El Kremlin ensaya la desconexión total de Rusia cortando el acceso a internet en el centro de Moscú

Las autoridades bloquean la red móvil por miedo a los drones ucranianos ante la pasividad de los ciudadanos

Dos jóvenes caminan por la plaza Roja de Moscú.
16/03/2026
4 min

MoscúUna viñeta aparecida en la prensa rusa muestra una valla publicitaria con la caricatura de Vladimir Putin y el texto "Él nos sacó de los años 90". A sus pies, un hombre pregunta a otro: "¿De dónde lo has sacado, le busca personas?". Y su interlocutor responde: "Ahora te lo enseño en el mapa", y despliega un plano enorme de Moscú. Pasear estos días por la capital rusa es volver al pasado y, al mismo tiempo, contemplar un decorado de ciencia ficción. El 5 de marzo, las autoridades bloquearon el internet móvil en los distritos céntricos de la ciudad y, más de una semana después, la red sigue fallando. El Kremlin justifica que lo ha hecho por "motivos de seguridad", pero los activistas alertan de que éste es apenas un paso más hacia la desconexión inevitable de Rusia del internet global.

Los peatones intentan descifrar la desconcertante realidad mientras se refugian en cafés y bibliotecas en busca de wifi. ¿Por qué en una calle el teléfono funciona durante unos segundos, pero, una travesía más allá, pierde de nuevo la conexión? Algunos no reciben mensajes de texto y los hay que ni siquiera consiguen realizar llamadas. En una ciudad entregada a las plataformas de comercio electrónico, es una constante ver riders perdidos sin el GPS o taxistas recurriendo a los métodos tradicionales para captar clientes y exigiendo pagos en efectivo. Se calcula que durante los primeros cinco días de interrupciones, las pérdidas para los empresarios fueron equivalentes a 50 millones de euros. El retorno a tecnologías pretéritas no parece una opción descabellada para muchos. Los diputados proponen recuperar las cabinas telefónicas obsoletas e instalar puntos públicos de acceso a internet, y las ventas de mapas de papel, walkie-talkies, teléfonos fijos y buscapersonas están en aumento.

Ante la inquietud de la población, el Kremlin se ha limitado a explicar que los cortes en la red son necesarios para "motivos de seguridad" y para hacer frente a los "métodos de ataque cada vez más sofisticados de Ucrania". Según comenta al ARA el ciberabogado Sarkis Darbinian, Putin teme una nueva "operación telaraña", el mayor y más profundo ataque contra la aviación rusa, perpetrado con drones ucranianos. Sin embargo, el miedo es que esta vez el objetivo sea la capital, sus centros de poder y sus funcionarios, teniendo en cuenta que el Parlamento, los ministerios y la administración presidencial también se han quedado sin internet.

De todos modos, Darbinian asegura que el celo es excesivo porque Moscú es una ciudad muy blindada y, además, bloquear la red puede ser inefectivo para prevenir atentados con drones. Sin embargo, señala que el miedo es tal que cada vez se está abusando más de soluciones como ésta, sin contemplaciones, sin tener en cuenta el bienestar de la población ni de la economía. De hecho, desde junio de 2025, en algunas regiones rusas donde existen instalaciones estratégicas, los ciudadanos no tienen conexión. Por eso desde el Kremlin no se atreven a vaticinar cuando se alargarán las restricciones y están convencidos de que la gente "no tiene ninguna duda de que la seguridad es primordial."

Resignación

Y muchos de los moscovitas les dan la razón. Se muestran resignados y asumen la nueva situación como una fatalidad, sin indignación, con una actitud prepolítica, como si el apagón de las comunicaciones en el centro de la ciudad más grande de Europa fuera un designio divino ante el que no se puede levantar la voz. Junto a la plaza Roja, una joven que no quiere decir su nombre asegura que "lo más importante es que todo el mundo esté sano y salvo" y que está dispuesta a "sufrir lo que convenga". Antes de irse, pregunta: "¿Me pondrán en prisión para decir esto?". Un grupo de universitarios explica que en estos momentos no pueden entrar en la facultad porque lo hacen con una aplicación móvil. "Estamos acostumbrados a la comodidad y la accesibilidad, y eso es desagradable", afirma Rustam. "La comunicación es un privilegio en nuestro país", añade Stepan. No muy lejos, yendo hacia el trabajo, Denis ve el lado positivo del bloqueo. "El 90% del tiempo que la gente está en internet mira tonterías, ahora tendrán más tiempo para hablar con los demás y pensar en la vida", opina.

Según Darbinian, las medidas se acabarán levantando porque las autoridades todavía "no están preparadas" para el escenario iraní con "listas blancas permanentes", en las que sólo funcionen unos determinados recursos online autorizados por el gobierno. Lo que sí ve cerca es la expulsión de todas las plataformas que no quieran colaborar con los servicios secretos, como Telegram y WhatsApp, y alerta de un "gran riesgo" de que se materialice el objetivo perseguido desde el 2012 por el Kremlin y acelerado por la guerra en Ucrania: desconectar a Rusia del Un horizonte no muy lejano, a medio camino entre China y Corea del Norte, que permita dejar el país a oscuras en momentos de tensión social.

El experto cree que en breve las autoridades podrán bloquear también las redes wifi domésticas e intentarán sin éxito tumbar los sistemas VPN, las herramientas que permiten esquivar la censura y conectarse a servidores europeos. "Las VPN se están convirtiendo en más que una simple forma de evadir la ley; son una forma de protesta civil –declara–. No es realista esperar a que los rusos salgan a protestar sabiendo que los encarcelarán y torturarán, pero sí podemos esperar a que protesten con sus dispositivos".

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