que a mi padre, siempre me ha gustado comer bien, y esta es la base principal para saber cocinar. Si sabes comer bien, sabrás cocinar bien, porque esta es la mejor manera de satisfacer al comensal. Quieres lo mejor para él”.Está cerca de los setenta y tiene ganas de retirarse, pero de momento no encuentra quién le sustituya. Mientras tanto, disfruta de la satisfacción de hacer las cosas bien hechas y del reconocimiento de la clientela. Tarde o temprano lo dejará y esperamos que la vida le regale muchos años más de salud para poder vivir sin trabajar y disfrutar de un descanso que se ha ganado desde que, con ocho años, empezó a pelar patatas en el negocio familiar.Nosotros, mientras estemos al pie del cañón, volveremos. Hay comidas y personas que se convierten en inolvidables.