El catalán como lengua de diversión de los jóvenes

Este año, en uno de los trabajos de investigación en los que estuve de tribunal se llegó a una conclusión interesantísima que revelaré al final de este artículo. El trabajo en cuestión analizaba la oferta de ocio en catalán dirigida a los jóvenes. Había para todos los gustos y edades. Para los más pequeños, actividades musicales y teatrales. Éstas, evidentemente, las elegían los padres.

En cuanto a los jóvenes, hay un grupo de artistas que tienen un éxito notable, teniendo en cuenta el acotado mercado de la música en catalán. Desde cantautores que realizan conciertos en pequeños locales hasta los grupos que llenan grandes estadios. La oferta literaria también parece suficientemente consolidada, pese a los datos de uso del catalán y la dificultad para crear nuevos lectores. Eso sí, mientras en las escuelas y en los institutos "se obligue" a leer en catalán habrá mercado en cuanto a la literatura infantil y juvenil.

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En cambio, hay poca oferta de cine o series en catalán o dobladas al catalán. Estirar a los jóvenes a ver una película que esté hablada íntegramente en catalán todavía es una rareza. Sin embargo, desde la Academia del Cine Catalán se quiere potenciar que aparezcan títulos que atraigan diferentes franjas de edad, también a los jóvenes. Si se crea una oferta de calidad y está bien promocionada seguro que habrá público o se creará de nuevo.

Fomentar contenido en catalán

Por su parte, los adolescentes han dejado de consumir masivamente la televisión y prefieren seguir la actualidad a través de plataformas. Es aquí donde debería fomentarse y premiar la aparición de contenido en catalán. Que les influencers, estrímeros, youtubers y tiktokers catalanes prefieran conectar con su proximidad más que con una globalidad abstracta, y por tanto explicar la realidad en catalán. Las subvenciones en ese campo serían una buena inversión de futuro y una inyección de vitaminas para el relevo generacional de la lengua. El efecto "Montserrat Pujol", que pide a los catalanes que se planteen hacer (también) contenido en catalán o al menos alternarlo con el castellano, demuestra que es un debate a abrir.

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Es en este punto en el que llegamos a la sorpresa final del trabajo de investigación. Una encuesta afirmaba que los catalanohablantes consumen ocio realizado en catalán y que también lo alternan con el castellano y el inglés. En cambio, los jóvenes castellanohablantes que viven en Cataluña casi nunca consumen ocio en catalán. Y eso que entienden perfectamente esta lengua e incluso pueden hablarla. ¿Por qué, pues, no les interesa para los momentos de ocio? Creo que deberíamos intentar hacerles cambiar de opinión, porque en mi opinión es, básicamente, una cuestión de prejuicios y de prestigio. Porque como decía Dalí, el más ultra local puede convertirse en universal.

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