Un cuento para homenajear a la abuela Carme
La abuela tiene mucha cuerda busca desterrar la imagen de las abuelas como personas desvalidas, haciendo énfasis en su fuerza y sabiduría
Valentía, energía, diversión, cooperación, astucia, gratitud, admiración... Estos son algunos de los términos que se entrelazan a lo largo del cuento La abuela tiene mucha cuerda (Editorial Octaedro) con la cuerda que Carme Puxan, la protagonista de la historia, lleva durante todo su periplo en Ecuador. El libro, escrito por su hijo, Francesc Balagué, ilustrado por Joana Bruna y disponible desde abril en Joanabruna.com, explica las aventuras de la abuela del Luka, de 12 años, y del Kael, de 9, que también aparecen en el cuento.
De hecho, aquello que sirvió de chispa para que Balagué se planteara escribir el libro fue una observación que Kael hizo hace tres años volviendo de la escuela, acompañado por su hermano y por la abuela. En aquel momento, el pequeño preguntó a Carme: “Abuela, ¿verdad que los viejecitos ya no tienen fuerza, caminan así encorvados y necesitan bastón?”; un cliché que, en el cuento, la abuela intenta desmontar relatando a sus nietos el viaje que había hecho como voluntaria en Ecuador hacía un par de años. Empezó explicándoles el vuelo de quince horas Barcelona-Quito, el trayecto posterior de once horas en autobús –durante el cual se pinchó una rueda y todos los viajeros tuvieron que ayudar a empujarlo– y la caminata de cuatro horas hasta el poblado.
Ejemplo de vitalidad
En el libro, Carme también explica a Luka y Kael cómo ayudó a arreglar el tejado de la escuela del poblado o a rescatar a los animales durante las inundaciones provocadas por la lluvia que cayó durante tres días seguidos. Una mano de aventuras en las que la abuela pone en valor su vitalidad y capacidad resolutiva, lejos de aquella imagen de persona desvalida que a priori había descrito su nieto pequeño. Y es que esta breve historia, al margen de demostrar que “la fuerza, el valor y la sabiduría no tienen edad” –como apuntan sus creadores–, quiere rendir homenaje a la figura de las abuelas, cabales en el engranaje familiar.
Carme, en particular, cuida de sus dos nietos dos días a la semana: los recoge en la escuela, van juntos al parque, meriendan y, después, ya en casa de la abuela, leen y juegan hasta que los padres los van a buscar. “El fin de semana también lo pasamos en La Llacuna, donde vive ella, así que el vínculo de mi madre con Luka y Kael es muy estrecho”, explica Balagué. “Para ellos, la abuela es algo muy sentido”, añade. Pero esta abuela de 73 años no solo se hace cargo de los nietos, sino que a las 7.30 de la mañana también sale a caminar diariamente con sus amigas, colabora con las entidades sociales del municipio y, como voluntaria, ha estado en Bolivia, en los campamentos saharauis y en Ecuador. Una faceta, la de voluntaria, de la cual Carme hace partícipes a los nietos, convencida de que “les ayudará a convertirse en adultos más conscientes y sensibles con la vulnerabilidad y la solidaridad”.
Historia viva
“Más allá de su ayuda con la logística, queremos destacar el papel que tienen las abuelas como transmisoras de conocimientos; son historia viva”, puntualiza, por otra parte, Joana Bruna, ilustradora del cuento y maestra de infantil. Bruna fue maestra tanto de Luka como de Kael, y es muy consciente del papel que los abuelos, pero sobre todo las abuelas, representan en la vida de sus nietos. Al margen de su “disponibilidad absoluta”, las abuelas devienen “una fuente de inspiración y de aprendizajes que no se pueden encontrar en ningún otro lugar”, subraya Bruna, que desde el minuto cero quedó cautivada por la historia que le presentó Balagué. Una historia en la que la abuela es mucho más que un personaje entrañable. Y es que, “aunque a menudo su papel pasa desapercibido o no es suficientemente reconocido, ellas son una pieza clave del día a día de miles de hogares”, concluye Bruna.
Carme Puxan: “Me siento muy orgullosa de que mi hijo me haya hecho protagonista, junto con mis nietos, de un cuento tan bonito. Es un homenaje no solo para mí, sino también para todas las abuelas que todavía tenemos energía para hacer cosas por nosotras y por los demás”.Kael Balagué: “Me parece muy bien salir en un libro hecho por mi padre; y aún más, he aprendido que la gente mayor no solo está cansada y aburrida todo el rato, sino que también viaja por el mundo y hace cosas muy interesantes”.Luka Balagué: “Me parece muy bien salir en un libro que explica que las abuelas hacen cosas importantes y también viajan mucho, y además no salir solo, sino acompañado de mi familia”.