¿A partir de qué edad se pueden quedar solos en casa?
Según los expertos saberlo no es fácil porque, como todo proceso evolutivo, depende de cada niño
BarcelonaLlegamos a casa después de la escuela y cuando ya tenemos las rutinas de la noche a medias, nos damos cuenta de que nos hemos olvidado de comprar pan. Deberemos volver a vestir, poner zapatos, chaquetas… y bajar todos de nuevo a la calle. ¿Y si le dejo solo un momento?
¿A quién no le es familiar esta situación? Es en estos momentos que muchos padres y madres empiezan a plantearse si su hijo puede quedarse solo. Saberlo no es fácil porque, como todo proceso evolutivo, depende de cada niño. Para Miguel Muñoz Ibáñez, psicólogo sanitario y terapeuta familiar sistémico en el centro Vincles, es un tema controvertido porque no existe una edad definida, sino que depende de la madurez, el desarrollo y la autonomía del niño. Eso sí, hay que tener en cuenta que en ciertas edades es inviable porque dejar sin atención a los niños, por ejemplo, menores de siete años puede ser una negligencia. En esta edad difícilmente pueden tener estrategias y autonomía que les den seguridad, pero el psicólogo apunta que las herramientas pueden empezar a trabajar para que un tiempo después, entre los nueve y los diez años, se pueda probar si el niño puede quedarse "pequeños momentos" solo en casa. Eso sí, Muñoz está muy claro con el trasfondo de esta decisión: empezar a dejar al niño o niña solo en casa no debe responder a una "necesidad impulsiva" de los progenitores, sino a un trabajo en torno a la autonomía, la confianza y la autoestima para que los hijos cojan esta nueva competencia y llegados el momento, puedan responder sin problemas.
¿Cómo saber si están preparados para quedarse solos?
Para poder quedarse solo un rato, por corta que sea, un niño debe ser capaz de cuidarse solo, es decir, tener cierta capacidad de supervivencia. Muñoz describe estas "estrategias mínimas" como la capacidad de saber reaccionar si ocurre algo: avisar a un vecino de confianza, llamar al 112 si hay algún incidente… Por tanto, recomienda siempre preparar a los niños con estos recursos antes de dejarlos solos, "anticiparse" al máximo y practicar con tiempo para que el día que haya un imprevisto, sea suficiente. Si se tienen estas mínimas pautas para gestionar la situación, Muñoz cree que niños y niñas pueden empezar a quedarse solos en casa hacia los nueve o diez años, siempre que sean pequeños ratos que se pueden ir haciendo más largos con la edad.
¿Y si lo piden?
Muñoz cree que es positivo cuando un niño pide quedarse solo. Poder hacerlo les hace sentir mayores y no hacerlo puede "invalidar su confianza y desarrollo". "La sobreprotección y el miedo a los padres tampoco es buena", dice Muñoz.
El paso a la secundaria, ¿el punto de inflexión?
Normalmente, la entrada en el instituto supone un cambio en la logística familiar. Van solos a clase y, por tanto, tienen más autonomía al tiempo que van creando sus espacios y, por eso, hacia 5º o 6º es positivo que ya se encuentren. En este sentido, Muñoz también cree que vale la pena anticiparse para realizar esta evolución con éxito para que, aunque no es habitual, puede darse la situación de que llegados al momento, no les haga gracia.
El riesgo de las tardes largas
La autonomía que se gana con la secundaria choca, a menudo, con la conciliación familiar. "Un horario compatible con estar en casa a las cuatro de la tarde es una utopía", dice Muñoz, consciente del contexto que viven las familias. Alerta, sin embargo, que dejar solo al adolescente todas las tardes hasta la hora de cenar puede suponer un problema emocional. "No es desamparo, pero se está descuidando el vínculo y el cuidado familiar", añade. En esta línea, propone buscar extraescolares que gusten por hacer que esté solo tan sólo una parte de la tarde.
¿Y de noche, cuándo?
Para Muñoz, la noche no es distinta que el día en el sentido de que el reto es el mismo: tener las herramientas para reaccionar en caso de que ocurra algo. Sin embargo, entiende que tiene una connotación diferente y, por tanto, no dejaría solo a un niño de doce años, pero quizá se podría probar con un adolescente alrededor de los dieciséis años. En este caso, Muñoz propone que las primeras noches los padres no se marchen "muy lejos" por si deben volver.
¿Señales para preocuparnos?
A veces hay niños que dicen querer quedarse, pero después lo pasan mal. Muñoz dice que en estos casos pueden mostrar angustia cuando vuelven sus padres o sufrir regresiones, como volverse a hacer pipí. En estos casos, Muñoz apuesta por hacer un acompañamiento para ayudar a vencer miedos y trabajar la seguridad.