El 'cero-tres' en las escuelas rurales

Las personas que trabajamos con niños de cero a seis años celebramos muchísimo que el nuevo decreto de educación considerara de manera clara y diáfana que el ceroseis (tomo prestado este neologismo tan bonito de la compañera y maestra Maite Pujol) es una misma etapa, con identidad propia.

También es cierto que, a pesar de esta consideración, la realidad es que las identidades de los dos ciclos, el cero-tres por una parte y el tres-seis por la otra, terminan dificultando la construcción de una identidad global real.

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Pero en el año 2015 se abrió una brecha que puede representar una oportunidad extraordinaria para construir una identidad zerosis real y auténtica. Hablo del plan experimental que, desde aquella fecha, permite a las escuelas rurales integrar a niños del primer ciclo de infantil bajo un mismo proyecto de escuela. Esta era una demanda muy grande hecha desde el mundo rural para evitar la despoblación de las escuelas rurales cuando las familias no tenían la posibilidad de escolarizar a sus niños sin tener que marcharse del pueblo para ir a buscar la guardería más cercana a pueblos de los alrededores.

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Es una brecha que presenta muchas oportunidades pero que también tiene mucho margen de mejora a la hora de convertir los documentos e intenciones en realidades con la calidad que los niños se merecen. En los momentos de crispación en los que se encuentra hoy el mundo educativo, lo que ahora mismo resultaría más fácil sería profundizar en las carencias de este plan: incomprensiblemente no incorpora a los niños de i cero; no se equiparan los sueldos de las personas que trabajan en el primer ciclo con el resto de maestros; el tiempo del mediodía está fragmentado del resto de la jornada…

La gente del SERC, el Secretariado de Escuela Rural de Cataluña, un movimiento de maestros con una larga trayectoria, ya reflexionó sobre ello en el marco de una jornada en La Fatarella el pasado mes de mayo, pero junto a estos retos intentó identificar también las potencialidades.

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Este es el terreno sobre el cual, con los límites que pueda haber, se pueden construir experiencias reales y de calidad porque esto sí que depende de nosotros, los equipos de maestros que trabajamos en ello.

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Y es que los potenciales de los contextos de las escuelas rurales de nuestra casa son tan grandes como también desconocidos: la facilidad para dialogar con el entorno natural, social y cultural; la dimensión más pequeña y humanizada de las escuelas, evitando las grandes agrupaciones de niños; el diálogo natural entre niños de edades diferentes que se encuentran y reconocen dentro y fuera de la escuela; una organización pedagógica abierta y diversa para dar respuesta a lo que hace falta a cada niño y a cada grupo; la proximidad con las familias…

Si a todo este potencial le añadimos la especificidad de lo que hay que tener en cuenta para acoger a los niños de cero a tres, el resultado que puede salir es realmente extraordinario.

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El encuentro de la identidad rural con la de la primera infancia genera una sintonía que se explica muy bien con el nombre de la jornada del SERC a la que antes hacía referencia: "El cero-tres en la escuela rural, una oportunidad para la escuela y para la infancia".

Hay que seguir muy de cerca este laboratorio para extraer elementos que nos permitan construir una zerosis de calidad y extenderla a la globalidad de nuestro país.