El consultorio

¿Es hiperexigente, como le ayudo?

La autoexigencia no adaptativa aparece sobre todo en la adolescencia y es más común en las niñas

BarcelonaCuando un niño, o mejor dicho, un adolescente se propone estándares excesivamente altos, tiene miedo al error y sufre por no cumplir las expectativas que supone que tiene a su alrededor, hablamos de hiperexigencia o, tal y como se conoce entre los profesionales, perfeccionismo disfuncional. No debe confundirse con su vertiente saludable. Y es que la autoexigencia, si es adaptativa, comporta un mejor rendimiento, tanto académico como deportivo, como en otros ámbitos de la vida del joven porque asume la voluntad de mejorar constantemente, desarrolla la responsabilidad y el compromiso y acaba organizándose mejor y, al mismo tiempo, trabajando una motivación intrínseca. Ahora bien, si es disfuncional, afecta al día a día del joven y lo condiciona, es necesario intervenir. Aunque se da en ambos géneros, la hiperexigencia disfuncional es más habitual en niñas que en niños, por la tendencia a anticiparse, a buscar la perfección y la capacidad de control.

¿Cómo reconocemos una hiperexigencia negativa?

Tal y como señala la psicóloga Mercè Porta Puig, del equipo de JM Médicos de Mollerussa, la autoexigencia no adaptativa interfiere en la funcionalidad del joven que sufre, se desprecia, se instala en la crítica continua y se paraliza. Por tanto, para Porta es importante entender que el rasgo no se define por tener un estándar alto, sino por el miedo constante del fracaso y la percepción de que la valía depende del rendimiento de uno mismo.

Cargando
No hay anuncios

¿Tiene otras consecuencias?

Normalmente, los chicos y chicas que son hiperexigentes pueden acabar desarrollando trastornos como la ansiedad o, incluso, un TOC, ya que la hiperexigencia está relacionada con una baja autoestima, con el miedo al juicio social, con el pánico a decepcionar…

Cargando
No hay anuncios

¿Cuándo se desarrolla la hiperexigencia?

Según señala Porta, la edad más frecuente de la hiperexigencia es la adolescencia y, sobre todo, las etapas de transición, es decir, de 6º de primaria a 1º de ESO o de 4º de ESO a 1º de bachillerato. "Son etapas con un aumento de la demanda social y académica asociada a la comparación entre los referentes y los iguales", explica Porta. Estas situaciones, pues, pueden ser desencadenantes, aunque también les puede influir la presión "a dar lo mejor de sí mismos en clase, en el equipo o en casa".

Cargando
No hay anuncios

¿Cómo se trata?

Recurrir a un profesional puede ayudar a los jóvenes hiperexigentes a no arrastrar este talante a la edad adulta. Para ello, se les dan herramientas de autoconocimiento y autoestima que les permitan, precisamente, gestionar las situaciones en las que uno mismo siente que lo hace mal y, por tanto, "reinterpretar el error". Además, dice Porta, también se trabajan las habilidades sociales, ya que cree que si es necesario demostrar a los iguales que es bueno en determinados terrenos es porque faltan "otros recursos".

Cargando
No hay anuncios

¿Podemos ayudar a un hijo hiperexigente?

En casa, uno de los consejos que da Porta a la consulta a las familias es que permitan que "los niños vivan su vida" y, por tanto, no trasladarles expectativas. Cree que el trabajo familiar es clave, ya que el adolescente "es fruto del ambiente en el que vive y de las relaciones sociales que hace" y reconoce que hay familias en las que se da "la sensación de desaprobación" o "críticas muy duras". "La identidad del niño la hacemos en casa", dice Porta.

Cargando
No hay anuncios

El error como oportunidad

Sin embargo, lleva la respuesta a la hiperexigencia al entender el error como una nueva oportunidad de "hacerlo mejor" y no un error. "No hay que ver como una sentencia sino que debe haber tolerancia y flexibilidad", dice Porta, quien cree que el problema se genera cuando se vive como algo "inflexible". Hay que dar a entender a los jóvenes que "el aprendizaje incluye errores", recalca la psicóloga, que avala redefinir el éxito y elogiar más el esfuerzo y el proceso que el resultado. "Quizás hay que decir que saber que se ha esforzado nos interesa más que la nota que ha sacado", ejemplifica Porta. "La clave no es ser exigente sino entender el error", añade.

Cargando
No hay anuncios