Ocio

El empujón que necesitan para subir al autocar

La Fundación Pere Tarrés acompaña a familias en situación de vulnerabilidad para que conozcan las casas de colonias y ganen confianza a la hora de dejar allí a los niños, sobre todo niñas

Barcelona“Al principio tenía miedo de todo: de la comida, de que les pasara algo, incluso me daba miedo que durmieran fuera. Pero después de la primera experiencia, la niña volvió muy contenta y ya se me ha pasado el miedo”, explica Nabila, madre de tres hijos, sobre las colonias. Su hija Yosra, de once años, ya ha ido dos veces de campamentos, una con la escuela y otra en verano. Su hijo Marouan, de 16 años, también ha ido –este año será la cuarta vez–, y quien aún no se ha atrevido es el pequeño, Omar, aunque Nabila tiene esperanzas.

Esta familia, originaria de Marruecos, lleva 17 años viviendo en Cataluña y ha tenido a sus tres hijos aquí. Aun así, al principio tenía miedo de llevarlos de colonias. “Hay una barrera cultural. Para muchas de estas familias, el término “ir de colonias o campamentos” es un concepto vacío: no han tenido mucha experiencia en sus países de origen. No saben qué es una casa de colonias ni qué tipo de actividades se hacen allí, ni qué pasa”, explica Rafael Ruiz, director adjunto de la Fundació Pere Tarrés. Nabila explica que en Marruecos no fue nunca de colonias, ni ella ni sus hermanos, y que lo más parecido eran salidas que se hacían a partir de los 16 años.

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Cuando las colonias son un concepto desconocido

Precisamente, en la Fundació trabajan para intentar eliminar estas barreras culturales de diversas maneras: informando a las familias desde los centros socioeducativos donde participan los niños y a la vez, animándolas a participar en salidas de fin de semana para conocer las casas de colonias. “Gestionamos centros socioeducativos, que son espacios donde, a la salida de la escuela, se hacen actividades de refuerzo educativo y de ocio para trabajar competencias transversales, habilidades relacionales, etc. Normalmente, estos niños vienen derivados de servicios sociales, tienen algún tipo de seguimiento y se trabaja también con las familias de manera individualizada”, explica Ruiz.

Fue a través de uno de estos casales –como Nabila llama a estos centros donde lleva a los hijos– que le explicaron qué era una casa de colonias. “Nos explicaron bien qué harían y a dónde irían, el lugar y todas las actividades. Nos enseñaron fotos y vídeos con el ordenador”, recuerda.

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Nabila lleva a sus tres hijos al centro de Sant Adrià de Besòs desde que eran pequeños. Durante años, el mayor, Marouan, ha ido de colonias y ha participado en campamentos de verano. En cuanto a la niña, la familia tenía ciertas reticencias a dejarla participar, pero la experiencia fue muy positiva y este año repetirá en las colonias de julio. Precisamente, para Ruiz, estas barreras culturales aparecen especialmente con las niñas: “A determinadas familias les cuesta mucho facilitar que las hijas puedan participar en estas actividades, hay que ir trabajando todos estos aspectos para que lo normalicen”.

“Son familias que se encuentran en una cierta situación de vulnerabilidad y, por lo tanto, en el trabajo que hacemos habitualmente, las invitamos y las animamos para que conozcan estas realidades, ganen confianza y quieran participar en ellas”, explica Ruiz. Este trabajo se hace desde los centros que gestionan: tres en Barcelona –en Poblenou, en Poble-sec y en el Raval– y otro en Sant Adrià de Besòs.

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Verlo para poder confiar en ello

Además de explicar y mostrar qué significa ir de colonias, la Fundación también impulsa una segunda vía: invitar a estas familias a hacer una salida de un día, durante un fin de semana, para conocer de primera mano la casa de colonias. El último fin de semana de mayo, una cuarentena de familias bajaron del autocar que las llevó hasta la casa de colonias de La Conreria, cerca de Tiana. Después de desayunar, visitaron la casa y el entorno, se les explicó qué son unas colonias y pasaron el resto de la mañana haciendo actividades diversas, como juegos y gincanas.

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“Entender que hay unas habitaciones, que tienen unas literas, que hay un lugar donde se come, que hay espacios para hacer actividades, que hay una piscina... Todo esto es lo que debemos intentar llenar en su cabeza para darles seguridad. También hay que explicar que hay unas condiciones sanitarias y de seguridad. Y después, no solo conocen la infraestructura, sino que hacemos alguna actividad con ellos: ven que se lo pasan bien y que es una experiencia gratificante, que transmite valores”, explica Ruiz.

Para Nabila, esta salida de reconocimiento fue un punto de inflexión. “Mi hijo mayor fue con una amiga mía, que también llevaba a sus hijos, y les encantó. Nos dio mucha tranquilidad. De esto hace cinco años. Fue a partir de entonces que nos animamos”, comenta.

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La diversidad de familias es muy amplia y de perfiles bien variados: “Son familias, muchas veces, monoparentales, que vienen del contexto migratorio. Pero también tenemos familias que son autóctonas de aquí, en una situación laboral precaria y de vivienda precaria. Intentamos que en estas actividades venga la familia entera, que vengan los hombres y que también se impliquen en las actividades, muchas veces son ellos quienes acaban tomando las decisiones de permitir o no permitir que pueda venir un niño, sobre todo en el caso de las hijas”, detalla Ruiz.

Estas colonias están becadas por la misma Fundación Pere Tarrés y son de verano, aunque algunos centros organizan también para Navidad o Semana Santa. Siempre tienen lugar fuera de la escuela ordinaria y, por tanto, se convierten en un “espacio sin los estigmas que pueden cargar estos niños y niñas en su vida escolar”, apunta Ruiz. Los niños que participan en estos centros socioeducativos y que se encuentran en situación de vulnerabilidad normalmente van becados al 100% a las actividades de verano, este año esperan llegar a las 7.500 becas.

Perderse las colonias es perder una oportunidad educativa

una parte del profesorado cuestiona las condiciones con las que ha de acompañar a los niños en estas salidas

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De hecho, según datos de la Fundació Pere Tarrés, el éxito es claro: el primer año, aproximadamente un 80% de las familias que participaron en las sesiones de información y en la salida para conocer la casa de colonias acabaron animándose a dejar que los niños fueran.

“Ahora lo veo como algo muy bueno. Es una experiencia muy positiva para los niños, porque se lo pasan bien y salen de la rutina. Gracias al apoyo de la gente del casal, me siento mucho más segura cuando van”, explica Nabila. Para Rafael es importante romper la distancia cultural, pero sobre todo la falta de información de confianza. “Si quien te la da no te genera esa confianza, no estás dispuesto a que tus hijos participen”, alerta.

Un reto compartido

Pero las barreras no solo aparecen entre las familias. En los últimos años, el debate sobre las colonias también se ha trasladado a los centros educativos, donde una parte del profesorado cuestiona las condiciones con las que debe acompañar a los niños en estas salidas. Ruiz admite que es “el tema más espinoso” y asegura que entienden la situación de los maestros: “Han pasado muchas cosas en las escuelas, se les pide saber y hacer de todo, con composiciones de clase muy complejas y un 36% de pobreza infantil en Cataluña”. Aun así, defiende que el reto se debe abordar de manera compartida: “Debemos asumirlo entre todos los agentes educativos y las administraciones públicas. Estamos todos en el mismo barco para garantizar una educación de calidad. Si debe haber unas condiciones adecuadas para acompañar, se deben encontrar, pero nos gustaría que estos niños puedan participar”, alerta.

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Ahora, el reto es poder financiar el proyecto. “Nuestra voluntad es intentar recuperarlo y continuar manteniéndolo cada año, para aquellas familias que vemos que tienen dudas y necesitan este empujón”, explica Ruiz. Esta tarde, Nabila prepara la bolsa porque mañana su hija Yosra se va de colonias con la escuela a una casa cerca de Girona, será su tercera vez de colonias. “Si hay familias que se lo plantean, les diría que se quiten el miedo, yo también lo tuve, pero gracias a mi experiencia y a ver que mis hijos vuelven contentos y bien, les animo a dejarlos ir y a aprovecharlo”.