El consultorio

Por qué el 'Journaling infantil' ayuda a gestionar las emociones?

Escribir, dibujar o crear un diario puede ayudar a los niños a poner nombre a lo que sienten y a ordenar su mundo interior

BarcelonaEn las redes sociales, la palabra journaling a menudo va de la mano de pegatinas, purpurina y rotuladores fosforescentes. Pero en realidad, es el hábito de escribir las vivencias, los pensamientos, las emociones o los recuerdos en un cuaderno a través de la escritura, el dibujo, las listas, el collage o preguntas. Muchas empresas han visto en ello un filón comercial y la práctica se ha adaptado a nuevos públicos, como el infantil. Ahora bien, más allá de su vertiente de marketing, ¿es una herramienta que funciona? Para Èlia López, doctora en ciencias de la educación de la Universitat de Barcelona (UB) la respuesta es sí. “El journaling puede devenir una herramienta educativa, pedagógica y emocional de gran valor. Más allá de la estética, ofrece a los niños un espacio personal de expresión, conciencia y regulación emocional”, comenta López, que advierte que “no debería ser visto solo como una actividad creativa o decorativa, sino como un recurso pedagógico y emocional que puede contribuir significativamente al bienestar infantil”.

Más allá de la estética

A pesar de esta imagen brillante, con composiciones imposibles y muy trabajadas estéticamente, llenar un diario con las vivencias o los sentimientos que el niño ha vivido aquel día, es una herramienta que desde la educación emocional tiene muchos beneficios. “Favorece competencias emocionales esenciales para el desarrollo integral de los niños: contribuye al autoconocimiento, porque ayuda a identificar y comprender qué sienten y qué necesitan; a la autorregulación emocional, porque permite detenerse, reflexionar y gestionar mejor las emociones antes de actuar impulsivamente; y también a la autonomía emocional, ya que ofrece recursos internos para que el niño pueda afrontar las situaciones con más seguridad y consciencia”, enumera López.

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¿Por qué está de moda?

El journaling encaja con tres tendencias actuales: la preocupación por la salud mental infantil y adolescente, la educación emocional en la escuela y el retorno a actividades analógicas que funcionan como contrapeso a las pantallas. De hecho, han aparecido muchas prácticas diversas, como el gratitude journal, un diario donde el niño agradece cosas buenas que le han pasado durante el día; el emotion journal, en el que registra cómo se ha sentido; el bullet journal, donde se anotan de manera esquemática cosas que han pasado, tareas, hábitos o recuerdos –“hoy he hecho…”, “hoy he recordado…”–, o el junk journal, que consiste en crear un diario con recortes, tiques y todo tipo de materiales, en una especie de memoria visual.

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Escribir para entender qué pasa por dentro

Desde el “querido diario” hasta ahora, con el journaling, poner palabras a los sentimientos es una herramienta terapéutica, tanto para grandes como para pequeños; es lo que se conoce como escritura expresiva. “Hay experiencias, emociones o inquietudes que a menudo cuestan expresar verbalmente. En cambio, el lenguaje simbólico, visual y creativo facilita que los niños puedan dar forma a lo que sienten con más libertad y autenticidad”, explica López. Según la experta, el proceso de crear, representar y transformar lo que es interno en algo visible ayuda a ordenar el pensamiento, tomar distancia emocional y generar más comprensión sobre el propio niño. El beneficio principal no es “hacer literatura”, sino poner orden interno.

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No hacen falta grandes experiencias vividas, sino hechos del día a día que hayan removido emociones: una pelea en la escuela, una sorpresa o sensaciones nuevas. “Permite focalizar los pensamientos desde una mirada más positiva y constructiva, incorporando aspectos como el agradecimiento, las fortalezas personales o los pequeños momentos de bienestar cotidiano. El niño siente que dispone de un espacio propio donde puede expresarse con libertad, sin miedo al juicio ni al error”, detalla López. Precisamente, esta libertad refuerza la autoconfianza del niño, del mismo modo que también fomenta la creatividad y la autonomía emocional.

¿Qué dice la ciencia?

La base científica más sólida no habla tanto de journaling infantil, sino de escritura expresiva: escribir sobre pensamientos y emociones vinculados a situaciones difíciles, estresantes o significativas. Un metaanálisis sobre adolescentes de 10 a 18 años revisó 21 estudios y encontró efectos positivos pero pequeños en malestar emocional, conducta problemática, ajuste social y participación escolar. Sin embargo, los autores remarcan que es una herramienta prometedora, pero no definitiva ni sustitutiva de una intervención psicológica cuando hay sufrimiento importante.

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