Cómo salvó la vida el gerente de Can Jorba después de ser condenado a muerte en 1938
El nieto del empresario entrega a la asociación Memoria e Historia de Manresa una carta y un dibujo inéditos de su cautiverio
Barcelona"Creo que hoy o mañana se nos llevarán a Montjuïc. [...] No tengo más que agradecer a Dios nuestro Señor que me da motivo y ocasión para sufrir [...] ¡No perdáis la esperanza. ¡Arriba los corazones!".Son las palabras que escribió Domènec Ribas Prat el 11 de noviembre de 1938, dos meses y medio antes de que las tropas franquistas ocuparan Barcelona. Ribas (1888-1955), gerente de los Almacenes Jorba —Can Jorba, en el Portal de l'Àngel de Barcelona—, la dirigió a su esposa, Neus Jorba, justo después de conocer la sentencia que lo condenaba a muerte. Aunque no se ha conservado su expediente en la prisión Modelo, el texto indica que cuando escribió la carta su traslado al castillo de Montjuïc era inminente. Junto con el texto, Oriol Font, el nieto del empresario, ha entregado a la asociación Memoria e Historia de Manresa un dibujo inédito de autor desconocido que retrata al empresario durante su cautiverio en Montjuïc.
Según el testimonio de la familia, los motivos de la detención están relacionados con su religiosidad y con el hecho de haber facilitado la celebración de misas clandestinas en su casa, en la calle de Santa Anna, durante la Guerra Civil. De hecho, existe una fotografía de un altar instalado en su domicilio. La carta, por otra parte, también deja muy claras sus convicciones religiosas. Hay otro testimonio de su religiosidad y su condena. En mayo de 1955, en la necrológica que se publicó en la revista Jorba, se detalla su detención: “El sectarismo no le perdonó su hombría de bien y le persiguió sañudamente durante el dominio rojo, siendo detenido y llevado a Montjuich, donde los llamados tribunales de… justicia le condenaron a muerte, de cuya pena pudo librarse por designio de la Divina Providencia”.
La evacuación a la Garrotxa
La carta que el empresario envió a su mujer acaba explicando que algunos amigos trabajan para conseguir una revisión de la sentencia, pero que él ya está resignado con su destino. En enero de 1939, ante la caída inminente de Barcelona, Ribas formó parte de una evacuación forzosa de presos hacia la frontera francesa. Durante la retirada, el grupo hizo parada en el santuario de Santa Maria del Collell (Garrotxa), donde una cincuentena de reclusos fueron ejecutados el 30 de enero. Ribas, en un giro que la misma Revista Jorba calificaría años después (en mayo de 1955) como un "designio de la Divina Providencia", consiguió salvar la vida y esquivar la ejecución.
El cautiverio había dejado una huella física. Oriol Font recuerda que su abuelo volvió muy demacrado: "Mi madre se lo encontró por la calle cuando estaba llegando a casa y no lo reconoció". Poco después, Domènec Ribas reanudó la actividad empresarial al frente de los Almacenes Jorba de Barcelona. Todavía hoy se conserva un vestigio de estos almacenes que dominaron el Portal de l'Àngel durante buena parte del siglo pasado, hasta que fueron adquiridos por Galerías Preciados en 1962 y después por El Corte Inglés, en 1995. Los almacenes abrieron en 1926 y se convirtieron en uno de los negocios preferidos de la sociedad barcelonesa de la época, junto a los históricos Sepu y El Siglo. El edificio tenía una gran terraza donde se hacía de todo: desde programas de radio hasta conciertos y concursos. También había una zona con atracciones y un pequeño zoológico. Fueron el primer negocio de España que instaló escaleras mecánicas.
Durante la Guerra Civil, hubo violencia por parte de ambos bandos. Aun así, la represión de la dictadura fue mucho más feroz y sistemática. Se efectuó un castigo a todos los niveles, comenzando por la confiscación de propiedades a familias republicanas y continuando por la depuración, detención y castigo de todas aquellas personas sospechosas de ser contrarias a la dictadura. Se calcula que en Cataluña se ejecutaron 3.385 personas y, en todo el Estado, según Paul Preston, más de 50.000. Cientos de miles fueron enviadas a los campos de concentración y a las prisiones. Más de medio millón emprendieron el camino hacia el exilio. Por otra parte, el desaparecido historiador y monje de Montserrat Hilari Raguer siempre reivindicó la tarea que hizo Lluís Companys para ayudar a muchos curas a emprender el camino del exilio. “La Iglesia catalana todavía no ha reconocido ni agradecido todos los esfuerzos que hizo Companys durante la Guerra Civil”, recordaba en el diario ARA.