Mi primer trabajo de verano
Hablamos con Rania, Nora y Sara, tres chicas de 18, 16 y 20 años, respectivamente, que este verano se enfrentan a su primera experiencia laboral
Cerdanyola del VallésHistóricamente, la llegada del verano se ha asociado a la búsqueda de empleo de temporada por parte de miles de jóvenes que al acabar el curso académico quieren tener sus propios ingresos. Las motivaciones son muy diversas: hacer un viaje con los amigos, sacarse el carnet de conducir, darse un capricho, hacer colchón para sobrevivir el próximo curso escolar o sufragar-se parcialmente o totalmente los estudios.
Este repunte también se nota en las empresas, un gran grueso de las ofertas laborales de las cuales, al llegar la época estival, no hacen tanto énfasis en la experiencia previa como requisito clave para incorporar personal. Así lo ponía de manifiesto hace justo un mes el portal InfoJobs: en junio publicó casi 97.500 vacantes que no requerían experiencia previa (el 39,5% del total). Las categorías que aglutinaban más vacantes sin experiencia requerida eran compras, logística y almacén; comercial y ventas; atención al cliente; conductor de vehículo de reparto, y dependiente, así como trabajos característicos del verano para iniciarse en el mundo laboral, como camarero, socorrista, monitor de ocio y tiempo libre, recepcionista y animador turístico.
Meses para buscar empleo
Rania y Nora Gherarmi, de 18 y 16 años, respectivamente, son dos hermanas de Cerdanyola del Vallès que se han iniciado recientemente en el mundo laboral. En cuarto de ESO ambas hicieron un curso de primeros auxilios que después pudieron complementar con una formación de monitor de ocio y tiempo libre que requería hacer un mes de prácticas en un casal de verano en Sabadell, trámite por el cual la mayor ya pasó hace dos veranos y la pequeña lo está cursando actualmente. “A mí el verano pasado me volvieron a reclamar del casal, ya como trabajadora de pleno derecho, y este año he vuelto tres semanas”, explica Rania, que hace poco más de un mes también ha comenzado a trabajar como vendedora de entradas, camarera y acomodadora en los cines de un centro comercial en Barberà del Vallès. Durante este mes de julio la chica trabajará en el casal de verano entre semana y después, los viernes por la tarde y por la noche y los fines de semana, en el cine. En agosto, y hasta el 5 de septiembre, ya solo lo hará en el cine.
Encontrar trabajo, sin embargo, no ha sido nada fácil. “Los últimos meses me he hartado de enviar currículums a través de plataformas como InfoJobs y Yobalia, y también he entregado personalmente en un montón de sitios y no había manera de que surgiera ninguna oportunidad laboral”, explica Rania, que “ya a la desesperada” estaba a punto de postularse para una cadena de restauración de comida rápida donde sabe que “hay mucha rotación de personal”. Finalmente, se inscribió a la vacante del cine a través de la web y todo fue sobre ruedas. En el casal espera seguir disfrutando del tiempo compartido con los niños, tanto con los pequeños como con los mayores, y en el cine confía en que su carácter sociable le haga el día a día más fácil.
A pesar de mostrarse ilusionada con esta nueva etapa, Rania, que estudia el grado de Gestión Aeronáutica en la UAB, reconoce que lo que más le está costando de trabajar cada día de la semana es renunciar a pasar tiempo con los amigos, a quienes durante el curso no ve tanto como le gustaría. Para no obsesionarse con este pensamiento, se centra en su objetivo, que no es otro que ahorrar tanto como pueda. “Me estoy sacando el carnet de conducir y se me está resistiendo un poco, y después quiero comprarme un coche. Son gastos grandes de los que me gustaría liberar a mis padres”, señala.
Descubrimiento de vocaciones
A su vez, este mes de julio Nora está realizando las prácticas no remuneradas en el casal de verano de Sabadell que necesita para finalizar la formación de monitora de ocio y tiempo libre. Además, continuará dando clases gran parte del verano a una de las chicas de segundo de ESO de su instituto a quien ya llevaba todo este curso echando una mano. Nora, que en septiembre comenzará segundo de bachillerato, cobra entre 8 y 10 euros por hora, un dinero que la benjamina de la casa destina a las experiencias que le gusta disfrutar (parques temáticos, actividades, restaurantes...) y a los regalos que le encanta hacer a los demás.
En este caso, la búsqueda de trabajo fue mucho más fluida: “Le comenté a mi mejor amigo, que ya daba clases particulares, que a mí también me gustaría dar alguna y, casualmente, su sobrina necesitaba una profesora particular”. Después miembros del equipo directivo del instituto donde estudia fueron pasando clase por clase para comentar a los alumnos que si se veían con ganas de dar clases de repaso se lo comentaran, y Nora fue una de las que se lanzó de cabeza.
Así es como encontró su segunda alumna. “Durante el curso les he estado dando dos horas de repaso a la semana a cada chica, y me siento orgullosa sobre todo del progreso de una de ellas”, dice Nora, que explica que se ha dado cuenta de que tiene facilidad para enseñar a los niños. “Nunca había explorado esta opción, porque a mí siempre me ha llamado la atención el mundo de la bioquímica y la biomedicina, pero hoy por hoy no descarto dedicarme a la docencia en el ámbito de las ciencias”, subraya la joven, a quien de cara al próximo curso le gustaría continuar dando clases particulares a sus dos alumnas. “¡Ahora hay que ver si lo puedo compaginar con el inglés y la exigencia que implica segundo de bachillerato!”, exclama.
Falta de oportunidades
A Hasna Segnor, madre de Rania y Nora, le parece muy bien que sus hijas se inicien en el mundo laboral y que, además, lo hagan de forma progresiva. “Es una experiencia que deben vivir, pero a su edad yo no soy partidaria de que hagan una jornada de 30 o 40 horas semanales”, afirma. Segnor encuentra más adecuada un trabajo de fin de semana, o de pocas horas a la semana, que después, durante el curso escolar, puedan incluso compatibilizar con los estudios. Lo que no querían ni Adlan, su marido, ni ella era que las chicas aceptaran un trabajo muy esclavo, o uno en el que no pudieran dar lo mejor de sí mismas, que según ella es en el caso de Rania el hecho de ser “paciente, responsable y divertida”, y en el caso de Nora “su implicación, generosidad y compromiso con los demás”.
Hasna también se siente orgullosa de que a su hija mayor la hayan vuelto a llamar del casal de verano y de que desde el instituto la recomienden cuando algún alumno necesita clases particulares. “Esto al final refleja la educación y las maneras que tienen tus hijas y, en parte, es fruto del trabajo que los padres hemos llevado a cabo durante años y años”, subraya. Entre los beneficios que un primer trabajo puede aportar a sus hijas destaca “el hecho de que empiecen a valorar el mundo laboral, ganar dinero, la responsabilidad y la organización que implica tener trabajo”. También el compromiso que implica firmar un contrato laboral, ya que “te obliga a ser puntual, cumplir unos objetivos, saber estar y hacerte responsable de lo que haces”.
En cuanto a las ganas de trabajar de las nuevas generaciones, la madre de Rania y Nora reconoce que hay de todo, y que “ni todos los jóvenes están dispuestos a comprometerse con un trabajo ni todos pretenden vivir de gorra”. Sí que se muestra especialmente crítica con las empresas, a las cuales actualmente les cuesta incorporar trabajadores sin experiencia. “Pero es que si no les das la oportunidad de trabajar y aprender –plantea Hasna–, ¿cómo quieres que se desarrollen y adquieran competencias clave hoy en día?”
La independencia económica como motivación
Sara del Pino, también de Cerdanyola del Vallès, tiene 20 años recién cumplidos y lleva unos meses haciendo de niñera de dos hermanos de 8 y 10 años. La oportunidad surgió porque la madre de las criaturas es clienta de Belén, la madre de Sara, en el centro de estética que regenta. Esta alineación de factores acercó más a Sara al objetivo de ahorrar dinero para, entre otras cosas, hacer un viaje con su pareja este verano. “Yo quería tener dinero, por lo que estaba abierta a trabajar casi en cualquier sitio, no me había impuesto ningún tipo de limitación”, explica. La joven reconoce que el hecho de que en su entorno quien más quien menos estuviera trabajando también la ayudó a dar el paso. “Ves que todo el mundo trabaja, gana su dinero y hace su vida, y tú también quieres esa independencia para ti misma”, dice.
A pesar de no tener una idea clara de qué querría hacer, trabajar con niños es algo que a Sara le gusta especialmente. “A mí siempre me han gustado los niños, y eso hace que no se me haga complicado tener cuidado de ellos. Como tampoco son tan pequeños, juego y me entretengo mucho con ellos, nos divertimos mucho”, explica. Durante la experiencia espera poder enseñarles todo lo que sea posible y que cuando se hagan mayores recuerden con aprecio su paso por su vida. Un recuerdo que a partir de septiembre, cuando ella siga con su ciclo de grado medio de higienista bucal y comience las prácticas, habrá que continuar forjando los fines de semana y en periodos de vacaciones.
Convertirse en adultos responsables e independientes
A Belén Rubio el hecho de que su hija pequeña haya comenzado a trabajar recientemente le despierta sentimientos como la nostalgia –“Por el hecho de que se está haciendo grande a pasos agigantados”– y el orgullo –“Por el hecho de que quiera ser independiente económicamente, que al fin y al cabo es lo que buscamos todos los padres”–. Conociendo a la chica, sin embargo, teme que “su autoexigencia le haga pensar que no es lo suficientemente buena para el trabajo que tenga que ser”. Un trabajo que Belén sabe que llevará a cabo perfectamente. De cualidades, afirma, no le faltan. Y es que aparte de encantarle los niños, “Sara es amorosa, empática, buena, dulce…”. La vocación de la joven siempre ha sido hacer algo relacionado con los niños, así que su madre se muestra segura de que “disfrutará al máximo de la experiencia”.
Rubio explica, sin embargo, que ellos, como padres, también la han animado a trabajar este verano. “Que empiece a abrirse puertas, sea en el ámbito que sea, es bueno para su futuro”, afirma. Por eso mismo cuando su clienta le comentó que necesitaba una canguro para sus hijos, ella no dudó ni un momento en recomendarle a su hija.
De hecho, iniciarse en el mundo laboral es algo que, a su parecer, deberían hacer todos los jóvenes cuanto antes mejor. “Hoy en día los jóvenes están un poco acomodados a vivir bajo el ala de los padres, y el hecho de trabajar les aporta habilidades y valores que no adquieren ni en casa de los padres, ni estudiando ni en la calle, como el hecho de tener unos superiores y tener que rendir cuentas, tener un horario, una responsabilidad y un compromiso”, prosigue Rubio. Al final, se trata de que salgan de su zona de confort y ver, como padres, que “una vez los has dotado de las herramientas adecuadas ellos saben desarrollarse y devenir adultos responsables e independientes”, concluye Rubio.
La primera experiencia laboral es mucho más que una fuente de ingresos. Puede representar una oportunidad importante de crecimiento personal y maduración. Entre los principales beneficios, Silvia Guillamón, psicóloga y directora del centro L’Arbre, destaca 10. “El primer trabajo no solo aporta experiencia laboral; también es una herramienta de desarrollo personal que contribuye a la construcción de adultos más autónomos, competentes y seguros de sus capacidades”, subraya Guillamón.
- 1. Aumento de la autoestima Comprobar que son capaces de asumir responsabilidades refuerza la confianza en sí mismos.
- 2. Desarrollo de la autonomía Fomenta la toma de decisiones y la independencia progresiva.
- 3. Sentido de responsabilidad Aprenden el valor del compromiso, la puntualidad y el cumplimiento de objetivos.
- 4. Construcción de la identidad Permite descubrir intereses, fortalezas y preferencias profesionales.
- 5. Sentimiento superior de eficacia personal Experimentar que su esfuerzo tiene resultados reales incrementa la motivación.
- 6. Educación financiera básica Les ayuda a comprender el valor del dinero y a gestionar recursos propios.
- 7. Preparación para la vida adulta Ofrece experiencias reales que facilitan la transición hacia la edad adulta.
- 8. Ampliación de la red social Genera nuevas relaciones y referentes fuera del entorno familiar y académico.
- 9. Mejora de las habilidades sociales Favorece la comunicación, el trabajo en equipo y la resolución de conflictos.
- 10. Madurez emocional Ayuda a gestionar la frustración, el esfuerzo y las exigencias del día a día.