¿Por qué hay alumnos que pasan de curso aunque lo hayan suspendido todo?

No es lo mismo una repetición en primaria que en secundaria. En primaria ayuda a que aquel alumno con dificultades encaje mejor con compañeros nacidos después que él. Es evidente que en edades tempranas una diferencia que puede ser de once meses se nota en el grado de maduración. En primaria puede ir bien para consolidar la lectoescritura y detectar problemas de dislexia, discalculia o déficit de atención. Es el período en que cualquier necesidad especial se ha de diagnosticar; si se hace en secundaria ya trabajamos a contrarreloj. De hecho, el debate sobre la escuela inclusiva va por aquí, cuanto antes detectemos las necesidades individuales antes conseguiremos un aprendizaje óptimo. Desgraciadamente la repetición en primaria no está bien vista por los padres, ya que creen que con el tiempo su hijo recuperará el aprendizaje perdido. Normalmente, con los cursos, las carencias se hacen más grandes. Está el duelo de los amigos, sí, pero a corto plazo puede hacer subir la autoestima del alumno si así se adapta al nivel. Porque a la larga se integrará a una nueva promoción de compañeros y probablemente se graduará con éxito. En secundaria no funciona

En cambio en secundaria la repetición no me parece tan productiva. En plena adolescencia los malos resultados académicos acostumbran a ir relacionados más con su actitud disruptiva que con dificultades de aprendizaje. Es decir, normalmente tenemos grupos de refuerzo para los alumnos que en secundaria tienen carencias de contenido importantes sin tener que pasar obligatoriamente por la repetición. Si un alumno no quiere entrar en el rol de “hacer de estudiante” podría repetir de manera infinita y bien seguro que quemaría las promociones que se lo encontrasen por el camino. Por eso, en los casos de los alumnos conductuales, se les pasa de curso aunque lo hayan suspendido todo. Se acostumbra a esperar a cuarto de ESO para que repitan o se apunten a un PFI (programa de formación e inserción) y se gradúen fuera del instituto.

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La mayoría de institutos, por culpa de las ratios altas, no pueden disponer de muchas plazas para repetidores. Por lo tanto, las repeticiones son muy selectivas y acostumbran a priorizar las dificultades de aprendizaje y no tanto las actitudinales. Los alumnos recién llegados que nos llegan a secundaria también acostumbran a necesitar un curso de repetición. Si llegan a primaria tienen margen para adaptarse sobre todo a la lengua, pero si lo hacen a cuarto de ESO es improbable que se gradúen a la primera. Y de rebote también podemos hablar de la repetición en el bachillerato. Desgraciadamente muchos alumnos que consiguen por los pelos el graduado, después se estrellan en el bachillerato. Y también encontramos los que caen de rebote en el bachillerato cuando no consiguen plaza en los ciclos formativos que quieren. En los dos casos, o acaban repitiendo o abandonando. Es decir, que al final pierden un año entero. La reflexión que deberíamos hacer con respecto a la repetición es que lo más importante para un estudiante es llegar con éxito al final del camino. Algunos, simplemente, necesitarán más tiempo para conseguirlo.