Aulas diversas, maestros diversos

Maryam El Hamidi: "Te ven muy integrada, pero al final te acaban preguntando si tu madre lleva el velo y si comes cerdo"

Esta maestra de Castellón de Ampurias, que es un espejo para muchos de sus alumnos, pide poder quitarse la etiqueta eterna de 'recién llegada'

28/04/2026

BarcelonaCuando tenía 6 años, la maestra Maryam El Hamidi (Tánger, 1994) vivió en primera persona el trago por el que han pasado más recientemente sus alumnos. Con la madre y la hermana vinieron a vivir a Castelló d’Empúries para reagruparse con el padre en el año 2000. "En las escuelas donde he trabajado me ven como un espejo. Sobre todo las mujeres, ven un modelo. Quizás no he pasado por las mismas circunstancias que ellas, pero conozco sus necesidades. Les doy confianza y motivación. Si el camino es largo, yo lo hago más corto", asegura El Hamidi.

La profesora acaba de reincorporarse a la bolsa de docentes después de una baja de maternidad. Antes trabajaba en el Aula de Lenguas del Casal dels Infants, en Salt, acompañando a jóvenes y adultos que se encontraban en situación de vulnerabilidad: enseñarles catalán es darles herramientas y oportunidades. Ella encontró en la Escola Ruiz Amado de Castelló un entorno catalanohablante y alentador que reconoce que fue clave para seguir estudiando. "Gracias a la escuela estoy donde estoy, los maestros son muy importantes", dice, no en vano es maestra. "Ser hijo de inmigrantes limita la mirada que se tiene sobre ti y tus capacidades, te cierran puertas. Pero yo sabía que tengo capacidades y tenía los objetivos claros: accedería a la universidad, no dudé de mí misma. Puedes tener padres que no saben mucho catalán, pero que confían en ti, te dan autoestima y te animan a avanzar", explica. El catalán no fue ningún problema, enseguida lo aprendió y, de hecho, se convirtió en la lengua entre hermanas, primos y de todo el entorno, mientras con los padres mantenían el árabe.

Cargando
No hay anuncios

Burbujas identitarias

Su camino fue muy solitario. El Hamidi fue la única inmigrante en bachillerato y en la universidad, donde estudió magisterio con especialidad de inglés. "Ahora esto está cambiando. He visto una diferencia en la generación de mis hermanas pequeñas, que hacen medicina y ingeniería. Ahora para los profesores ya eres apto por igual; antes costaba mucho, tenías que demostrarlo y valoraban más tu contexto que tus competencias. Tu origen no define tus capacidades", afirma.

Cargando
No hay anuncios

También está cambiando la socialización de los hijos de la inmigración en las aulas. Ahora se encuentran más diversidad entre los compañeros pero ella también ve menos mezcla. "Los niños de origen migratorio hacen un círculo pequeño y los que no lo son hacen el suyo. Se hacen amigos de uno u otro dependiendo de dónde son. Y esto está pasando desde muy pequeños en la escuela, desde primaria, antes pasaba en el instituto. Cada vez va a más, y detrás de esto están los padres. ¿A quién invitan a los aniversarios? ¿A quién invitan a jugar a casa?", plantea. Ahora que es madre siente "una frustración tremenda" ante estas actitudes. "Después de veinte años, veo que la cosa va a peor y no quiero que mis hijos pasen por esto, quiero que sean amigos de todos. Es una angustia, la verdad. Merecen estar incluidos", defiende. El Hamidi critica las generalizaciones que se hacen en base a las etnias, sea para escoger los amigos de los hijos o para señalar la delincuencia.

Cargando
No hay anuncios

La etiqueta de inmigrante

El hecho de vivir entre dos culturas añade complejidad a la vida cotidiana de los hijos de inmigrantes. No solo por el trance del cambio, sino porque la integración es un proceso muy largo. "Tienes que reencontrar el ‘yo’. La realidad es que no soy catalana al 100%. Tengo origen marroquí y he crecido en la cultura catalana: esta confusión de identidades cuesta años de asimilar", reflexiona El Hamidi. De hecho, su formación también le ha hecho cambiar la relación con las lenguas, que evoluciona a lo largo de los años. Ella lo categoriza así: "El catalán es mi lengua de aquí, pienso en catalán y me sale cuando expreso afecto. La formalidad, la encuentro en el inglés. La espontaneidad, en el árabe", afirma. La familia, su cultura de origen y el padre como figura de referencia, le han servido como raíz pero no han limitado sus expectativas: "Hemos vivido en un ambiente muy cálido, nos han protegido y nos han dejado vivir, viajar, estudiar. No vengo de una cultura conservadora. La religión existe pero no me limita, los límites son mis convicciones".

Cargando
No hay anuncios

La participación en la catalanidad, para ella, no tiene que ver con su origen o su religión. Tiene que ver con la lengua –"si no tienes el idioma, tienes una barrera, te cierra las puertas"– y con la participación en la cultura local, las actividades y fiestas populares –"son una forma de inclusión", defiende–. Pero va mucho más allá: "El respeto, la puntualidad, la responsabilidad, ser trabajador, honesto, con esto me siento muy catalana, son valores que he aprendido aquí. Creo que en Marruecos me costaría vivir allí", admite.

Y a pesar de eso, El Hamidi continúa siendo leída como inmigrante, veinticinco años después. Es una batalla que da por perdida. "Me pusieron la etiqueta cuando llegué y aún la llevo. La he aceptado y ya no me afecta porque veo que no lo puedo cambiar. Veremos cuántas generaciones costará", lamenta. A pesar de que no se ha sentido excluida o marginada por su origen, no ha podido dejar de ser inmigrante o recién llegada por el hecho de no ser blanca y no haber nacido aquí.

Cargando
No hay anuncios

"He demostrado con todo lo que puedo que soy válida. ¡Si pienso en catalá! –exclama–. Pero que igualmente jerarquicen o separen, molesta. Crucemos los dedos para que cambie", desea. Por ahora, tiene comprobado que los prejuicios acaban saliendo tarde o temprano: "Te ven muy integrada, pero al final te acaban preguntando si tu madre lleva el velo, dónde han nacido tus padres, si comes cerdo... ¿Pero por qué tengo que explicar todo esto?", se pregunta.