El consultorio

¿Por qué se llevan peor con los padres que con otros adultos?

Que un niño se deje llevar en presencia de sus progenitores y no de otras personas suele ser un reflejo de seguridad emocional

30/05/2026

Barcelona“Hasta ahora se estaba portando de maravilla, pero has llegado tú y ha empezado a torcerse.” He aquí el típico comentario que hacen los abuelos cuando pasamos a buscar a los niños. A veces interpretamos que el niño se comporta peor con sus padres, pero, tal como puntualiza la doctora Montse Arellano, neuropediatra del servicio de pediatria del Hospital Universitari Mútua Terrassa, en muchos casos lo que sucede es justo lo contrario: "Con ellos es cuando se siente mucho más seguro”. Las criaturas pasan gran parte del día esforzándose por adaptarse a la escuela, con otros adultos, con los amigos... Y allí –afirma Arellano– tienden a comportarse de forma más contenida porque hay normas y menos confianza para expresar lo que sienten. En realidad, que un niño o niña se deje ir en presencia de sus progenitores y no de otras personas, señala, suele ser "un reflejo de seguridad emocional", dado que sabe que se encuentra en un entorno de confianza en el cual puede mostrarse tal como es, incluso cuando se encuentra cansado o desbordado.

¿En qué situaciones se hace especialmente patente este desbordamiento?

La doctora Arellano apunta que son evidentes en momentos en los que el niño está más cansado o sobreestimulado, al recogerlo en la escuela, al final del día, en situaciones nuevas como un viaje o en transiciones clave, como empezar la escuela o la llegada de un hermano. “También aparecen cuando algo les frustra o enfada especialmente”, afirma. En todos estos casos, el niño recurre a sus padres como "lugar seguro" en el que poder desahogarse. En palabras de la neuropediatra, no es ninguna casualidad, sino que en aquel momento “el niño siente que puede dejar ir todo aquello acumulado durante el día”.

Cargando
No hay anuncios

¿Qué tipo de situaciones pueden desencadenarse en todos estos supuestos?

Las más habituales son las que tienen que ver con la descarga emocional: llantos, rabietas, gritos, oposición y, hasta, más inquietud o hiperactividad. Arellano pone como ejemplo el de un niño que ha estado todo el día portándose muy bien y que puede empezar a llorar sin ningún motivo aparente al ver a sus padres, o mostrarse irritable y decir "no" a todo. Otros niños, explica, reaccionan “con dificultad para estarse quietos o conductas más impulsivas”.

Cargando
No hay anuncios

¿Hay determinadas edades en las cuales este fenómeno sea más evidente?

Sí, sobre todo en niños de entre dos y cinco años. Y es que, tal como puntualiza la doctora Arellano, son edades “en las que no saben cómo regular sus emociones, y también en las que aparecen las rabietas”. Después, matiza, ya no es tan frecuente o intenso: “Aparece, pero de manera diferente. Adopta una forma más de discusión, desafío o conducta oposicionista.”

Cargando
No hay anuncios

¿Por qué no son capaces de regular su comportamiento una vez “desbloqueada” esta contención?

Porque en ese momento están desbordados y todavía no saben calmarse ellos solos. “Cuando la emoción sale es muy intensa y les cuesta mucho parar; es como si se les escapara de las manos”, subraya la doctora, que también insiste en que ni lo hacen a propósito ni para llamar la atención de manera negativa. En ese momento, simplemente necesitan que el adulto les ayude a calmarse porque ellos no saben hacerlo por sí mismos y es por este motivo que buscan a los padres de manera prioritaria, porque, según Arellano, son quienes les pueden ayudar a entender aquello que sienten y a tranquilizarse.

Cargando
No hay anuncios

¿Hay alguna razón que explique por qué este comportamiento se acusa más en la figura materna?

"Suele pasar con aquella persona con la cual el infante tiene más relación y confianza en el día a día", afirma Arellano. Muchas veces, apunta, suele ser la madre simplemente porque ha estado más presente o es su referente principal.

Cargando
No hay anuncios

¿Cómo podemos ir construyendo este vínculo y esta disponibilidad durante sus primeros años de crianza?

El vínculo se debe ir tejiendo día a día. No hay ninguna fórmula mágica. Los niños, recuerda Arellano, necesitan saber que estamos disponibles, que respondemos cuando nos necesitan y que sus emociones tienen cabida, incluso aquellas más difíciles. “No hay que hacerlo perfecto, tan solo estar ahí”, insiste. Y pone un par de ejemplos: si un niño se cae al suelo y llora, habría que evitar decirle que no pasa nada, sin más, sino acercarse y preguntarle si se ha hecho daño; si tiene una rabieta porque no es capaz de hacer alguna cosa, en lugar de enfadarnos directamente, habría que ayudarle a poner palabras a lo que le está pasando. Para Arellano, en los momentos tranquilos también es importante dedicar ratos pequeños, pero de calidad, a jugar con ellos sin distracciones y escucharles cuando explican alguna cosa, "por mucho que sea simple o uno piense que es irrelevante”. Y, después, cuando se desborda, mantener la calma. “No siempre es fácil –apunta la neuropediatra–, pero que el adulto no estalle ayuda mucho a que el niño aprenda a regularse.”

Cargando
No hay anuncios