¿Cómo afecta a dormir poco durante la crianza?
Pueden tener más posibilidades de sufrir diversas alteraciones metabólicas a medio o largo plazo
BarcelonaCriar a un hijo a menudo se considera una de las tareas más importantes en el desarrollo social. La crianza de niños pequeños y convivir con adolescentes puede ser una fuente de estrés. Situaciones como un hogar caótico o un niño exigente, junto con factores más profundos como ser madre o padre soltero o tener pocos recursos económicos, pueden llevar a las familias a experimentar demandas que exceden sus recursos.
Varios estudios, según explica Gonzalo Pin Arboledas, experto en medicina de los trastornos del sueño, en la escuela de salud de San Juan de Dios han demostrado que los comportamientos positivos de las familias (como la calidez y la capacidad de respuesta) contribuyen al desarrollo del comportamiento positivo del niño, mientras que los comportamientos negativos (como la hiperreactividad). Los padres estresados y que duermen poco, pues, tienden a utilizar una crianza más dura y una crianza menos positiva.
¿Cómo afecta la falta de sueño al metabolismo?
Los problemas de sueño de la madre (ocasionados por la mala calidad de sueño de sus hijos) están relacionados con los niveles más altos de crianza disfuncional. Esto es especialmente significativo para aquellas madres a las que les cuesta más tiempo conciliar el sueño. De hecho, los adultos que conviven con una criatura o un adolescente y que no duermen bien pueden tener mayores posibilidades de sufrir diversas alteraciones metabólicas a medio o largo plazo.
- Incrementos de los niveles de glucosa e insulina.
- Tendencia a un peor control oa un aumento de la tensión arterial.
- Disminución de la leptina, enzima encargada de la sensación de saciedad en las ingestas.
- Alteración del ritmo de secreción de la hormona del estrés: el cortisol.
Una vía para mejorar el sueño y el estrés, asegura Pin Arboledas, es estar en contacto con la naturaleza, ya que disminuye el cortisol y el estrés.
¿Y en la crianza?
Las madres que experimentan un sueño muy variable y de mala calidad están menos disponibles emocionalmente con los bebés a la hora de acostarse durante el primer año de vida, lo que puede afectar al vínculo entre el bebé y la madre en el segundo año.
El sueño deficiente de los progenitores, además, pone en riesgo tanto la crianza de los hijos como el desarrollo socioemocional infantil. La higiene del sueño y sus hábitos deben ser, pues, un enfoque destacado de la intervención de los padres, ya que el comportamiento imprevisible de los progenitores y la falta de rutinas afecta a la formación óptima de circuitos cerebrales en el niño.
Cuidarse para poder cuidar
Cuando se habla de cuidarse implica conseguir un equilibrio entre las cuatro facetas de los progenitores: la de persona, de padre o madre, de pareja (en caso de que exista) y la de profesional en el mundo laboral. El tiempo dedicado a la crianza debe ser complementado con tiempo dedicado a las demás facetas con mayor o menor intensidad según la etapa infantil en la que se encuentren. Siempre debe estar presente esta complementación como parte de la crianza respetuosa con el niño y su entorno. "Es imposible entender una parte del sistema (niño/adolescente) sin comprender la otra parte del sistema (madre/padre/hermanos)", apunta Pin Arboledas.