Reuniones con los tutores: qué podemos preguntar más allá de las notas
Las tutorías con maestros y profesores son una herramienta fundamental para saber más sobre el desarrollo de los hijos
Las reuniones con los tutores de los hijos son la oportunidad para saber cómo es su vida en el microcosmos donde pasan gran parte del día, como mínimo, desde los seis y hasta los dieciséis años. Si no hay problemas importantes, suelen programarse uno o dos encuentros por curso, con reuniones que rondan la hora de duración. Aunque últimamente, el profesorado y las familias también se comunican a lo largo del año, a través del correo electrónico, cuando lo consideran oportuno.Tanto Montse Jiménez, profesora de secundaria en la Fundació Vedruna Catalunya Educació, como Núria Sabaté, maestra de primaria en la Escola Marià Fortuny de Reus, recomiendan preguntar, aparte de las cuestiones académicas, por el desarrollo personal de los hijos. Hay vida más allá de las notas
Jiménez considera que la mayoría de familias se preocupan sobre todo por las notas, se focalizan en los resultados a pesar de que los informes son cualitativos y hay observaciones de los tutores que valoran las competencias transversales: “Todavía pesa mucho el ¿Cómo va mi hijo?, y se refieren a cómo van de resultados”. En la misma línea, Sabaté recomienda que las familias hagan preguntas para asegurarse de la percepción que tienen los tutores sobre cómo están en clase, si participan, están contentos, integrados y se relacionan bien con el resto de compañeros: “Para empezar, las familias deberían tomar conciencia de cómo están los hijos en la escuela, y si hay algo que preocupa a la familia, es el momento para comentarlo”. Los padres en estas reuniones pueden interesarse por el desarrollo global, por el progreso y el proceso, los logros que hacen los hijos y si mejoran. “Saber cuáles son sus puntos fuertes, las dificultades que pueden tener, el nivel que tienen o si están contentos en la escuela”, propone la maestra. Por lo tanto, es la ocasión perfecta para saber más de los hijos, aparte de los informes. El uso de la tecnología
Una de las preguntas recurrentes que surgen últimamente por parte de las familias es el uso que se hace de la tecnología en el centro, para qué, con qué aplicaciones o plataformas y con qué supervisión. “Es una cuestión que cada vez más ocupa a las familias. En estas reuniones se puede hablar de ello”, dice la profesora. Las reuniones con las familias también son una oportunidad por parte del centro para preguntar –no para fiscalizar, dicen–, sobre los usos de tecnologías y pantallas. “A veces nos encontramos niños de primaria que se duermen en clase o les cuesta seguir el ritmo”, dice la maestra, y comenta que suelen aprovechar para compartir con las familias buenos usos de los dispositivos digitales. Vínculo de confianza
Las docentes insisten en la importancia de tejer un vínculo de confianza entre la familia y el centro, “unos y otros queremos lo mejor para los hijos y los alumnos, hay que encontrar puntos de confluencia, focalizarnos más en la posible solución que en el problema”, propone Jiménez. Estos espacios son perfectos para que haya complicidad entre el centro y la familia, que las familias pregunten qué pueden hacer en casa para que los hijos mejoren en lo que les haga falta, y que no siempre son carencias relacionadas con temas académicos, también pueden ser personales o de habilidades sociales. “Cuanto más fluida sea la comunicación, mejor. Vale la pena que nos marquemos objetivos comunes, porque cuando la familia y el centro van a una, los niños lo perciben rápidamente y les anima a mejorar. Es esto lo que todos queremos, que niños y jóvenes alcancen lo mejor de sí mismos”, explica Sabaté. Las dos docentes recuerdan la importancia de preguntar por la persona en todas sus dimensiones, “quizás tienen buenos resultados académicos, pero deben mejorar aspectos personales”, dice Jiménez. “En una sociedad tan individualista hay que formar ciudadanos empáticos, capaces de tejer complicidades, y que trabajen por el bien común. Todos juntos debemos preocuparnos por lo que hace cada alumno y por cómo es”, concluye.