Pantallas

El primer móvil llega a los 11 años y el 78% de los niños ya tienen uno antes de empezar el instituto

Un informe de Unicef alerta que el 10% de los jóvenes tienen un problemático o adictivo a plataformas digitales

12/06/2026

Barcelona¿Cuál es el impacto de los entornos digitales en niños y adolescentes? Todo el mundo tiene una idea aproximada de los efectos que puede tener la exposición temprana o intensiva a los dispositivos electrónicos, pero hasta ahora no existía ningún estudio con un alcance tan importante y representativo como el que acaba de publicar Unicef España, en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela, el Consejo General de Ingeniería en Informática y la entidad Red.es, y que este viernes se ha presentado en el Palau Macaya de Barcelona.Del informe, que lleva por título Infancia, adolescencia y bienestar digital. Una aproximación desde la salud, la convivencia y la responsabilidad social se desprende que la presencia de los dispositivos móviles es importante. El primer móvil llega de media a los 11,02 años, esto quiere decir que entre 5º y 6º de primaria casi el 40% de los niños tienen un teléfono inteligente. Una cifra que en tres meses se duplica y sube hasta el 78,3% el verano antes de empezar la ESO, como si fuera una especie de ritual de tránsito hacia la secundaria.

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En segundo de la ESO el 92% de los jóvenes ya tiene móvil. Antes de los 14 años, más del 86% de los jóvenes están registrados al menos en una red social y casi el 60% lo están en tres o más. Para Nacho Guadix, responsable de Educación y Derechos digitales de Unicef España, y uno de los autores del estudio, lo que evidencian los datos es la precocidad y la ubicuidad del acceso, que la tecnología ya no es una herramienta sino un entorno vital donde construyen su identidad. Además, si la exposición a riesgos es tan temprana el daño puede ser importante, sobre todo si el acompañamiento por parte de los adultos es limitado. “Alrededor del 10% de niños y jóvenes tienen un uso problemático o adictivo a plataformas digitales –teléfonos, redes sociales o videojuegos–. Esto son miles de personas y supone un problema de salud pública”, asegura Antonio Rial Boubeta, director científico del estudio, profesor e investigador de la Universidad de Santiago de Compostela.

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Hay muy pocas diferencias entre las respuestas de los casi 11.500 niños y jóvenes catalanes y los del resto de encuestados. “Esto nos constata que estamos ante un problema global, no se escapa nadie. Hay pequeñas diferencias de un punto o punto y medio por encima o por debajo entre Cataluña y el resto de comunidades autónomas”, comenta el director del informe. El objetivo del informe es comprender la vida de niños y jóvenes en entornos digitales –cómo viven, aprenden y se relacionan en ellos–, aportar evidencias para proteger su bienestar digital, y acompañarlos con responsabilidad a un mundo conectado. Se ha analizado diferentes ámbitos de su vida digital: salud; convivencia familiar, escolar y ciberconvivencia; relación con la tecnología; acceso a la pornografía y educación sexual; videojuegos y apuestas, y el papel de la familia. Comprender el impacto que tiene en ellos la tecnología es clave para poder acompañarlos con conciencia, responsabilidad y una mirada crítica, teniendo en cuenta sus derechos. También ayudará a orientar políticas públicas que garanticen un uso seguro, equilibrado y consciente de la tecnología.

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Y a partir de ahora, ¿qué?

Los profesores coinciden en la importancia de aprovechar toda esta información para dar respuestas adecuadas y dar respuestas a la sociedad que está realmente preocupada por el uso que los menores hacen de la tecnología.El profesor de la Universidad de Santiago de Compostela propone actuaciones para los diferentes agentes implicados. A las familias les pediría higiene digital, que en casa se establezcan unas normas y límites claros para favorecer un uso equilibrado y saludable de los dispositivos electrónicos. A nivel escolar, anima a los centros educativos a impulsar una alfabetización digital, que se eduque en el uso de la tecnología y las competencias digitales. En cuanto a la administración haría falta protección digital, que se desarrollen leyes y estrategias que protejan a los menores: “Las instituciones deben ser garantes y proteger a los menores en entornos digitales”, apunta. Y a la industria le reclama ética digital, que sean conscientes de que el negocio no lo justifica todo, “que sean responsables para alinearse con estos valores”.

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En la misma línea, el responsable de Educación y Derechos digitales de Unicef España, apela a una corresponsabilidad comunitaria donde todo el mundo ha de hacer más y mejor: “Hasta ahora hay una asimetría notable entre lo que pueden conseguir las familias o los mismos chicos en contraste con lo que puede hacer la industria tecnológica y los marcos regulatorios”. Afirma que necesitamos productos que sean seguros para la infancia desde su diseño y, si fuera necesaria, hubiera una capacidad sancionadora que pueda disuadir a la industria de utilizar a los niños y jóvenes, y sus datos, como un producto. Guadix señala que incluso si contáramos con este marco, “deberíamos desarrollar las capacidades de chicos y chicas tanto para autoprotegerse de las violencias digitales como para sacar todo el partido posible a estos servicios para que sean agentes de cambio y no simples consumidores”.Una radiografía precisa

Las cifras evidencian la magnitud del estudio, que se ha llevado a cabo a lo largo de dos años, desde el diseño de los cuestionarios, que han sido supervisados por referentes internacionales de diferentes ámbitos profesionales; la participación de casi 100.000 niños y jóvenes; la recogida de datos durante el curso 2024-25; el procesamiento de la información; el análisis de los datos, y la elaboración de un informe estatal, 17 autonómicos, y 446 informes personalizados por los centros educativos que han participado. “Ha sido un trabajo colectivo y riguroso, que no habría sido posible sin el apoyo y el impulso de Unicef”, asegura Antonio Rial Boubeta, director científico del estudio. Para Nacho Guadix, responsable de Educación y Derechos digitales de Unicef España, el informe es una de las aproximaciones más amplias realizadas hasta ahora en este tema y la oportunidad de contar con la opinión de casi 11.500 niños y niñas en Cataluña, que se suman hasta alcanzar casi los 100.000 a nivel estatal ofreciéndonos una radiografía precisa de un tema de una gran relevancia social: “Su valor es que nos permite pasar de la intuición o el alarmismo a la evidencia científica. Tenemos un diagnóstico riguroso que sitúa el bienestar digital como cuestión de salud pública, y pone a disposición de las instituciones información válida para diseñar políticas preventivas eficaces, alejadas tanto de la banalización como del miedo irracional”. Rial añade que la información que se desprende del informe es necesaria para tener una visión poliédrica y constructiva del problema que supone el acceso a las pantallas temprano, frecuente, intensivo y a menudo sin supervisión: “Es imprescindible analizar los datos, ser conscientes de cuáles son los problemas y a partir de aquí empezar a actuar”.

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